Descubre Cómo la Tanatología Transforma el Duelo y Facilita la Aceptación de la Muertepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Dentro de los contextos en los que se implican los profesionales de la psicología se encuentra el hecho de apoyar a las personas en sus procesos de duelo. Y existe una disciplina que estudia justamente a la muerte y su proceso. La Tanatología es una disciplina científica que se encarga de encontrar el sentido al proceso de la muerte, sus ritos y significado concebido como disciplina profesional, que integra a la persona como un ser biológico, psicológico, social y espiritual para vivir en plenitud y buscar su transcendencia. Si bien no es una disciplina tan reciente, ha ido obteniendo mayor reconocimiento por los beneficios que ha brindado a las personas que han sufrido una pérdida o son enfermos terminales a tener un proceso mucho más llevadero y sobre el cual sienten que tienen control. No es un área de estudio de la psicología como tal, pero sí confluyen en varios puntos. La tanatología se nutre del apoyo de otras disciplinas como la psicología, la biología, la sociología y la espiritualidad.

El Duelo: Una Respuesta Humana a la Pérdida

El ser humano necesita de los vínculos para crecer y desarrollarse. Cuando algunos de esos vínculos se rompen, surge un periodo de gran intensidad emocional al que llamamos duelo. La elaboración de las pérdidas es posiblemente un tema central en la existencia humana. Efectivamente, desde el propio nacimiento, como la primera dolorosa separación, la vida de cada uno de nosotros, de nosotras, es un continuo de pérdidas y separaciones, hasta la última y probablemente más temida, que es la de la propia muerte y la de nuestros seres queridos. Todas las pequeñas o grandes separaciones que vamos viviendo, no solamente nos recuerdan la provisionalidad de todo vínculo, sino que nos van preparando para el gran y definitivo adiós.

Definiciones de Duelo

  • Duelo, del latín dolus (dolor) es la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo.
  • Duelo es un término que, en nuestra cultura, suele referirse al conjunto de procesos psicológicos y psicosociales que siguen a la pérdida de una persona con la que el sujeto en duelo, el deudo estaba psicosocialmente vinculado.
  • El experto e investigador J. Bowlby define el duelo como “todos aquellos procesos psicológicos, conscientes e inconscientes, que la pérdida de una persona amada pone en marcha, cualquiera que sea el resultado”.
  • En efecto, el duelo es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras, con ocasión de la pérdida de algo o de alguien con valor significativo.

La Intensidad y el Alcance del Duelo

Por lo tanto podemos afirmar que el duelo es un proceso normal, una experiencia humana por la que pasa toda persona que sufre la pérdida de un ser querido. Así es que no se trata de ningún suceso patológico. Incluso hay quien sostiene que el duelo por la pérdida de un ser querido es un indicador de amor hacia la persona fallecida. No hay amor sin duelo por la pérdida. La pérdida es psicológicamente traumática en la misma medida que una herida o quemadura, por lo cual siempre es dolorosa. Cuando perdemos a alguien importante, un trabajo, una relación, etc, sentimos de manera profunda tristeza, rabia, impotencia, miedo y nos duele y es totalmente normal. Si la pérdida es radical y definitiva, como en el caso de la muerte, todas las dimensiones de la persona se ven afectadas (dimensión física, emocional, cognitiva, conductual, social y espiritual) de tal manera que la persona se puede llegar a sentir incapaz de superarlo y/o desarrollar un duelo patológico que requerirá la intervención profesional para su recuperación. Cada pérdida acarreará un duelo, y la intensidad del duelo no dependerá de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva invertida en la pérdida. Considerar la muerte de una persona querida como un tipo de pérdida, más que verla como algo único y totalmente diferente, nos va a permitir integrarla en un modelo más amplio de las reacciones humanas. Podemos, pues, considerar que el duelo es producido por cualquier tipo de pérdida, y no sólo es aplicable a la muerte de una persona. Por lo tanto el proceso de duelo se realiza siempre que tiene lugar una pérdida significativa, siempre que se pierde algo que tiene valor, real o simbólico, consciente o no para quien lo pierde. El médico paliativista Gómez Sancho corrobora esta idea y señala: «la pérdida no está forzosamente ligada a la muerte que, sin embargo, constituye el paradigma del duelo. La muerte imprime al duelo un carácter particular en razón de su radicalidad, de su irreversibilidad, de su universalidad y de su implacabilidad. Una separación no mortal deja siempre abierta la esperanza del reencuentro».

