Descubre Cómo la Actividad Cambiaria Transforma el Régimen Económico Nacionalpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Un sistema de tipo de cambio, o también denominado régimen cambiario, establece la forma en que se determina el tipo de cambio, es decir, el valor de la moneda nacional frente a otras divisas. La elección de régimen cambiario es un elemento central dentro de las decisiones de política económica que adopta el gobierno de un país. La actividad cambiaria ha sido un tema central de controversia en muchos países, dado el hecho de que el tipo de cambio es simplemente un precio.

Existen diversas definiciones y conceptos fundamentales asociados al régimen cambiario:

  • Apreciación: Ganancia de valor de una moneda respecto a otra.
  • Devaluación: Pérdida de valor de una moneda por decisión de su banco central.
  • Revaluación: Ganancia de valor de una moneda por decisión de su banco central.
  • Divisas: Monedas extranjeras.
  • Tipo de cambio real: Mide el poder de compra de la moneda nacional en relación con la moneda extranjera, considerando los precios relativos de bienes y servicios.
  • Tipo de cambio nominal: Es el precio de una moneda en términos de otra.

Entre las definiciones “estándares” de tipo de cambio fijo y flotante que se señalan en la mayoría de los libros de texto, existe una serie de regímenes de tipo de cambio. Situarse en el tipo de cambio fijo o flotante es hablar de polos opuestos. Frankel (2003) distingue nueve regímenes agrupados en tres categorías: flotante, intermedio y fijo, conocidos como posiciones de esquina o corner positions. Las así llamadas posiciones de esquina se encuentran en los extremos de la tabla, contando desde la primera celda -la libre flotación- con el régimen de tipo de cambio más flexible hasta la última celda del lado derecho -Unión Monetaria- con el régimen más rígido.

Ventajas del Tipo de Cambio Flexible

Es de interés conocer las ventajas de la libre flotación del tipo de cambio. Baqueiro, et al (2003) sostienen que “el argumento principal a favor del establecimiento de regímenes de tipo de cambio flexible es que la política monetaria no se encuentra restringida por un nivel predeterminado de tipo de cambio y ello permite determinar las tasas de interés de forma tal que se consiga un equilibrio interno (i. e. estabilidad de precios)”. Es decir, con ello se logra trabajar con una política monetaria independiente, contrario a lo que sucedería de trabajar con un tipo de cambio fijo. Sostiene además que una de las bondades es que la política monetaria logra constituirse como el ancla nominal de la economía y mantiene estabilidad de precios, con ello el banco central puede utilizar las tasas de interés para contrarrestar el ciclo económico.

Esto último es congruente con la idea de un banco central independiente. De acuerdo a Macdonald (2007), trabajar con un régimen de tipo de cambio flotante permite al banco mantener dos ventajas potencialmente importantes: señoreaje y fungir como prestamista de última instancia. Este último de mayor importancia ya que en “una crisis bancaria la habilidad del banco central para crear fondos ilimitados puede ser importante para el rescate de bancos”. Dentro del planteamiento de Wray (2012) se analiza, en relación con lo antes mencionado, que un régimen de tipo de cambio flotante asegura que el gobierno tiene mayor libertad para perseguir objetivos tales como pleno empleo, crecimiento económico y estabilidad de precios.

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Además de ello, “cuando la economía se ve afectada por una perturbación adversa a los términos de intercambio, la depreciación necesaria del tipo de cambio real se logra mucho más rápido cuando se deprecia el tipo de cambio nominal que cuando se espera que disminuya el nivel de precios”, es decir que al verse afectados los términos de intercambio se logra un ajuste de mucha mayor rapidez por medio de la depreciación del tipo de cambio nominal que esperar la caída del nivel de precios. Ronald MacDonald (2007) señala que una ventaja de los regímenes de tipo de cambio flexibles es que ofrecen estabilidad en la economía, siendo éste un factor clave para que Friedman estuviese a favor del tipo de cambio flexible. “Debido a una falta de un mecanismo de ajuste efectivo, los regímenes de tipos de cambio fijos eran propensos a ataques especulativos y crisis periódicas. De hecho, la naturaleza de la estabilización de las expectativas bajo un sistema de tipo de cambio flotante fue visto como un elemento clave en la generación de un entorno tranquilo”.

