Descubre el Verdadero Significado de las Remesas en Contabilidad y Cómo Impactan tus Finanzaspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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¿Sabías que las remesas son una de las principales formas de fortalecer los lazos familiares y económicos entre países? Seguramente te has preguntado qué es una remesa. Las remesas son envíos de dinero que una persona, generalmente en el extranjero, realiza a otra en su país de origen.

Estas transacciones son fundamentales para muchas familias, ya que representan un ingreso clave para cubrir gastos básicos, educación o inversiones. Ya sea para envíos de dinero simples o transacciones más elaboradas, conocer qué es una remesa bancaria y cómo funciona es importante para aprovechar las opciones disponibles en México.

Tipos de Remesas

Existen distintos tipos de remesas según la modalidad de envío y recepción:

  • Remesas simples: Son envíos de dinero directos y rápidos. En este tipo de transacción, el remitente deposita los fondos en una institución financiera, y el destinatario los recibe directamente en su cuenta bancaria o en una sucursal autorizada.
  • Remesas documentarias: Son un poco más complejas. En este caso, el envío de dinero está vinculado a la entrega de documentos comerciales, como facturas o contratos, necesarios para realizar una operación.

Cómo Recibir una Remesa

Para cobrar una remesa, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • Código de transferencia: El remitente debe proporcionarte un código o número de referencia que recibirás al enviar la remesa.
  • Cuenta bancaria: Para cobrar una remesa deberás tener una cuenta activa en una institución bancaria confiable. El monto máximo que puedes recibir en una remesa bancaria varía según el banco y el tipo de cuenta que poseas.

Remesas y Desarrollo en México: Una Visión Crítica

Las remesas que envían al país los migrantes mexicanos habrían ascendido en 2005 a poco más de 20 mil millones de dólares, según cifras del Banco de México. Este monto representa un incremento de más de 100 por ciento respecto al valor de esta variable hace tan sólo cinco años atrás. De hecho, se estima que en América Latina las remesas habrían ascendido a casi 52 mil millones de dólares en 2005, cifra que es más de cinco veces superior a la de hace tan sólo 10 años (Cepal, 2006).

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Estos volúmenes alcanzados por las remesas en años recientes han despertado un gran interés político y social por sus potenciales beneficios como fuente de financiación del desarrollo local y regional. En este contexto, no resulta extraño que diferentes organismos internacionales de ayuda al desarrollo (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros), hayan dedicado una especial atención a las remesas como instrumento que podría contribuir a la reducción de la pobreza y al desarrollo de los países de origen de la migración internacional.

Frente a este discurso institucional sobre la migración y las remesas, en los últimos años ha surgido una perspectiva crítica que replantea los términos en los cuales se ha formulado la relación remesas-desarrollo. En particular, se señala que estos enfoques adolecen de diversas deficiencias conceptuales y metodológicas, a la vez que se sustentan en hipótesis y modelos de análisis que no han sido debidamente contrastados, especialmente en lo que se refiere a los beneficios e impactos de las remesas en la promoción del desarrollo y reducción de la pobreza y desigualdad social (Cepal, 2006; Cortina et al. 2004; Binford, 2002; Canales y Montiel, 2004).

Considerando lo anterior, el objetivo de este trabajo es presentar información estadística que permita documentar una visión crítica en torno al tema de las remesas. Para ello, tomaremos como referencia el caso mexicano, que es desde 2002 el principal país perceptor de remesas a nivel mundial. En particular, nos interesa discutir y analizar desde una dimensión macroeconómica el papel y significado de las remesas en la dinámica del crecimiento y desarrollo económico reciente en México.

En general, esta es una dimensión que ha estado ausente en la reflexión y análisis del impacto de las remesas, a pesar de que es fundamental para evaluar sus impactos económicos. En este sentido, nos interesa analizar el volumen y comportamiento económico de las remesas en función del volumen y comportamiento de otras variables macroeconómicas básicas. Al respecto, nuestra hipótesis subyacente es que, en términos macroeconómicos, las remesas constituyen fundamentalmente un fondo de transferencias familiares, que por lo mismo, tienen un escaso o nulo impacto en la capacidad de crecimiento y desarrollo económico.