Tipos de Pérdidas que Generan Duelo

Pangrazzi enumera una gran cantidad de tipos de pérdidas que se pueden condensar en cinco bloques principales, las cuales pueden ocasionar un proceso de duelo significativo para el individuo:

Categoría de PérdidaDescripción
Pérdida de la vidaSe refiere a la pérdida total, ya sea de otra persona o de la propia vida en casos de enfermedades terminales en los que la persona se enfrenta a su final.
Pérdidas de aspectos de sí mismoEstán relacionadas con la salud, incluyendo pérdidas físicas (partes del cuerpo, capacidades sensoriales, cognitivas, motoras) o psicológicas (autoestima, valores, ideales, ilusiones).
Pérdidas de objetos externosSon pérdidas materiales que no tienen que ver directamente con la persona, como la pérdida del trabajo, la situación económica, pertenencias u otros objetos significativos.
Pérdidas emocionalesComprenden rupturas de relaciones importantes, ya sean con la pareja o amistades.
Pérdidas ligadas con el desarrolloSe refieren a pérdidas relacionadas con el ciclo vital normal, como el paso por las distintas etapas de la vida: infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, entre otras.

Modelos Teóricos para la Comprensión del Duelo

Han sido muchos los pensadores que han intentado explicar el fenómeno del duelo, aportando diversas perspectivas para su comprensión.

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El Modelo Psicoanalítico

Ya los trabajos de Freud en su obra “Duelo y melancolía “(1917) define los objetivos de la elaboración del duelo en: 1. La retirada de la libido invertida en el objeto. 2. Su sana reinversión en otro objeto. En definitiva Freud creó un modelo de duelo muy directamente inspirado por la depresión, la melancolía, y en el cual las relaciones con los demás, con los “objetos”, son el elemento fundamental de la pérdida que se experimenta con el duelo, es decir, cuando se pierde afectivamente algo o a alguien significativo, se pierde una parte del yo, del mundo interno, de la estructura personal. Dentro de los modelos psicoanalíticos, Melaine Klein insistió en que cada duelo reaviva la ambivalencia residual, nunca completamente elaborada, con respecto a nuestro objeto primigenio. El duelo, para Melaine Klein, supone alteraciones más profundas de nuestra relación con nuestros recuerdos, con nuestras representaciones mentales conscientes e inconscientes que nos vinculan con la madre, el padre, la familia originales.

La Teoría del Vínculo de Bowlby

Otro modelo es el de la teoría del vínculo de Bowlby. Esta teoría describe el desarrollo psicoemocional sano en el ser humano. La persona desarrolla de forma instintiva vínculos (apegos). El mantenimiento de un vínculo se experimenta como fuente de seguridad y dicha. La meta de la conducta de apego es mantener un vínculo afectivo. Cuando tales vínculos se ven amenazados o rotos, se suscitan intensas reacciones emocionales.

La Teoría de Constructos Personales de Parkes

Parkes ha sido otro estudioso del tema con su teoría de constructos personales, sugiriendo que la experiencia de duelo da lugar a grandes cambios en el espacio vital del individuo. La persona establece vínculos afectivos con los elementos de su espacio vital y los vivencia como propios. En el duelo, el individuo debe renunciar a los constructos acerca del mundo que incluía al fallecido y a él mismo en relación al fallecido, y por lo tanto, ha de desarrollar un nuevo esquema de constructor acerca del mundo acorde a sus nuevas circunstancias vitales.

Las Etapas del Duelo de Elizabeth Kübler-Ross

La psiquiatra suiza, Elizabeth Kübler-Ross, ha sido una de las que más ha estudiado el proceso de la muerte, el duelo y todo lo relacionado con cuidados paliativos para pacientes terminales. Tradicionalmente se ha entendido el duelo como un proceso que sigue unas fases, que van desde el inicio a la resolución del mismo. Estas etapas se describen a continuación:

  1. Negación: La negación es solamente una defensa temporal para el individuo. Defensa temporal de quien tuvo una pérdida o está a punto de perder la vida debido a alguna condición de salud. El individuo no acepta lo que está pasando, cree que es un sueño, una idea vaga; cualquier cosa menos su realidad.
  2. Ira o Enojo: El sujeto se siente impotente y enojado por la situación por la que está pasando. Normalmente, cualquier cosa que represente energía, lucidez y vida son totalmente repelidos por éste. El enfermo se rebela contra la realidad, frecuentemente se pregunta ¿Por qué yo? Todo le molesta, todo le incomoda, nada le parece bien.
  3. Negociación: Se refleja la esperanza de que se puede alargar un poco más el tiempo y posponer la muerte. El individuo piensa en hacer compromisos de mejora para disfrutar si tuviera más tiempo. “Dios, déjame vivir al menos para ver a mis hijos graduarse”, “haré cualquier cosa por un par de años más”.
  4. Depresión: Durante la cuarta etapa, la persona que está viviendo un duelo o muriendo, empieza a tener consciencia y a comprender lo que está ocurriendo. Debido a esto, el individuo puede volverse silencioso, rechazar visitas y pasar mucho tiempo llorando y lamentándose. Empieza el proceso de comprensión de que la muerte es inminente, por lo que se puede aislar, rechazar visitas de seres queridos y llorar frecuentemente. No es recomendable intentar alegrar a una persona que está en esta etapa.
  5. Aceptación: Comprensión total de que llegará la muerte y no hay nada qué hacer para evitarlo. El individuo ya no se lamenta, más bien se prepara para morir. “Sé que moriré, no hay nada que pueda hacer”.

Es importante destacar que estas etapas no necesariamente suceden en el orden descrito arriba, ni todas estas son experimentadas por todas las personas. Cada persona vive su proceso de duelo de forma diferente, pueden cambiar de un paso a otro sin un orden específico; vivir el mismo paso varias veces; y vivir su duelo en diversas duraciones. El proceso de duelo es altamente personal y no debe ser acelerado, ni alargado, por motivos de opinión de un individuo.

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Las Cuatro Tareas Fundamentales del Duelo según Worden

Para el completo restablecimiento de una pérdida, el deudo atravesará una serie de etapas o fases y deberá realizar cuatro tareas fundamentales, según el modelo de Worden:

  1. Aceptar la realidad de la pérdida. Cuando alguien muere, incluso si la muerte es esperada, siempre hay cierta sensación de que no es verdad. La primera tarea del duelo es afrontar plenamente la realidad de que la persona está muerta, que se ha marchado y no volverá. Parte de la aceptación de la realidad es asumir que el reencuentro es imposible, al menos en esta vida. La conducta de búsqueda se relaciona directamente con el cumplimiento de esta tarea. El principal obstáculo para la aceptación es negar la realidad.
  2. Expresar las emociones y el dolor.
  3. Adaptarse a un medio en el que el ser querido está ausente.
  4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo. A lo largo del proceso la persona es conocedora de que no ha de “renunciar” a la persona querida fallecida sino que ha encontrarle un lugar apropiado en su vida. Con respecto a las tareas del duelo del modelo de Worden, estos procesos se dan en la primera y cuarta tarea.

La Tanatología: Un Enfoque Integral

Una definición más concreta es considerar la tanatología como “el estudio de la vida que incluye a la muerte”. Trabaja directamente con pacientes terminales y con sus familiares o con cualquier persona que haya sufrido una pérdida. La tanatología no se basa en creencias religiosas, costumbres o ritos, sino con la relación que cada uno tenemos con la muerte y nuestra concepción acerca de ella.

Principio de Autonomía en Tanatología

Uno de los puntos más importantes dentro la tanatología es el principio de Autonomía el cual le permite al individuo tomar sus propias decisiones relacionadas con el proceso de morir o de su propia vida. Otro de los aspectos importantes dentro de la tanatología es aprender los diferentes medios por los cuales el paciente puede tener ese principio de autonomía.

La Función del Tanatólogo

Su función principal es procurar que el paciente o cualquier ser humano que sufra una pérdida sea tratado con respeto, cariño, compasión y que conserve su dignidad. La meta última del tanatólogo es orientar al enfermo o doliente hacia la aceptación de su realidad, aceptación que se traduce en esperanza sobre la situación real. En casos de enfermedades terminales, los tanatólogos apoyan a los pacientes para que se preparen para el final, aprovechando el tiempo restante para vivir de la mejor manera, despedirse de sus seres queridos y resolver asuntos pendientes, como el testamento. El psicólogo, junto con el tanatólogo, ayudan a que las personas en duelo aprendan que las pérdidas, además de ser inevitables, son fundamentales para el desarrollo emocional de un ser humano. Gutiérrez Martínez aclaró que la tanatología no sólo ayuda a lidiar con el sufrimiento ocasionado por la muerte.