Como es conocido, la libre flotación permite también que se aísle a la economía de choques externos ya que absorbe los efectos de éstos. Esto es por la forma de los choques de comercio, es decir, una caída de la demanda de las exportaciones hacia el resto del mundo se reflejará en una depreciación del tipo de cambio por lo que se caen los términos de intercambio, generando lo primero una compensación y por tanto un estímulo en la demanda. Señala MacDonald (2007) otra de las ventajas de los regímenes de tipo de cambio flexible es “la habilidad de permitir a la economía mundial funcionar sin barreras al comercio y tarifas. La idea es que si el tipo de cambio es capaz de equilibrar la balanza de pagos del país, la necesidad de políticas proteccionistas -tales como tarifas y cuotas- es limitado”.

Finalmente, otro argumento a favor de los regímenes de tipo de cambio flexible, siguiendo a MacDonald (2007) gira en torno a la necesidad de mantener reservas de moneda extranjera, en el sentido de que ante la no intervención de las autoridades en el mercado de divisas, el cambio de reservas es cero, por lo que habrán pequeños ahorros para la economía nacional, y ante tal situación, el Banco Central solo debe de mantener reservas para pagar las transacciones comerciales oficiales. En contraposición a ello se encuentra el planteamiento de Wray (2012) señalando que el gobierno no debe temer quedarse sin reservas internacionales por la simple razón de que no compromete el pago de moneda nacional por moneda extranjera a una tasa fija o un tipo de cambio fijo. Menciona, “en la práctica, los gobiernos que operan con tipos de cambio flotantes mantienen reservas de moneda extranjera, y ofrecen servicios de cambio de moneda extranjera para la conveniencia de sus instituciones financieras”.

Argumentos a Favor del Tipo de Cambio Fijo

En contraposición al tipo de cambio flotante se encuentra el tipo de cambio fijo, por lo que es necesario conocer las principales ventajas que la literatura señala sobre dicho régimen de tipo de cambio. Respecto a esto, MacDonald (2007) señala como una de las principales, de acuerdo a los defensores de este régimen, el prevenir a los países que persigan una política monetaria independiente que es vista como otorgar un sesgo inflacionario a la economía. De acuerdo a MacDonald (2007) “Si el banco central ata el tipo de cambio a una moneda dura, con una fuerte reputación anti-inflacionaria ‘importando’ la credibilidad de un ambiente de baja inflación”, por ello que los precios y salarios serán fijados bajo una expectativa de baja inflación, con ello, el atar el tipo de cambio a una moneda fuerte permite al banco central expandir la oferta monetaria.

Al respecto Wray (2012) señala que el gobierno debe utilizar la política económica para mantener el tipo de cambio a la paridad a la que se comprometió a pagar, por lo que se pierde el margen de acción de la política económica. Por lo que esta ventaja de importar la credibilidad de un ambiente de baja inflación traería consigo una pérdida del manejo de la política económica con miras a estabilizar el tipo de cambio a cierto nivel. Una segunda ventaja de acuerdo con MacDonald (2007), es la certeza que un régimen de este tipo otorga en las decisiones de inversión y de comercio, ya que removiendo la incertidumbre que se deriva de la volatilidad del tipo de cambio se daría paso a una mejora en el comercio internacional y la inversión. Finalmente, continuando con MacDonald, el tipo de cambio fijo permite “prevenir devaluaciones competitivas o de ‘empobrecer al vecino’ (beggar-thy-neighbour)”.

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Sin embargo, la implementación de un tipo de cambio fijo puede ser difícil de sostener, especialmente en situaciones de crisis, como lo demostró el caso de Argentina, resultando en el abandono del sistema. La sobrevaloración del tipo de cambio puede ser un problema significativo.