Por un lado, su volumen no es ni remotamente suficiente para impulsar un proceso de crecimiento económico autosostenido, a la vez que, por otro lado, son recursos que se dirigen a hogares en condiciones de vulnerabilidad, marginación y pobreza, por lo que son usados fundamentalmente para financiar el consumo de esos hogares, siendo marginal e insignificante el volumen y proporción de las remesas destinadas a inversiones productivas.

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Ahora bien, si las remesas son transferencias familiares del exterior, entonces es de esperar que su comportamiento macroeconómico se asemeje más al de una variable anticíclica, esto es, que responde fundamentalmente a las crisis y ciclos recesivos de la economía mexicana. En este sentido, podemos adelantar una hipótesis de trabajo más específica: en México, las remesas no han seguido una tendencia lineal y creciente.

Antes bien, en momentos de estabilidad y crecimiento económico, las remesas se han mantenido relativamente estables, mientras que se incrementan significativamente en los periodos de crisis económica. En este trabajo presentamos información estadística macroeconómica que permite corroborar estas hipótesis, a la vez que nos ayuda a dimensionar y dilucidar el significado económico de las remesas.

El Discurso de los Organismos Oficiales

A partir de la segunda mitad de la década de 1990, desde diversos organismos internacionales de ayuda al desarrollo se ha puesto una mayor atención a los flujos de remesas, enfatizando sus posibles impactos en el desarrollo de los países de origen de la emigración. Un buen ejemplo de estas expectativas lo constituye el Plan de Acción suscrito por el G8 en la cumbre de Sea Island en 2004: Applying the power of entrepreneurship to the eradication of poverty, en el cual se dedica un apartado específico a las remesas enfatizando su efecto en el bienestar de las familias y en la creación de pequeños negocios que impulsarían el desarrollo de las comunidades de origen de la migración.

Cabe señalar que este interés por el papel de las remesas en los niveles de bienestar de las familias y como factor de desarrollo local surge en un contexto caracterizado por el fracaso de las políticas de ajuste estructural y de liberalización de los intercambios comerciales a la hora de mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población en los países en desarrollo.

En este marco, y ante el gran volumen que han adquirido las remesas, se plantea que ellas, junto con otros capitales sociales (redes sociales y familiares, trabajo familiar y comunitario, organizaciones de migrantes, entre otros), son recursos con los que cuentan los pobres y que, bien empleados, les permitirían superar sus condiciones de vulnerabilidad social y precariedad económica, aun cuando las condiciones del entorno estructural en el que viven no les sean nada favorables.

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De esta manera, entre las líneas estratégicas para el desarrollo, tanto de gobiernos nacionales como de organismos internacionales, figura en lugar destacado la necesidad de orientar las remesas hacia la creación de pequeñas y medianas empresas, así como hacia otro tipo de gastos que fomenten la formación de capital productivo y humano (Ratha, 2003). En el caso de México, esta tesis forma parte ya de los programas oficiales del gobierno, en el que el autoempleo y la formación de negocios familiares (changarros) financiados con remesas se ofrecen como alternativas al desempleo y la pobreza.

La formulación de este tipo de directrices se inserta en los nuevos enfoques para el desarrollo surgidos en la década de 1990. Desde estos enfoques se cuestiona la capacidad del Estado para protagonizar un proceso de desarrollo económico y social, y ante lo cual plantean como alternativa la liberalización de los intercambios comerciales y la flexibilización de las regulaciones económicas.

De acuerdo con este enfoque del desarrollo, la liberalización de las relaciones económicas también beneficiaría a los sectores más pobres de la población, al permitirles el desarrollo de sus propias capacidades, que hasta ahora se mantenían constreñidas por el control estatal de la economía y la persistencia de redes clientelares que, a cambio de garantizar la supervivencia de estas capas sociales, perpetuaban, sin embargo, su situación de pobreza y vulnerabilidad social.