Diferencia entre Aceptación y Resignación

Uno de los grandes debates que surgen en la terapia de duelo es la diferencia entre aceptación y resignación. A menudo hablamos del duelo como un proceso en el que la voluntad y la decisión son fundamentales. En un momento de este proceso, el doliente va a encontrarse ante la disyuntiva de aceptar lo ocurrido o resignarse a ello. La aceptación significa ver y asimilar las cosas tal y como son en el presente. Más concretamente, la aceptación en el duelo tiene que ver con reconocer la realidad tal cual es ahora. La aceptación no implica que nos tenga que gustar esta realidad o que estemos satisfechos con ella. Tampoco significa que contemplemos pasivamente lo sucedido y nos resignemos a ello, sino que es un proceso activo, de adaptación, que consiste en encontrar un nuevo lugar en esta nueva realidad en el que sentirnos bien tras el fallecimiento de un ser querido. Por el contrario, la resignación en el duelo tiene más que ver con aguantar, con una sensación de indefensión frente a lo que ha ocurrido. Es evidente lo costoso que es este proceso y que, por supuesto, requiere del trabajo y de la intención del doliente.

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El Duelo Patológico y la Necesidad de Intervención

Si la pérdida es radical y definitiva, como en el caso de la muerte, todas las dimensiones de la persona se ven afectadas (dimensión física, emocional, cognitiva, conductual, social y espiritual) de tal manera que la persona se puede llegar a sentir incapaz de superarlo y/o desarrollar un duelo patológico que requerirá la intervención profesional para su recuperación. Cuando el duelo por el fallecimiento de un ser querido se convierte en patológico, la tanatología resulta especialmente necesaria. Gutiérrez Martínez describe el duelo patológico como “una situación lamentable en la que las personas, al negarse a aceptar el fallecimiento, viven en un duelo constante. En estas circunstancias, los tanatólogos ayudan al individuo a reorganizar su vida y ofrecen su apoyo. No existe una respuesta disponible a la pregunta ¿en qué momento se ha terminado un duelo?, por lo que debe considerarse que es imprescindible haber completado las diferentes etapas hasta llegar al restablecimiento emocional. No obstante, hay estudios en los que se asienta que después de cumplir 12 meses se piensa que el duelo es patológico. El sufrimiento causado por la pérdida constituye, en muchos casos, una experiencia penetrante hasta el núcleo de nuestro ser, como muy pocas otras cosas pueden hacerlo. Si no aprendemos a asimilar los sufrimientos de las pérdidas pueden degenerar en enfermedades mentales e incluso físicas que irán desmoronando nuestro equilibrio vital.

El Contexto Social y Cultural de la Muerte y el Duelo

La forma en que comprendemos el proceso de duelo está relacionada con la forma en que manejamos la muerte en el medio cultural en el que nos movemos y ha ido evolucionando según las distintas épocas por las que ha atravesado la humanidad. A lo largo de los siglos, el proceso de “buena” o “mala muerte” ha variado. En la Edad Media, “la buena muerte” era la que ocurría de forma lenta y anunciada y se hacía de forma asistida. Por el contrario, la inadecuada era la que llegaba de forma repentina. En los siglos XIV al XVIII, el dolor y la agonía con sufrimiento adquieren un notable valor religioso y se consideraba una muerte adecuada.