El Caso de México: ¿Un Régimen Verdaderamente Flexible?

Una vez que se conocen las ventajas del régimen de tipo de cambio flotante y el esbozo presentado de los regímenes intermedios y el polo opuesto (tipo de cambio fijo), es necesario analizar y poner en cuestión si la política cambiaria en México ha sido realmente la de un régimen de tipo de cambio flexible. Una de las preguntas que deben de plantearse antes de dar respuesta a la que ocupa el presente apartado, es cuál es el motivo, razón o factores que llevan a una economía a optar por un régimen de tipo de cambio específico. MacDonald (2007) sostiene la existencia de una amplia gama de estudios que intentan encontrar evidencias empíricas acerca de los determinantes de un régimen de tipo de cambio, siendo las variables ‘tamaño de la economía’ e inflación como las que producen una relación consistente con la variable régimen de tipo de cambio.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) refleja en el Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions (AREAER) la descripción de los acuerdos de tipo de cambio, sistemas de comercio y controles de capital de los países que forman parte del FMI. En él, se observa cómo en el marco de la política monetaria de cada país, es consistente con diferentes regímenes de tipo de cambio; para el caso de México es catalogado con un régimen de tipo de cambio flexible con una política monetaria basada en objetivos de inflación o inflation-targeting. De acuerdo al AREAER (2012) el régimen tipo de cambio en México pasó de ser flotante a ser catalogado como de libre flotación. Este paso se dio debido a que desde noviembre de 2011 México dejó de intervenir en el mercado de divisas, de acuerdo a la clasificación del FMI. Cabe recordar que el Banco de México a partir de la crisis económica mundial de 2008 utilizó el mecanismo de subastas para intervenir en el mercado de divisas.

El Banco de México señala que es a partir de la crisis de balanza de pagos en 1994-1995 cuando se toma a la política monetaria como el ancla nominal en la economía, al optar por un régimen de tipo de cambio flotante, ello acorde a la modificación en el esquema a seguir de la política monetaria, trayendo consigo la búsqueda de objetivos de inflación. Las características de este nuevo régimen monetario serían:

  • El reconocimiento de la estabilidad de precios como el objetivo fundamental de la política monetaria.
  • El anuncio de objetivos de inflación de mediano plazo.
  • Contar con una autoridad monetaria autónoma.
  • La aplicación de la política monetaria en un marco de transparencia, el cual se sustenta en una estrategia de comunicación respecto de los objetivos, planes y decisiones de la autoridad monetaria.
  • Un análisis de todas las fuentes de presiones inflacionarias con el fin de evaluar la trayectoria futura del crecimiento de los precios. Dicho análisis es la principal referencia para las decisiones de la política monetaria.
  • El uso de mediciones alternativas de la inflación, como la inflación subyacente, para separar aquellos fenómenos que inciden de manera transitoria sobre la inflación e identificar la tendencia de mediano plazo del crecimiento de los precios.

La primera característica señala la estabilidad de precios como el principal objetivo que persigue la política monetaria. Así mismo se señala que se deben identificar las fuentes inflacionarias para ser tomadas como referencia para las decisiones de política. Dentro de ellas, es sabido que el tipo de cambio es una de las variables que inciden sobre el nivel de precios, debido al mecanismo de traspaso (pass-through). Este nuevo régimen monetario se inserta dentro de las políticas conocidas como el Consenso de Washington. John Williamson (2000) señala que existen dos interpretaciones del mismo; por una parte se tiene la del fundamentalismo de mercado y por otra, la del Consenso entendida como un set de políticas necesarias en dicho momento dictadas por Washington. El fundamentalismo de mercado fue la senda por la que México optó, ya que el proceso de ajuste que vivió la economía, buscaba precisamente, el logro de objetivos de estabilidad más que objetivos de reducción de la pobreza.

