La psicología es una profesión apasionante que permite a los profesionales cambiar la vida de sus pacientes. Ahora, como ocurre con cualquier otra actividad económica cuando se ejerce como persona física, existen unas obligaciones en cuanto a la facturación.
Muchos estudiantes de Psicología quieren comenzar a emprender en cuanto obtienen el título. En cualquier caso, si vas a ejercer como psicólogo, te aconsejamos solicitar información y asesoramiento en el Colegio Oficial de Psicólogos del que te hayas titulado.
Historia de la Psicología en España
Los artículos de historia suelen caer en excesos ceremoniales, y uno de ellos es el de señalar el inicio, buscar una fecha para convertirla en un mito del origen. Sin duda, toda historia tiene un comienzo, y en el caso de la historia de la psicología española muchas fechas presentan candidatura, y todas acumulan razones para avalar su elección (Blanco, 1997; Carpintero, 2004; Freixa, 2005; Saiz & Saiz, 1996).
Una opción es 1902 (Campos & Llavona, 1987; Campos, Bandrés & Carpintero, 2002; Carpintero, 2014; Quintana, 2004a), cuando Luis Simarro ocupa una cátedra de Psicología Experimental en la Sección de Naturales de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. No obstante, desde una perspectiva que peca de ceremonial y presentista, suele elegirse 1979, primero por la magia de coincidir con el centenario de la “fundación” de la psicología científica con Wundt (Vera, 2005), y segundo porque se publican, el RD 1652/1979 que crea las Facultades de Psicología independientes, y la Ley 43/1979 de creación del Colegio Oficial de Psicólogos (COP). Satisface los requisitos exigibles para una elección ceremonial.
La afirmación, repetida en la historiografía de la psicología, de que la psicología aplicada precede y tira de la académica, adquiere concreción legal. El nuevo título se desarrollaría rápidamente en los entornos propiciados 10 años antes por el RD 1652 y la Ley 43. Desde entonces, el boom, la big spanish psychology (Tortosa, Santolaya & Civera, 2015).
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En plena edad de plata de la cultura española, parecían darse las condiciones propicias, internas y externas, para dar el salto desde la psicotecnia científica, donde se hallaba instalada la psicología, hasta un título universitario. Durante los involutivos años del alto franquismo, la ilustre emigración y la brutal represión y depuración convirtieron en un yermo la ciencia española.
La ideologización, el inmovilismo y la centralización presidieron la reanudación de la actividad investigadora en torno al CSIC, de la psicotécnica, dependiente del Instituto Nacional de Psicología Aplicada y Psicotecnia, y de la poca formación que se ofertaba en bachillerato y universidades. Todo se subordinó a los intereses culturales del nuevo Estado, que perseguía la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias (Díaz-Pinés, 1964).
En aquella circunstancia, tan poco proclive al desarrollo de una psicología científica al uso, comienza, liderado por Germain y un puñado de colaboradores1, el lento y tortuoso camino de la disciplina (Figura 1). Entre 1946 y 1956, este grupo (Yela, Pinillos, Siguán, Secadas, Pertejo, García-Yagüe, Monasterio, Romano, Úbeda)2 participó decididamente en una serie de acontecimientos que fueron enderezando el camino de la psicología (Huertas, Padilla & Montes, 1997). En 1946, se concreta un ambicioso proyecto editorial, la Revista de Psicología General y Aplicada / RPGA que acogería en sus páginas a los pocos que hacían psicología y/o psicotecnia científica.
Dos años después, culmina el inconcluso proyecto de Barbado de crear en el CSIC, un Instituto de Psicología para la formación de futuros investigadores3. En los primeros 50 se constituía la SEP4, que inmediatamente se incorpora a la hoy International Union of Psychological Science (IUPsyS), visibilizando internacionalmente la psicología y psicotecnia que se hacía en España5.
Además, integrantes del grupo establecieron las primeras conexiones estables con instituciones públicas y empresas privadas, facilitando el surgimiento de empresas de servicios psicológicos. Cada nuevo logro favorecía su objetivo último, la creación de unos estudios psicológicos de rango universitario6. Un primer paso fue la creación, en 1953, de la Escuela de Psicología y Psicotecnia dentro de la Universidad de Madrid7.
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“La creciente importancia científica y social de la Psicología y la necesidad de procurar que los encargados de llevar a cabo los exámenes psicológicos puedan desempeñar su cometido con plena suficiencia técnica, aconsejan la creación de un Centro en el cual la enseñanza de esa disciplina y la formación de cuantos con diversos fines la cultivan sean debidamente atendidas.” (Ministerio de Educación Nacional, 1953, 3627).
Las aplicaciones seguían tirando de la teoría y la formación8. El proyecto no satisfacía los deseos expresados desde el grupo (Germain, 1953; Yela, 1953), pero la primera propuesta titularizadora, hasta cierto punto singularizante, para quienes aspiraban a convertirse en psicólogo en aquella España de los 50. El edificio universitario comienza a construirse por el tejado, pero, el “hecho es que pudimos, sin embargo, empezar” (Yela, 1982, 290).