En la actualidad cada vez más el duelo, como la muerte, tienden a ser “echados” del mundo público y tienen que refugiarse más y más en lo privado. En efecto, la actitud social ante la pérdida afectiva ha seguido y está siguiendo en nuestro entorno social un camino paralelo a la actitud social ante la muerte. La muerte ha dejado de considerarse una parte de la vida, su final, convirtiéndose en algo molesto de lo que ya no se habla ni tan siquiera con quien la está vivenciando cercana. La actitud social ante los duelos, en nuestro medio, es de presión hacia su ocultación y aislamiento. La alteración del morir humano es, quizás, una de las novedades más llamativas de finales del siglo pasado y como consecuencia de ella, es preciso abordar qué significa morir dignamente en una sociedad tecnológica. En épocas anteriores era habitual que la muerte fuera mucho más pública de lo que es ahora. La gente solía morir en sus casas, entre la familia, amigos y vecinos, el enfermo se preparaba consciente y lúcidamente. Hoy, sin embargo, ha cambiado la forma de morir, se prefiere en general una muerte rápida, instantánea, sin darse cuenta uno que se muere. La muerte que se desea es la que no turba, la que no pone en compromiso a los supervivientes. En la mayoría de las culturas la expresión de dolor individual tiene un sitio en el marco del ritual del duelo público, sin embargo en nuestro medio social actual aparece relativamente controlada y poco expresiva. Apenas se viven ya aquellas explosiones y gestos apasionados de dolor, rabia y desesperación propio de hace algunas décadas. Por hondo que sea el dolor de los deudos no está bien visto manifestarlo de una manera pública y en la práctica no se hace. Cada día más, los familiares prefieren realizar los funerales y/o entierro en la más estricta intimidad. Es cierto que la cultura actual ignora, oculta o evade la muerte. Se la considera y se la trata como un tabú. Además muchas veces, tal vez demasiadas, la soledad, el miedo, el abandono y la impotencia componen el último acto de la vida. Todo esto está sucediendo a pesar de un movimiento que vuelve a interesarse por la muerte y el duelo. Es común rechazar la muerte, como algo que no nos va a suceder. A los afectados por el virus del duelo se les mantiene a raya y con las mejores intenciones se les inunda de mensajes del tipo “venga, que tampoco es para tanto”, “¡anímate!”, “eso ya pasó hace mucho tiempo”, “mírale el lado bueno”, y así poco a poco se va invirtiendo una gran cantidad de energía para negarlo. Esta sociedad de la felicidad no nos deja estar tristes. La pena no tiene glamour y se considera descortés mostrarse débil. Como si la tristeza fuese algo contagioso, como si el dolor ajeno pudiese despertar el propio.

La Vulnerabilidad Humana

Como señala F. Torralba, en todo ser humano convive el abismo de la fragilidad y vulnerabilidad. Afirmar que el ser humano es vulnerable significa decir que es frágil, que es finito, que está sujeto a la enfermedad y al dolor, al envejecimiento y a la muerte. La tesis de que el ser humano es vulnerable, constituye una evidencia fáctica, no precisamente de carácter intelectual, sino existencial. La enfermedad constituye una de las manifestaciones más plásticas de la vulnerabilidad humana. El ser humano es vulnerable y ello afecta a todas y cada una de las dimensiones o facetas. La vulnerabilidad está arraigada a su ser, a su hacer y a su decir. Decir que es vulnerable, significa afirmar que no es eterno, que no es omnipotente, que puede acabar en cualquier momento. Significa afirmar que lo que hace puede ser indebido, que lo que dice con sus palabras o sus silencios pueden ser equívocos. Es el sufrimiento el que nos revela y nos pone en contacto con nuestra vulnerabilidad.

Estrategias de Apoyo y Afrontamiento del Duelo

Nadie nos puede quitar el sufrimiento, pero la lucidez y capacidad de mirarlo cara a cara es ya el inicio de un camino para superarlo. Poder expresar, decir el propio sufrimiento es un paso hacia su superación. Sabida es la función terapéutica de la palabra, de la articulación de lo que a uno le pasa ante alguien que escucha. La terapia puede ser un componente esencial del proceso de duelo. A menudo, las personas que están experimentando el duelo pueden sentirse solas, aisladas y con un profundo sentimiento de pérdida. Además, la terapia puede proporcionar un espacio para que las personas exploren su relación con la persona fallecida o el objeto perdido. Pueden hablar sobre sus sentimientos de arrepentimiento o culpa, o de la relación conflictiva que tenían con la persona o cosa perdida. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una forma de terapia que se enfoca en los pensamientos y comportamientos de una persona. En los últimos años se están llevando a cabo numerosas investigaciones y programas cuyo elemento común es mindfulness. Las aplicaciones de mindfulness o “conciencia plena”, como se sabe, son muy numerosas; se emplea tanto en personas con problemas psicológicos como en sujetos sanos que quieren gozar de una mejor salud mental. También se recomienda disponer de espacio y tiempo para llorar, pensar y recordar, darle sentido a lo ocurrido, permitirse trascender la pérdida abriendo espacios de reflexión, encontrando un por qué y para qué de ésta; asimismo es importante comer bien y descansar. El duelo es un proceso normal, largo, a veces muy largo, pero pasajero. La muerte es una parte inevitable de la vida, pero no por eso es fácil de aceptar.

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