La reunión del té en Boston en diciembre de 1773 forzaría el desenlace final de la disputa de las Trece Colonias con la metrópolis. Gran Bretaña cambia de rumbo en las políticas coloniales, dejando a un lado el apaciguamiento para pasar a la coerción. Efectivamente, era la forma de actuar frente a un reto que suponía el sistema comercial imperial y constitucional. El camino hacia la Independencia no había hecho más que empezar, consolidándose de forma definitiva en la primavera de 1776.
Antecedentes del Conflicto: Políticas Británicas y Resistencia Colonial
Durante gran parte de la etapa inicial de la lucha contra Gran Bretaña, la mayoría de los colonizadores estadounidenses consideraban la independencia, si acaso, como un último recurso. La polémica entre los colonos y el parlamento británico se reducía en lo fundamental a la identidad de la colonia dentro del Imperio británico; los colonos creían que como súbditos del rey de Inglaterra y descendientes de ingleses gozaban de los mismos derechos constitucionales de quienes permanecían en Inglaterra. Se entendía por ellos que estos derechos, según se expresaban en la Carta Magna de 1215, la Ley de Habeas Corpus (Habeas Corpus Act) de 1679 y la Carta de Derechos (Bill of Rights) de 1689, entre otros documentos, incluían la capacidad de decidir sobre sus propios impuestos, contar con un gobierno representativo, y poder ser juzgados por un jurado.
Una década antes que empezara la guerra, los colonos tenían problemas con el Parlamento británico en relación con los impuestos y las regulaciones opresivas contra las colonias. El parlamento aceptaba que los colonos eran británicos y que estaban sujetos a las mismas leyes, pero entendía que no se diferenciaban del 90% de los ingleses que no poseían tierras, que por lo tanto no votaban; además, opinaba que al menos de manera virtual se encontraban representados en ese cuerpo. Con este pretexto el parlamento decidió gravar de manera directa a las colonias y aprobó la Ley del Timbre (Stamp Act) en 1765; los estadounidenses protestaron y alegaron que ese cuerpo carecía de autoridad para imponerles tributos, debido a que no estaban representados en él. El parlamento respondió con la aprobación de la Ley Declaratoria (Declaratory Act) en 1766, donde proclamaba tener la potestad de aprobar legislaciones vinculantes para todas las colonias británicas «en todos los casos que fueran».
Tras reafirmar su postura, el Parlamento continuó entre 1767 y 1768 con la aprobación de varias leyes conocidas como Leyes de Townshend (Townshend Acts), mediante las cuales imponía nuevos impuestos a los norteamericanos. Medidas británicas como la Ley del Timbre (Stamp Act) y la Ley Townshend (Townshend Act) impusieron impuestos estrictos a los colonos como una forma de que Gran Bretaña recuperara el dinero perdido durante la Guerra de los Siete Años (conocida en Estados Unidos como la Guerra Franco-India). Una de las principales quejas de los colonos contra el Parlamento y estos impuestos era que las colonias no tenían representación en el Parlamento. Como consecuencia de los impuestos, se produjeron disturbios en Boston, por lo que el gobierno envió regimientos militares para restaurar la paz del reino.
Con el tiempo, más colonos comenzaron a cuestionar la legalidad de la jurisdicción del Parlamento sobre las colonias, y algunos argumentaban que el Parlamento no tenía ninguna jurisdicción en las colonias ya que cada colonia tenía su propia legislatura. La Declaración de Independencia fue una reacción a años de injusticia cometidas por Gran Bretaña que sirvieron para unificar a las Trece Colonias bajo frustraciones mutuas.
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Aunque la discusión se centraba en los impuestos, los estadounidenses pensaban que sus derechos también se estaban violando de otras maneras. De conformidad con lo dispuesto en las llamadas Leyes Intolerables (Intolerable Acts) de 1774, Gran Bretaña anunció que a partir de ese momento los disidentes americanos serían juzgados por los tribunales del vicealmirantazgo o enviados a Inglaterra para celebrarles juicio, medida que les privaba de contar con un jurado compuesto por pares. Asimismo, establecía el alojamiento de soldados británicos en edificios de propiedad americana; además, como sanción por los hechos ocurridos durante el motín de Boston, suspendía el gobierno representativo de Massachusetts y nombraba en su lugar un gobernador militar. En adición a lo anterior estaba el asunto de las tierras; tanto la Proclamación Real (Royal Proclamation) de 1763 como el Acta de Quebec (Quebec Act) de 1774 restringían la expansión de los norteamericanos hacia el oeste, quienes entendían que les asistían derechos para colonizar esas tierras.