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El régimen de libre flotación del tipo de cambio vigente a partir de diciembre de 1994 en México, no se diferencia del régimen de bandas cambiarias que predominó de 1991 a 1994. En realidad, no se ha dejado flotar el tipo de cambio y éste no ha sido determinado libremente en el mercado sin la intervención de las autoridades monetarias. Más bien, el banco central y la Comisión de Cambios han hecho uso de las dos principales herramientas -tasa de interés y reservas internacionales- para incidir sobre la determinación del tipo de cambio, tratando así de mantener dicha variable relativamente estable con miras a que ello no tenga un impacto significativo sobre precios. Los mercados cambiarios en la era moderna se han caracterizado por mostrar un número de transacciones cambiarias con motivos financieros extremadamente mayores que multiplican el volumen operado por transacciones comerciales. El caso de México no ha sido la excepción dada su condición de economía abierta, los flujos de capital se han convertido en la fuerza dominante para fijar los tipos de cambio, lo que ha repercutido en una sobrevaluación del tipo de cambio nominal, colocando a la economía nacional en un contexto de vulnerabilidad.

Impacto del Tipo de Cambio en la Economía Nacional

El tipo de cambio tiene una fuerte incidencia en la economía nacional. La apreciación del tipo de cambio real, por ejemplo, hace que los precios reales al productor bajen y subsidia las importaciones, los abarata en términos de moneda nacional. Un tipo de cambio sobrevalorado tiene serias consecuencias negativas para el desarrollo agrícola, deprimiendo los precios agrícolas reales.

En el sector agrícola, los productores son sensibles a las variaciones de los precios. Un ejemplo es la región del maní donde el aumento de 100 por ciento del precio mundial del CFA fue menor al aumento de los costos de los insumos. Sin embargo, después de una devaluación se observó un rápido crecimiento en África, y algunas regiones también se beneficiaron con la devaluación, lo que les dio un “empuje competitivo” y les permitió la expansión y el ataque a nuevos mercados, convirtiéndolos en “exportadores”. No obstante, algunos países no pueden “crecer mediante devaluaciones” porque si se obtienen beneficios, habrá mayor inflación para todos.

La actividad cambiaria también está ligada a la inflación interna. Una depreciación significativa, como el 70 por ciento de la depreciación, puede generar inflación a corto plazo, afectando los bienes de consumo duraderos importados y los precios internacionales. También influye en la capacidad de importar bienes y servicios y el consumo de productos exportables o importables. La economía nacional, y específicamente el tipo de cambio, pueden ser influenciados por factores externos y la apreciación del tipo de cambio.

Políticas Macroeconómicas y la Gestión del Tipo de Cambio

Las políticas macroeconómicas y del comercio exterior juegan un rol crucial en la gestión del tipo de cambio. Las principales son las políticas fiscales y cambiarias sanas. Estas políticas son vitales para el crecimiento económico general de los países y para controlar déficits externos.

Tras la crisis financiera mundial que se inició en 2007, los bancos centrales de las economías avanzadas relajaron su política monetaria mediante una reducción de las tasas de interés, hasta que los intereses a corto plazo se acercaron a cero, limitando la posibilidad de realizar nuevos recortes. Algunos bancos centrales recurrieron a políticas monetarias no convencionales y compraron bonos a largo plazo para rebajar todavía más las tasas de interés a largo plazo. Algunos, incluso situaron las tasas de interés a corto plazo por debajo de cero. En respuesta a la pandemia de COVID-19, los bancos centrales activaron medidas para relajar la política monetaria, proporcionar liquidez a los mercados y mantener el flujo de crédito. A fin de atenuar la presión en los mercados de bonos y de divisas, los bancos centrales de muchas economías emergentes recurrieron a intervenciones cambiarias y, por primera vez, a programas de compras de activos.

El banco central y la Comisión de Cambios han hecho uso de las dos principales herramientas -tasa de interés y reservas internacionales- para incidir sobre la determinación del tipo de cambio, tratando así de mantener dicha variable relativamente estable con miras a que ello no tenga un impacto significativo sobre precios.

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