El aterrizaje en la Universidad tuvo lugar con el II Plan de Desarrollo, iniciando su consolidación durante la reconversión industrial. Llega en medio de la lucha estudiantil que propició el cambio ministerial de un contestado Lora-Tamayo por Villar-Palasí y una transformación de la Universidad9. Durante el curso 1967-1968, un programa especial dentro de la Sección de Filosofía en la Universidad de Madrid, vigente durante el 68-69, dio paso (1969-1970) a un programa propio dependiente de la Sección ya autónoma de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras10 (Blanco, 1998; Blanco & Botella, 1995; Rosa & Travieso, 2001).
En mayo de 1979 culminaba la lenta e intermitente incorporación de la psicología en la estructura universitaria, al legislarse la creación de Facultades de Psicología independientes12 Inmediatamente comienza la transformación de Secciones en Facultades, y la petición de nuevas Facultades. Empezaba una etapa y se cerraba otra. Desaparecían, el viejo Instituto de Psicología transformado por RD 2689/1980 en Instituto de Orientación Educativa y Profesional, y, tras unos años de difícil convivencia, los estudios de las Escuelas de Psicología (Bandrés & Llavona, 2004), como había ocurrido con el Departamento del CSIC.
La década de los 70, efervescente en la sociedad, la economía, y la ciencia, acababa con grandes expectativas para la psicología. Las primeras promociones de licenciados en Filosofía y Letras, luego en Filosofía y Ciencias de la Educación, por las Secciones de Psicología fueron los auténticos protagonistas de la lucha por un Colegio y Título propios. Son alumnos, reivindicativos primero y profesores en precario después, constelados en torno a una vieja guardia de psicólogos y psicólogas hechos a si mismos14 (González, 2002; Martínez, 2007; Tortosa, Alonso & Civera, 1994). Desde un activismo político de izquierdas, y la búsqueda de un estatuto y una organización profesional, se vieron en muchos casos inmersos en los graves conflictos sociales que agitaron los últimos años del bajofranquismo (Duro, 2001; Hernández, 2001).
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El 8 de enero de 1980 se publica la Ley 43. Su Disposición Adicional Primera establece que la Coordinadora Estatal de Secciones Profesionales de Psicólogos en los Colegios Oficiales y de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias, debía actuar como Comisión Gestora del Colegio. Elaboró los Estatutos Provisionales (Hernández, 1982b), aprobados mediante una Orden de 24 de marzo de 1980. Reconocían la Gestora como Junta Provisional de Gobierno y establecían las condiciones para la colegiación, los órganos de gobierno, y el primer proceso electoral.
La Junta elegía una Comisión Permanente formada por: Carlos Camarero (Decano), Mercé Pérez (Vicedecana), Adolfo Hernández (Secretario), Vicent Bermejo (Tesorero), y César Gilolmo y Jordi Bajet (vocales). La Ley regulaba un aspecto esencial de la profesión, los títulos universitarios necesarios para poder ejercer legalmente17, además establecía la colegiación obligatoria.
El COP se convertía en articulador y valedor de un colectivo profesional creciente, con la ayuda de las secciones y departamentos de psicología, a pesar del manifiesto desajuste existente entre contenidos formativos y mercado laboral. Comienza la corta historia de la psicología disciplinar. El título recogía un acuerdo trascendental, resultado de la confluencia de intereses entre Universidad y COP. Preserva el título único en Psicología, relegando las especializaciones para la etapa de postgrado (Fernández, 1999).
En estos 10 años sucedieron muchas cosas. El Colegio se dotó (1981) de un órgano de expresión, Papeles del Colegio20, del que inicialmente se responsabilizó la Delegación de Madrid21. Cumplía un doble papel, definir una identidad profesional22 y vincular la Junta de Gobierno con los colegiados de toda España.
Sus editoriales permiten seguir la trayectoria del COP (Camarero, 1989; Civera & Alonso, 1995; Padilla, 2008; Vera & González, 2006), y muestran los grandes problemas: la masificación en los estudios universitarios, la formación y su falta de perspectiva profesionalizante, a pesar de intentos fallidos como prácticas obligatorias, practicum, postgrados, etc.23, la reforma sanitaria (sobre todo salud mental y relaciones con la psiquiatría) y la de los servicios sociales, así como la situación laboral de los psicólogos.
Los temas tratados en los multitudinarios congresos que organizaron la SEP (7º, Santiago 1982, 8º, Barcelona 1990) y el COP (I, Madrid 1984, II, Valencia 1989), marcan los grandes ámbitos y las diferencias en los intereses del mundo universitario y profesional. En los primeros, con más representantes de la psicología que se hace en las Facultades, la psicología experimental (humana y animal) destacó claramente, y la aproximación conductual a los procesos psicológicos, a la evaluación y la intervención son dominantes. Los Congresos del COP se centran en temas profesionales y aplicados.