Hacia la Ruptura: El Segundo Congreso Continental y la Llamada a la Independencia
Antes del estallido de la guerra, uno de los órganos de gobierno más importante en las Trece Colonias era el Congreso Continental, que se había formado en respuesta a las injustas medidas de Gran Bretaña. El Congreso Continental consistía en una reunión de delegados de cada colonia para discutir las acciones que deberían tomarse en respuesta a Gran Bretaña antes, después, y durante la guerra. Al estallar la Guerra de Independencia de los Estados Unidos en 1775 todas las trece colonias se unieron con prontitud y enviaron representantes al Segundo Congreso Continental, un gobierno provisional en armas.
A esas alturas solo los revolucionarios más radicales como Samuel Adams habían esposado la idea de la independencia. La mayoría de los colonizadores continuaba creyendo que la disputa se restringía al parlamento, que contaban con el apoyo secreto del monarca Jorge III de Gran Bretaña (reinó 1760-1820), y que el rey se reconciliaría con ellos en cuanto se ofreciera la oportunidad. En mayo de 1775, en el Segundo Congreso Continental, algunos delegados creían que la independencia era la mejor opción, pero la mayoría todavía no pedía la independencia de manera firme. El arraigo de esas convicciones era tal que justo antes de la batalla de Bunker Hill, ocurrida el 17 de junio de 1775, los regimientos rebeldes norteamericanos empleaban la frase «al servicio de su majestad» cuando se reportaban a filas.
Sin embargo, en agosto de 1775 Jorge III disipó esas nociones con la emisión de la Proclamación de Rebelión (Proclamation of Rebellion), en la que afirmaba que las colonias se encontraban en estado de rebelión y ordenaba a los oficiales británicos que se propusieran «resistir y suprimir dicha rebelión». De hecho, Jorge III se mantendría como uno de los más grandes defensores del uso de la fuerza militar para someter a las colonias.
Hacia el verano de 1776 la independencia había dejado de ser una idea radical; el muy difundido panfleto Sentido Común escrito por Thomas Paine había logrado que el proyecto resultara más atractivo para el público general. El movimiento hacia la independencia fue impulsado por el soldado y autor Thomas Paine, quien publicó su panfleto “Sentido Común” (Common Sense) en enero de 1776, un mensaje poderoso que abogaba por la independencia de Gran Bretaña. “Sentido Común” fue ampliamente publicado y aceptado entre los colonos, encendiendo o avivando aún más el deseo de independencia de los colonos. Aunque algunos colonos aún tenían esperanzas de reconciliación con Gran Bretaña, las acciones punitivas del rey Jorge III y del Parlamento hacia las colonias convencieron a muchos colonos que no podría haber paz con la madre patria.
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Mientras tanto, el Congreso Continental había comprendido que la independencia era necesaria para procurar apoyo militar de las naciones europeas. En marzo de 1776 la convención revolucionaria de Carolina del Norte se convirtió en la primera en votar a favor de la independencia, y durante los siguientes 2 meses otras siete colonias siguieron su ejemplo. En 1776, las colonias comenzaron a autorizar a sus delegados a votar a favor de la independencia en documentos como las Resoluciones de Halifax (Halifax Resolution) en Carolina del Norte. Otras colonias, incluyendo Rhode Island y Carolina del Sur, denunciaron su lealtad a Gran Bretaña y declararon que el Parlamento británico y el rey no tenían jurisdicción en sus colonias. Finalmente, todas las colonias instruyeron a sus delegados ante el Congreso Continental para que votaran por la separación de Gran Bretaña. El 7 de junio del mismo año, Richard Henry Lee, de Virginia, presentó una resolución, conocida como “La Resolución de Lee,” (The Lee Resolution) que instaba al Congreso a declarar independencia. Su moción se debatió de manera tan encarnizada que el congreso decidió posponer tres semanas su discusión. En paralelo se designaba un comité para redactar el anteproyecto de declaración de independencia, en caso que la propuesta de Lee fuera aprobada. El Congreso pospuso la adopción de la Resolución de Lee por unas semanas y estableció el “Comité de los Cinco” (Committee of Five) para redactar un documento que anunciaría la independencia en caso de que se aprobara la Resolución de Lee.