En este contexto, las nuevas políticas de desarrollo impulsadas en la reciente década se orientan a que los pobres obtengan provecho de este nuevo entorno económico, utilizando para ello los diversos recursos que disponen. A diferencia del carácter asistencialista que estaba impregnado en las anteriores políticas de combate a la pobreza, este nuevo enfoque traslada el eje de atención a la promoción de una correcta gestión de los activos y recursos de los pobres para que ellos mismos enfrenten y superen su situación de pobreza y vulnerabilidad.

Medidas como el empowerment, el autoempleo y el aprovechamiento del capital social de los pobres constituirían mecanismos privilegiados para resolver su situación de vulnerabilidad. Según este enfoque, los pobres pueden ser los protagonistas del proceso de desarrollo porque cuentan con los recursos necesarios para tal fin, entre ellos las remesas. En todo caso, tan solo necesitan aprender a usarlos y gestionarlos correctamente.

En este sentido, se señalan cuatro ejes o niveles desde los cuales las remesas pudieran favorecer el bienestar de las familias que las perciben, así como promover el desarrollo de sus comunidades. Estudios de diversos académicos han documentado distintos ejemplos en los que las remesas han contribuido al financiamiento de inversiones productivas (especialmente en ámbitos rurales), promoviendo así el desarrollo local a través de industrias dinámicas e insertas en circuitos económicos regionales.

Con base en estos hallazgos se han impulsado políticas de fomento y apoyo a la inversión productiva de los migrantes. Tal es el caso de los programas 2x1 y 3x1, en donde por cada dólar que aporta el migrante para un proyecto productivo, el Estado, por medio de diversas instancias locales, estatales y federales, aporta otros dos o tres dólares.

Es ampliamente aceptado que las remesas contribuyen a mejorar las condiciones de vida y bienestar de la población perceptora, y de ese modo, a reducir la incidencia de la pobreza (Jones, 1998). Por un lado, el volumen de las remesas supera ampliamente el nivel de ingresos que se pudiera generar con cualquier otra actividad económica o productiva local o regional. Por otro lado, su eficacia en la reducción de la pobreza es mayor que en el caso de otro tipo de transferencias, pues fluyen directamente hacia quienes más las necesitan sin pasar por filtros caciquiles o burocráticos (Durand et al., 1996).

Considerando el volumen alcanzado por las remesas, desde diversos organismos oficiales se destaca también la contribución de las remesas a la estabilidad macroeconómica de los países de origen de la migración. En particular, se constata que, frente a otras fuentes tradicionales de divisas, las remesas muestran un mayor dinamismo y estabilidad, lo que las convierte en un ingreso más fiable y que permite solventar situaciones de crisis. De hecho, las series históricas muestran que en épocas de crisis económica, cuando suele darse una huida de los capitales extranjeros y del ahorro nacional, las remesas, en cambio, se incrementan (Ratha, 2003; Canales y Montiel, 2004). Tal fue el caso de México en 1995, Indonesia en 1997, Ecuador a partir de 1999 o Argentina después de 2001.

Otro efecto beneficioso de las remesas es que, en el caso de que se canalicen por vías formales, pueden contribuir al desarrollo y fortalecimiento del sector financiero del país receptor. Asimismo, en la medida que más familias perciban remesas por medio de instituciones bancarias, podrán convertirse en clientes de estas instituciones, accediendo a diversos planes de crédito y financiamiento tanto para fines de consumo (vivienda, salud, educación, transporte, etc.), como para inversión productiva.

Migración y Remesas: Una Visión Crítica

En este artículo, desde una perspectiva crítica, queremos aportar algunos elementos conceptuales y empíricos, que permitan un mejor entendimiento de los alcances y limitaciones de las remesas como promotoras de procesos de desarrollo en las sociedades de origen de la migración. Por un lado, desde la macroeconomía, proponemos un modelo de análisis de la relación Remesas-Desarrollo que permite entender y evaluar los distintos impactos de las remesas familiares en función del carácter y modalidad que ellas asuman, así como de su significado y comportamiento específico como categoría económica.