Este diferencial espectro teórico coincide con el análisis de los artículos de revistas (Moya, 1990), de libros (Moya & Valiente, 1991) y de tesis doctorales (Pérez & Mestre, 1991) publicadas. No solo se incrementó el número de artículos, libros y tesis psicológicas, sino el número de revistas. La organización colegial inició una activa política de revistas (Padilla, 2008; Pérez, 2008,Tortosa, 2019), que complementó con la edición de diferentes tipos de materiales impresos de periodicidad variable26.
Todo como parte de un proyecto colectivo empujado por el afán profesionalizador de ese COP que buscaba imagen social e identidad profesional. Dentro de esa estrategia la comunicación era esencial. Comenzaba además una incipiente internacionalización, un papel que había venido asumiendo la SEP.
Se incorporó al comité ejecutivo de la IUPsyS en el Congreso de Sidney (1988), y a la actual European Federation of Psychologists’ Associations (Lausanne, 1986) (Poortinga, & Lunt, 2011). Además, organiza en Madrid, con la colaboración de la SIP, un primer Congreso Iberoamericano de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones (marzo 1988) y un I Congreso Iberoamericano de Psicología (julio 1992).
Papeles cerraba la década con un monográfico titulado Profesión y Colegio, Memoria de una década (Varios, 1989a). Comenzaba con una memoria personal del primer Decano27, quien señalaba como principales problemas el paro y el subempleo, así como la inexistencia en el ámbito sanitario. No obstante, continuaba, los 80 habían sido también años decisivos para la configuración, desarrollo y extensión de la profesión, para encontrar señas de identidad, para darla a conocer, para poner en común conceptos y delimitar contenidos, para abrir nuevos campos de investigación y de intervención.
El monográfico, publicado por un Papeles que iniciaba con el antiguo Decano Carlos Camarero una actividad editorial vinculada ya al COP, respondía a la iniciativa de la nueva Junta de Gobierno, presidida por Adolfo Hernández, secretario de la Junta anterior, que se mantendría hasta 1993. Mantiene una línea de continuidad desde la constitución del COP (Hernández, 1990)29 (Tabla 3). Una Junta que afronta, a pesar de mejoras objetivas, un problema de base no resuelto.
Quienes practicaban psicología seguían sin tener personalidad profesional plena en ámbitos sanitarios, educativos y de intervención social. Los perfiles profesionales no estaban definidos, se mantenían niveles inaceptables de paro y subempleo, la política de internacionalización no seguía una estrategia definida, continuaba la falta de representatividad en la toma de decisiones, seguía sin cerrarse la interminable historia de la aprobación de los Estatutos, y no mejoraba el difícil encaje de un Colegio estatal, que mantenía su núcleo duro en Madrid, con una España de autonomías31. Además, tuvo que afrontar problemas nuevos como los derivados de la propuesta primero y aprobación después de la Licenciatura en Psicopedagogía (MEC, 1993), pese a su activa oposición y la de la Conferencia de Decanos y Decanas de Psicología-CDPUE.
No obstante, no todo fueron malas noticias. La larga lucha por la definición de la psicología como profesión sanitaria conoció una gran victoria. Teniendo como objetivo el pleno reconocimiento, diseñan un proyecto de formación postgraduado de especialistas en Psicología Clínica a través de un sistema PIR32, que ya contaba con antecedentes en varias autonomías. El sistema PIR pretende definir, en el futuro Decreto-Ley de Especialidades en Ciencias de la Salud, un perfil propio en la red asistencial de salud mental del Sistema Nacional de Salud (Varios, 1990).
Comenzaba una nueva década, la de los 90, y lo hacía con la legalización de un título universitario oficial de Licenciado en Psicología34, incorporándose en el catálogo de títulos universitarios oficiales de España. Era un título capacitante para un público creciente, que se matriculaba ya en una Licenciatura.
Esta primera etapa se cierra en 1993, Se celebran elecciones en el COP, por primera vez con dos candidaturas (Tabla 4). Se proclama la liderada por Francisco Santolaya.
Obligaciones Fiscales del Psicólogo Autónomo
Todos los profesionales autónomos tienen una serie de obligaciones en cuanto a la expedición de facturas.
A continuación, se listan los requisitos mínimos que debe contener una factura:
- Alta en Servicio de Administración Tributaria (SAT) como persona física.
- Número y fecha de expedición de la factura.
- Datos del receptor de la factura: nombre y apellidos o razón social, dirección o domicilio fiscal y DNI o NIF.
Si no tienes muy claro cómo qué clave utilizar en tu factura, te recomendamos acudir al portal del SAT para encontrar la clave que más se adapte al servicio que estás solicitando. Ya que, emitir una clave errónea podría suponer un gran dolor de cabeza.
Lo presentado anteriormente es tan solo un ejemplo, en este enlace encontrarás una guía detallada del SAT sobre como rellenar las facturas en la nueva versión del CFDI. De igual forma, si tras leerla sigues teniendo algunas dudas, te recomendamos acudir a un asesor para asegurarte de facturar de forma adecuada.
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