La Redacción y Adopción de la Declaración de Independencia
El Comité de los Cinco estaba compuesto de John Adams, Thomas Jefferson, Benjamín Franklin, Robert R. Livingston y Roger Sherman. Los miembros del Comité consultaron sobre el esquema de la declaración y decidieron que Thomas Jefferson debía redactar el primer borrador. La autoría de la Declaración de Independencia se debió en lo fundamental a Jefferson, de 33 años, quien la escribió entre el 11 y el 28 de junio de 1776 en la segunda planta de la residencia que alquilaba en Filadelfia, hoy conocida como Casa de la Declaración. En la preparación de su contenido Jefferson hizo extenso uso de las ideas de la Ilustración expuestas por John Locke, y colocó en la persona del rey la responsabilidad fundamental por la independencia estadounidense, acusándolo de haber violado en reiteradas ocasiones el contrato social entre las trece colonias y Gran Bretaña. Para ello, Thomas Jefferson se basaría en autores clásicos como Aristóteles o Cicerón, cuyas ideas sobre la concepción política John Locke había reformulado en su Tratado sobre el gobierno civil (1690). El 11 de junio de 1776, Jefferson comenzó a redactar su versión de la Declaración de Independencia, basándose en documentos previos importantes, como la Declaración de Derecho de Virginia (Virginia Declaraion of Rights), así como en ideas de la Ilustración y de John Locke para expresar sus ideas.
El 28 de junio, después de hacer algunos cambios en grupo, el Comité de los Cinco presentó al Congreso la versión de la declaración redactada por Jefferson. Los demás integrantes del comité revisaron y corrigieron el borrador original de Jefferson y por fin la declaración se presentó ante el congreso el 1ro. de julio. El Congreso tomó el borrador e hizo algunos cambios significativos, reorganizando la estructura de las oraciones, acortando su extensión y, de manera importante, eliminando una cláusula que culpaba al rey Jorge III por la trata de esclavos en las colonias. Para entonces, todas las colonias excepto Nueva York habían autorizado a sus delegados a votar por la independencia.
Finalmente, el 2 de julio de 1776 se aprobaría por unanimidad la resolución de Richard Henry: “estas Colonias Unidas son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes”, siendo adoptada la Declaración de Independencia de una forma unánime el 4 de julio. El 4 de julio de 1776, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Declaración de Independencia. El 4 de julio de 1776, las Trece Colonias de Norteamérica reclamaron su independencia. Con la adopción de la Declaración por parte del Congreso, se sintió unidad en todas las colonias, y las Trece Colonias dieron un paso importante hacia la formación de los Estados Unidos de América. Después de varios días de deliberación, el Congreso finalmente votó para adoptar la resolución de independencia, y 56 hombres firmaron la Declaración. John Hancock, como presidente del Congreso Continental, fue el primero en fijar su rúbrica.
Contenido y Fundamentos Filosóficos de la Declaración
El objetivo principal de la Declaración no era otro que proporcionar una justificación moral y legal para comenzar la rebelión contra la madre patria, bajo una filosofía política fundamentada en la independencia de los colonos. Filosóficamente, la declaración hace énfasis en dos temas: derechos individuales y el derecho de revolución. La Declaración no solo estaba destinada a los estadounidenses y al rey, sino también al mundo en general. El documento tenía como propósito atraer a aliados extranjeros y anunciar al mundo que las colonias ahora eran un nuevo país.
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La Declaración se dividía estructuralmente en tres secciones. El preámbulo exponía los derechos del hombre y el derecho de los colonos a luchar por su causa. Las palabras del preámbulo tenían la intención de unir a los estadounidenses bajo la idea de que el futuro podría ser mejor si continuaban luchando. La segunda sección de la Declaración expuso las quejas contra el rey Jorge III para recordar la tiranía que el rey ejercía sobre los colonos y así justificar su lucha. La tercera sección era la declaración formal de que las Trece Colonias se separaban de Gran Bretaña y pasaban a ser estados libres e independientes.
Los estadounidenses declaraban su independencia, afirma Jefferson, como último recurso para preservar sus derechos, dadas las continuas negativas de reparaciones recibidas del rey y del parlamento. La prudencia, ciertamente, dictará que no se cambien por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está costumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones dirigida invariablemente al mismo objetivo evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos guardianes para su futura seguridad. Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las obliga a cambiar su anterior sistema de gobierno.
La historia del actual Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, todas con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta sobre estos estados. En cada etapa de estas opresiones hemos pedido justicia en los términos más humildes: a nuestras repetidas peticiones se ha respondido solamente con repetidas injurias. Tampoco hemos estado faltos de consideraciones hacia nuestros hermanos británicos. Los hemos prevenido de tanto en tanto de los intentos de su legislatura de incluirnos en una ilegítima jurisdicción. Les hemos recordado de las circunstancias de nuestra emigración y asentamiento en estas tierras. Hemos apelado a su innata justicia y magnanimidad y los hemos conjurado, por los vínculos de nuestro parentesco, a repudiar estas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han estado sordos a la voz de la justicia y de la consanguinidad.
