La historia de las etiquetas y sellos en las botellas es un reflejo de la evolución de las bebidas que contienen, desde el vino hasta el tequila. A lo largo de los siglos, estos elementos han servido para identificar el origen, la calidad y la autenticidad de los productos.
Orígenes Antiguos del Etiquetado del Vino
Algunas evidencias arqueológicas demuestran que el primer vestigio de alguna etiqueta de vino se remonta al año 1352 a.C. A partir de esta información podríamos decir que fueron los egipcios los pioneros en etiquetar al vino: detallaban la región o cultivo de la viña, el año de la cosecha y el viticultor. El desarrollo de distintas variedades de cepa llevó a la producción de vinos regionales con características específicas y reconocibles.
¿Sabías que las primeras etiquetas europeas eran pequeños trozos de pergamino atados al cuello de la botella con un lazo? Posteriormente incluyeron soportes de peltre en la base que identificaban la región del vino.
La invención del horno de quema a base de carbón en el s. XVII provocó el siguiente gran cambio en el diseño de las botellas de vino, donde se permitió la creación de vidrio más grueso y resistente además de oscuro. En el s. XVIII surge la forma cilíndrica y de base llana en la circunferencia. En cuanto al color, las botellas de Burdeos son verde oscuro para los vinos tintos, verde claro para los vinos blancos secos, y transparentes para los vinos dulces.
A principios del s. XX despuntó el marketing vinícola con movimientos ambiciosos de las bodegas que buscaban a los mejores artistas de la época para diseñar las etiquetas de sus vinos. Las etiquetas siempre han ido de la mano con el diseño de la botella o recipiente del vino.
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Viñedos Azteca: Un Sello Mexicano en la Industria Vinícola
Este viñedo le ha dado la vuelta a la historia que suele asociar el vino con otras regiones del mundo. En Viñedos Azteca se tiene que disfrutar al más puro estilo mexicano. Todo el entorno está diseñado para eso.
Viñedos Azteca combina diferentes experiencias en un entorno único para disfrutar de momento especiales. Todos los productos se pueden disfrutar en los diferentes recorridos que existen, mismos que se adaptan a diferentes necesidades y grupos. Los hermosos jardines rodean el casco antiguo, los espacios son ideales para pasar largos ratos con la familia o amigos degustando las diferentes etiquetas de la casa Azteca.
La esencia de la marca tiene por objetivo destacar elementos mexicanos. Dijo el poeta Manuel Benitez Carrasco que ‘Vestirse de charro es vestirse de México’ y Viñedos Azteca cumple al pie de la letra con esa afirmación.
Viñedos Azteca inició como un rancho de retiro, un lugar para disfrutar del campo de Ezequiel Montes, un espacio en el que convivía la flora y fauna local. Pretexto es la joya de corona, se trata de un Vino Tinto granate de capa media-alta con ribetes rojos.
Dirección: Camino a Viñedos Azteca No.
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El Sello del Tequila: Tradición y Origen en Jalisco
El origen del tequila moderno se remonta a la época prehispánica, cuando los pobladores descubrieron que la planta del agave no sólo proveía ciertas fibras resistentes para elaborar tejidos, sino que también descubrieron su uso alimentario, medicinal y ritual, este último al producir el pulque con la fermentación del vino-mezcal del jugo del agrave; cualquier agave. El consumo de este néctar se limitaba a los sacerdotes y a la clase gobernante.
Sin embargo, las cosas cambiaron con la llegada de los conquistadores, y poco a poco se permitió que cualquier persona lo bebiera. La evolución del vino-mezcal al tequila ha sido tal, que recientemente el Consejo Regulador del Tequila estableció una ley donde dice que todo tequila debe ser de origen y exclusivamente de agave azul (Agave tequilana Weber) que se elabore en el estado de Jalisco y algunos municipios de Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas.
La historia del tequila en Los Altos de Jalisco, donde a decir de muchos se produce el de mayor calidad, se remonta a 1890, cuando un arriero muy observador, don Enrique Hernández, entendió que los mejores terrenos para el cultivo del agave eran los altos, arcillosos, pedregosos, resecos y de color rojizo, muy propios de esa región.
Él mismo trajo las primeras plantas, que se comenzaron a cultivar en la hacienda de San Agustín, en los potreros de El Olvido y El Tesorito, propiedades de don Pedro Camarena, quien instaló la primera taberna para la destilación del tequila en Acúmbaro, municipio de Jesús María, antiguamente llamado Barranca de Viudas.
Visitamos el rancho tequilero El Olvido, también conocido como rancho Buenavista, ubicado en el municipio de Jesús María, en Los Altos de Jalisco. Los modos de producción artesanal y moderno (o industrial) tienen marcadas diferencias entre sí, según nos explicó el señor Garibay antes de iniciar el recorrido. Todo empieza desde la siembra y cultivo de los agaves, luego el cocimiento, pasando por la molienda y la fermentación, hasta llegar a la destilación.