El supuesto que está detrás de este modelo analítico, es muy simple. El impacto de las remesas depende directamente de cómo ellas se incorporan a la estructura económica de cada sociedad, esto es, de cuál es el carácter y lógica que define su comportamiento macroeconómico. Por otro lado, con base en un modelo econométrico, estimamos los determinantes del comportamiento macroeconómico de las remesas.

Los resultados del modelo indican que la dinámica y comportamiento macroeconómico de las remesas no se corresponde con el de un fondo de ahorro o inversión, sino más bien al de un ingreso salarial, que bajo la forma de transferencia familiar externa, contribuye a compensar los efectos negativos que las crisis recurrentes y los ciclos recesivos de la economía mexicana provocan sobre las economías familiares.

Actualmente, en América Latina las remesas sobrepasan los 60 mil millones de dólares anuales. Este flujo representa uno de los principales rubros de transferencias corrientes en la Balanza de Pagos, superando en muchos casos el ingreso derivado de los principales rubros de exportación y la inversión extranjera directa, a la vez que son muy superiores a los recursos derivados de la cooperación internacional para el desarrollo.

Estos volúmenes que han alcanzado las remesas, hacen que ellas se vuelvan no sólo visibles a los ojos de la sociedad, sino que las convierten en un importante tema de debate social, político y académico, en función de sus aparentes potencialidades como posible fuente de financiamiento del desarrollo local y regional. En este contexto, diversos organismos internacionales (FMI, BID-FOMIN, UNCTAD, Banco Mundial, entre otros) junto con gobiernos nacionales y locales, enfocan su atención en las remesas como instrumento preferencial que podría contribuir a la reducción de la pobreza y a promover el desarrollo de los países de origen de la migración internacional (Terry, 2006; Ratha, 2003; Banco Mundial, 2004; Acosta et al., 2006; Alleyne, Kirton y Figueroa, 2008).

En contraposición a este discurso predominante, varios organismos de la sociedad civil y no pocos académicos cuestionan estos nuevos enfoques, aduciendo que en esencia las remesas son transferencias privadas entre particulares, que por lo mismo, no pueden sustituir la responsabilidad del Estado y la acción del mercado en la promoción del desarrollo económico y el bienestar de la población (García-Zamora, 2005; Cortina et al., 2004; Canales, 2007b; Martínez, 2003; Lozano, 2005; de Haas, 2007; CEPAL; 2006).

Ante esta ausencia de teorías, lo más común es que se adopte directamente la definición contable de remesas que se usa para medir este tipo de transferencias a través de la Balanza de Pagos. En el mejor de los casos, se señalan los sesgos de esta definición contable, pero sólo en términos de aquellas transferencias que no quedan debidamente registradas como remesas familiares (Carling, 2007; Reinke y Patterson, 2005).

Considerando este vacío teórico presente en el debate sobre la relación Remesas-Desarrollo, en este artículo nos interesa aportar algunos elementos conceptuales que permitan un mejor entendimiento de los alcances y limitaciones de las remesas como promotoras de procesos de desarrollo en las sociedades de origen de la migración.

Para ello, presentamos una aproximación en dos fases. Por un lado, desde la macroeconomía, proponemos un modelo de análisis de la relación Remesas-Desarrollo que permite entender y evaluar los distintos impactos de las remesas familiares en función del carácter y modalidad que ellas asuman, así como de su significado y comportamiento específico como categoría económica. El supuesto que está detrás de este modelo analítico es muy simple. El impacto de las remesas depende directamente de cómo ellas se incorporan a la estructura económica de cada sociedad, esto es, de cuál es el carácter y lógica que define su comportamiento macroeconómico. Por otro lado, presentamos un modelo econométrico a través del cual estimamos los determinantes macroeconómicos de las remesas.

Remesas y Desarrollo: Un Paradigma en Busca de Teoría

Resulta interesante comprobar, que aunque no parece haber un consenso en torno al significado y magnitud de los efectos sociales e impactos económicos de las remesas, a nivel mundial, tiende a predominar una posición celebratoria en torno a sus posibles efectos en las economías perceptoras del Tercer Mundo. Al respecto, en la literatura que sustenta esta tendencia oficialista, podemos identificar dos tipos de discursos y análisis.