En la Declaración se afirma: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.”
La declaración concluye: “Por lo tanto, nosotros, los representantes de los Estados Unidos de América, reunidos en congreso general, apelando al Supremo Juez del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas colonias, solemnemente hacemos público y declaramos que estas colonias unidas son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes, que están absueltos de toda lealtad a la corona británica, y que toda conexión política entre ellos y el estado de la Gran Bretaña está y debe ser totalmente disuelta; y que, como estados libres e independientes, tienen pleno poder para emprender la guerra, concluir la paz, concertar alianzas, establecer comercio, y hacer todos los demás actos y providencias que los estados independientes por derecho pueden hacer.”
La Naturaleza de la Revolución Americana y su Legado
No cabe duda de que el propio concepto de Revolución es problemático cuanto menos, máxime si tenemos en consideración que a día de hoy se emplea con suma facilidad. A primera vista la Revolución Americana no se merece prácticamente su nombre como tal, pues no tendría en absoluto las características cataclísmicas de transformaciones radicales en las distintas estructuras de las Trece Colonias, como sucediera en la Revolución Francesa de 1789, o la Revolución Bolchevique de 1917. Ciertamente, fue más limitada, con un escaso levantamiento social o conflicto de clase latente, sin una decidida reorganización radical socioeconómica. Fue un proceso de independencia marcado por el sector dominante de las colonias, no por artesanos o los pequeños y medianos propietarios de tierra, sino que fue una operación emprendida por una burguesía colonial.
En el ámbito político, tenemos quizás el cambio más evidente y radical: la ruptura colonial con el imperio británico. Los distintos nuevos estados norteamericanos irían redactando sus propias constituciones desde 1776, pero bajo un prisma eminentemente burgués, imitando el antiguo modelo colonial, donde lejos de ser democráticas, reflejarían la creencia puramente dieciochesca de que los derechos políticos debían de ser limitados. Los encabezamientos empleados en las distintas constituciones, We are the people, son una auténtica falacia, pues estamos ante representantes de la burguesía colonial, quienes redactaban las Cartas Magnas en función de sus intereses, y no el pueblo en su totalidad. En cuanto al terreno económico, hubo cambio aún en menor medida que en el caso político. Básicamente la transformación radicó en el comercio exterior de las Trece Colonias, abriendo su abanico de relaciones comerciales. En la esfera social, sí que se dio decididamente un cambio relativo.
En alusión a ello, ha de reseñarse que antes de la independencia, ya las Asambleas de colonias se había establecido como una institución representativa. Si bien, ello no implica no reconocer el éxito del proceso de emancipación colonial, que en cierta medida sería inspirador para otros pueblos coloniales de América (véase la emancipación de las colonias americanas de España). El apoyo a los nacientes Estados Unidos fue sólido en dinero, armas y víveres amparados por la Corona española. La Declaración de Independencia (The Declaration of Independence) es uno de los documentos fundacionales y fundamentales de los Estados Unidos. La importancia de la declaración no se reconoció hasta después de transcurrido medio siglo de su firma, debido a que al principio se consideró como una formalidad de rutina necesaria para que el congreso votara a favor de la independencia. Sin embargo, desde entonces ha llegado a considerarse uno de los escritos más importantes acerca de los derechos humanos que haya producido la historia de Occidente. Influida en buena medida por los ideales de la Ilustración, en particular los de John Locke, la declaración afirma que «todos los hombres son creados iguales» y que se les ha dotado de «ciertos derechos inalienables», entre los cuales se encuentran «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».
Estos enunciados se encuentran entre los más conocidos de la historia estadounidense, y desde entonces se han convertido en el estándar moral que tanto los Estados Unidos como muchas otras democracias occidentales se esfuerzan por alcanzar. Los preceptos que la declaración establece han sido enarbolados por las movilizaciones para lograr la abolición de la esclavitud, y constituyen un llamado a la unidad empleado por muchos movimientos defensores de los derechos humanos. De conjunto con los Artículos de la Confederación y la Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de Independencia fue uno de los manifiestos más importantes emanados de la era de la revolución de las Trece Colonias.
A continuación se presenta una lista de los 56 hombres que firmaron la Declaración de Independencia, muchos de los cuales se consideran Padres Fundadores de los Estados Unidos. Por ejemplo, de Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton.
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