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Es un proceso que dura entre ocho y diez años, desde el momento cuando se siembra la planta hasta que se envasa el tequila. “El resultado es tan simple como probar una salsa de chile hecha en molcajete o en licuadora. Para esto, el método artesanal es más caro, pues el moderno sólo necesita de 6 a 8 horas de cocimiento a temperaturas muy altas, lo que se traduce en: “menos tiempo igual a menor costo”.
Una vez cocidas y reposadas, las piñas se pasan a la molienda en tahona (piedra circular) la cual es movida por un tractor para extraer el líquido sin presionar excesivamente las fibras del agave. Aquí la desventaja es que el molido no es completo y se pierden enormes cantidades de azúcar, mientras que el método moderno lo hace en tres de molienda (rodillos metálicos), el cual exprime casi todo el azúcar de las piñas.
Cuando todas las piñas ya quedaron molidas, son llevadas al siguiente paso: la fermentación. Aquí, el proceso artesanal se realiza utilizando las mieles, el jugo y hasta el gabazo, mientras que el sistema moderno lo desecha, pues en el tren de molienda se lava con agua y sólo el líquido resultante pasa por canales hasta las tinas donde se fermenta. En ambos casos, el proceso de fermentación dura entre tres y cuatro días.
Por el lado artesanal, donde se utilizan barricas de madera como en el proceso de la uva, una persona bate el gabazo para permitir que el sinaístle (bacteria de la levadura) cubra y acapare todo el producto de la barrica. Pasados los días de fermentación (observamos puntualmente para que no se pase o agrie), el mosto muerto, con todo y gabazo, es llevado al alambique.
Este tipo de destilado con alambique (técnica árabe) mantiene la tradición desde que inició la industria tequilera en el siloxviii. Es un proceso en el cual el producto se echa y el calor, producido por el serpentín, hace que el vapor suba y pase por una torre de enfriamiento, también con serpentín, para que vuelva al estado líquido y caída en botes o tinajas.
Durante el proceso se separan los alcoholes. Para una cantidad de 1 200 litros de fermento -la capacidad del alambique en esta fábrica-, resultan 115 litros de tequila ordinario (el corazón), 20 litros de alcoholes superiores (las colas) y 15 litros de metanol (las cabezas). Este último es un tipo de alcohol muy tóxico que se libera a 64° C y se utiliza en la industria.
Cuando la primera destilación ha regresado al estado líquido, y los alcoholes han sido separados, al igual que desechado el gabazo, el alambiquero cata el tequila ordinario. Por el sabor y el olor, sabe cuándo hay que separar los tres grupos (cabezas, corazón y colas). En esta primera destilación, el tequila ordinario tiene baja graduación, mucha agua y altos contenidos de otros alcoholes.
Así, se pasa a una segunda destilación, en un alambique menor (de 600 litros) y se repite el proceso, de donde sale con una graduación de más o menos 60°C, que es demasiado alta, pues la óptima para el reposo debe ser de 44 o 45. Es muy importante lograr la graduación adecuada porque si aúnes alta y se pasa el líquido a la barrica, ésta se desgasta prematuramente.
Una vez alcanzada la graduación óptima, el tequila se pone a reposar en los toneles durante los meses determinados para cada variedad. En este rancho se elaboran tres variedades: blanco, reposado y añejo, con un reposo desde tres meses hasta tres años, según el caso. Por norma, el reposado debe dejarse madurar un mínimo de dos meses, mientras que el añejo se reposa por lo menos un año. No es conveniente madurar el tequila más de tres años en la barrica, pues tomaría un excesivo sabor a madera y terminaría cobrando un color similar al refresco de cola. Las barricas de roble blanco, que es el obligatorio, tienen una vida de tres años.
Finalmente, pasado el tiempo predeterminado para cada variedad, se llega el envasado del producto, el cual se vierte en botellas previamente lavadas. Se sellan, se etiquetan, se meten en cajas y se transportan para su venta.
El rancho El Olivo cuenta con sus propios cultivos de agave, llamados mezcaleras (los mezcales son los agaves o magueyes), donde se empieza a cuidar que los cultivos sean orgánicos. Recorrer esos campos en fechas de corte es ver a los jimadores usando las coas para jimar las piñas, las cuales posteriormente serán cortadas con hachas para iniciar su proceso en el horno.
Jimar tiene su arte y es toda una profesión. Para agregar su sello artesanal característico, recientemente esta fábrica ha empezado a envasar la reserva especial de su variedad Oro Azul reposado en botellas igualmente artesanales que ordenan en exclusiva a un taller de soplado de vidrio. Son alargadas, de color azulado, poseen corcho burdo sellado con cera, tienen una capacidad de 750 ml y, como nos dice el señor Garibay, “ninguna botella es igual”.
La visita al rancho El Olivo nos ha dado la oportunidad de observar algo de lo que todos hemos oído hablar pero pocos conocemos de verdad: el tequila.
Saliendo de Guadalajara, tome la carretera estatal núm. En este poblado tome el Camino Real a la hacienda de San Agustín.