  1. Por un lado, encontramos el discurso y textos de organismos internacionales, que suelen centrar su argumentación en propuestas que, desde su perspectiva, permitirían un mejor aprovechamiento de las potencialidades de las remesas. Se trata en general, de textos sin mayor sustentación teórica ni empírica, que buscan más bien, imponer una visión en relación al debate en torno a las remesas.
  2. Por otro lado, cada vez son más frecuentes artículos académicos que, con base en modelos econométricos, buscan dar sustento empírico a estos modelos de acción política derivados del discurso predominante en los organismos internacionales y no pocos gobiernos nacionales.

En particular, este discurso enaltece el papel de las remesas desde al menos dos ámbitos o dimensiones, a saber:

  • Por su papel como promotoras del desarrollo económico, tanto directamente a través del financiamiento de proyectos productivos e infraestructura social, como indirectamente a través de los efectos multiplicadores del gasto que ellas financian;
  • Por su papel en la reducción de los niveles de pobreza y desigualdad social que desde siempre han caracterizado a las sociedades en vías de desarrollo.

Lo interesante es que da la impresión que desde los organismos internacionales se estuviera impulsando un nuevo paradigma del desarrollo para ser instrumentado en nuestras sociedades, y en el cual la migración y las remesas asumirían un rol preponderante, en sustitución del rol que en anteriores esquemas y paradigmas del desarrollo habrían jugado tanto el Estado como el propio Mercado. En este nuevo paradigma, las remesas conformarían una especie de capital económico, el cual junto a otros capitales sociales (redes familiares, trabajo familiar y comunitario, organizaciones de migrantes, entre otros), constituirían recursos privilegiados para las comunidades que, si fueran bien gestionados, podrían contribuir a superar las condiciones de vulnerabilidad social y precariedad económica, aun cuando las condiciones del entorno estructural en el que viven no les sean favorables.

En efecto, este enfoque sobre el impacto de las remesas y el papel de los migrantes en el desarrollo, es coherente con los principios que sustentan las nuevas políticas de desarrollo y combate a la pobreza impulsadas en la última década. A diferencia del carácter asistencialista que estaba impregnado en las anteriores políticas de combate a la pobreza, este nuevo enfoque traslada el eje de atención a la promoción de una correcta gestión de los activos y recursos de los pobres, para que ellos mismos enfrenten y superen su situación de pobreza y vulnerabilidad (Moser, 1998; Banco Mundial, 2004).

Según este enfoque, los pobres pueden ser los protagonistas del proceso de desarrollo porque cuentan con los recursos necesarios para tal fin, entre ellos las remesas. En todo caso, tan sólo necesitan aprender a usarlos y gestionarlos correctamente. Medidas como el empowerment, el autoempleo y el aprovechamiento del capital social de los pobres constituirían mecanismos privilegiados para resolver su situación de vulnerabilidad.

De esta manera, entre las líneas estratégicas para el desarrollo, tanto de gobiernos nacionales como de organismos internacionales, figura en lugar destacado la necesidad de orientar las remesas hacia la creación de pequeñas y medianas empresas, así como hacia otro tipo de gastos que fomenten la formación de capital productivo y humano (Ratha, 2003). En el caso de México y Centroamérica, por ejemplo, esta tesis forma parte ya de los programas oficiales del gobierno, en los que el autoempleo y la promoción de negocios familiares financiados con remesas se ofrecen como alternativas al desempleo y la pobreza.

Junto a estos textos de corte más bien político, en los últimos años han proliferado una serie de estudios econométricos que buscan dar sustento empírico a estas visiones celebratorias del papel de las remesas en el proceso de desarrollo. Por un lado, están aquellos estudios que a través de modelos de contabilidad social, buscan estimar el impacto de las remesas a través de los efectos multiplicadores que ellas generan (Adelman y Taylor, 1990; Taylor y Wyatt, 1996; Zárate-Hoyos, 2007; Hinojosa, 2003). El tipo de resultados que arrojan este tipo de estudios es la estimación del multiplicador de las remesas sobre el PIB, a través del cual se puede estimar y calcular el impacto efectivo de las remesas sobre la dinámica económica.

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