Al decir “tributo en Nueva España” lo primero que viene a la mente es el denominado tributo real que pagaban los habitantes de los pueblos de indios. Pero esta descripción sencilla no deja ver una realidad compleja, difícil de resumir en pocas páginas. Además, los mismos tributarios que sufrían esa carga enfrentaban otras más que no se llamaban “tributo” pero en esencia lo eran, y, por otra parte, los que formalmente no eran “tributarios” -incluidos los españoles- también tenían que tributar.
Es decir, casi todos pagaban impuestos de algún tipo. Los tributos o impuestos se acomodan a infinidad de formas. Pueden calcularse conforme al ingreso o gasto de una persona, imponerse a cada una como capitación a tasa fija, o cargarse sobre determinada actividad.
Se pueden cobrar cada vez que se hace una operación o sólo una vez al año y, según el caso, mediante pago en dinero, trabajo o especie (como ocurre con los pintores que pagan con un cuadro). Incluso, aunque parezca sorprendente, los hay voluntarios, que es el caso cuando el que los paga siente que está haciendo una ofrenda. En tiempos prehispánicos había sistemas de tributos o impuestos porque existían autoridades legítimas y organizaciones estatales y de gobierno.
El Tributo Real
En su forma final, en el siglo XVIII, montaba un peso y media fanega de maíz al año. Juan Pedro Viqueira Alban charló sobre su obra El arte de contar tributarios. De alguna manera, lo que aparece en El arte de contar tributarios.
La Encomienda y el Inicio del Cobro
Durante el siglo XVI fue a través de la encomienda que se iniciaba el cobro de este gravamen a los indígenas. Dicho sistema consistía en la asignación de extensas porciones de tierra y de indios a conquistadores y expedicionarios en recompensa de los servicios prestados a la Corona, todo ello con el fin de promover su asentamiento. Los nativos debían trabajar las tierras o prestar sus servicios a la Iglesia y al encomendero.
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Para las primeras décadas del siglo XVI, generalmente los tributos eran productos cultivados, manufacturados, muy pocos en metal o moneda, y fuerza de trabajo. Disponer de la mano de obra de una persona para obras públicas, trabajos agrícolas y mineros era fundamental para el desarrollo de la explotación colonial. En el caso del Perú, fue común el uso de grupos indígenas, como el de los curacas, para la recolección y entrega del tributo a los encomenderos a cambio de una porción de la contribución obligatoria, algunos productos españoles y determinados privilegios.
Durante la primera etapa de la vida colonial, la encomienda y otros sistemas de trabajo forzado, junto con enfermedades, epidemias y otros factores, diezmaron enormemente a la población indígena.
Cambios Administrativos y Repartimiento
Para el cobro de tributos y restar el poder de caciques y encomenderos sobre esta fuente de ingresos, se creó una contaduría especial, apoyada en los corregidores. También se instauró el repartimiento, sistema que obligaba a las comunidades indígenas a enviar un determinado número de trabajadores para que laboraran en haciendas, ranchos, minas y en obras públicas, y el naborío, trabajos obligatorios impuestos a los indígenas por tiempo limitado. Al trabajador de estos sistemas se le pagaba en moneda, y aunque el indio muchas veces prefería negociar con productos, la instauración del cobro del tributo en efectivo forzó la balanza por el trabajo asalariado.
Se simplificó entonces el cobro al imponer una contribución universal: un peso y media fanega de maíz al año por cada familia (lo equivalente a dos semanas de trabajo en el repartimiento), y para los solteros era la mitad de esta contribución. Por lo tanto, los pueblos de indios tenían que pagar lo correspondiente según el número de sus habitantes. Los censos que se realizaban para conocer el número de familias por comunidad eran inexactos y poco actualizados.
Cargas Adicionales al Tributo Real
Además del tributo real, existían otras cargas: real y medio anual para las cajas de comunidad de los pueblos, real y medio anual para sostener al Juzgado General de Indios y cuatro reales anuales para la guerra de España contra Inglaterra, los cuales se siguieron cobrando aún después de finalizado el conflicto bélico; cuatro reales anuales a todos los integrantes del imperio para financiar la Unión de Armas, grupo armado encargado de la defensa de la monarquía española.
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La fiscalidad colonial tuvo muchas expresiones. La más gravosa de las cargas impuestas a los indios se pagaba con trabajo, sin contar con que, además, producir y presentar un tributo en especie implicaba trabajo, y no menos el ganar lo necesario para pagarlo en dinero.
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