El concepto de enajenación es clave para comprender tanto la dialéctica materialista de Marx como su concepción materialista de la historia. Sin embargo, también es un concepto que muchas veces resulta complicado de entender. Por eso, en este artículo intentaré explicarlo de manera sencilla y comprensible.
La palabra “enajenación” tiene sus raíces en el latín “alienatio” y deriva del verbo “alienare”, que significa “transferir” o “poner a disposición de otro”. Cuando hablamos de enajenación (o alienación) nos estamos refiriendo a la acción o efecto de perder el control sobre alguna creación nuestra. Así, decimos que algo se enajena cuando se vuelve distinto y extraño, es decir, cuando se vuelve ajeno. Pero ¿ajeno de quién? El creador puede ser cualquier persona o cualquier grupo de personas y la creación puede ser también cualquier creación, ya sea el producto del trabajo, una relación social o una idea.
De manera que podemos hablar de la enajenación de la propiedad (que constituye la propiedad privada), la enajenación del proceso o productos del trabajo, la enajenación política (que cobra cuerpo bajo la forma de un Estado gobernante, escindido de la sociedad gobernada) o la enajenación de las ideas (expresadas normalmente como dogmas), etcétera. Como se puede apreciar, el concepto de enajenación es muy general y abstracto.
Según una definición amplia, la enajenación es un concepto que caracteriza, en primer lugar, el proceso y los resultados de la transformación de los productos de la actividad humana (tanto práctica: productos del trabajo, dinero, relaciones sociales, &c., como teórica), así como de las propiedades y capacidades del hombre, en algo independiente de los individuos y que los domina; en segundo lugar, la transformación de cualesquiera fenómenos y relaciones en algo distinto de lo que son de por sí, la deformación y desvirtuación en la conciencia de los individuos de sus relaciones vitales reales.
Orígenes Filosóficos del Concepto de Enajenación
El concepto de enajenación aparece con mayor frecuencia en las obras de juventud de Marx. Sin embargo, este concepto ya se encontraba en Hegel y en Feuerbach. Podemos encontrar las fuentes de la idea de la enajenación en las concepciones de la Ilustración francesa (Rousseau) y alemana (Goethe, Schiller). Esta idea expresaba objetivamente la protesta contra el carácter antihumanitario de las relaciones de propiedad privada. El problema de la enajenación continuó elaborándose en la filosofía clásica alemana.
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La Enajenación en la Obra de Hegel
La interpretación idealista de la enajenación fue desarrollada con la mayor plenitud por Hegel, para el cual todo el mundo objetivo es el “espíritu enajenado”. Según Hegel, la tarea del desarrollo consiste en eliminar esta enajenación en el proceso del conocimiento. Al mismo tiempo, en la comprensión hegeliana de la enajenación figuran atisbos racionales sobre algunas peculiaridades del trabajo en la sociedad antagónica.
En la obra de Hegel, de acuerdo con Marx, el concepto de enajenación aparece como parte de un análisis mucho más amplio. Este análisis considera que el ser humano se encuentra en una relación muy estrecha con la naturaleza, porque es parte de ella, y es esta misma naturaleza la que lo determina en un primer momento. Es importante notar que aquí se trata solo de un primer momento. Después, en un momento posterior, el ser humano va desarrollando su propia conciencia, en otras palabras, se apropia (hace subjetiva) la realidad que lo determina. Esto hace que se vuelva un agente activo, capaz de producir cosas nuevas, de crear y de innovar. Este mundo nuevo, construido por el ser humano, es el mundo de la cultura. Usando lenguaje filosófico, diríamos que ahora es el ser humano el que se objetiva a sí mismo. Ahora es él quien realiza su propia subjetividad y conciencia, produciendo cosas que antes no existían. Pero este es solo otro momento del desarrollo. Después viene la enajenación. Es en este otro momento donde aquello que el ser humano produjo queda fuera de su control. El objeto se vuelve ajeno a su creador y lo somete. Aquí, la cultura producida por las personas se vuelve una segunda naturaleza. Sin embargo, después de esta enajenación viene un momento más, el de la superación de esta enajenación.
La Crítica de Feuerbach
Marx está de acuerdo con Hegel en muchas cosas. Sin embargo, también tiene discrepancias. De acuerdo con Marx, Hegel considera que la suma de todos los momentos señalados en el párrafo anterior es una evolución guiada por una suerte de Espíritu ideal. Este Espíritu se encontraría detrás de todo el movimiento universal y cada uno de los distintos momentos del desarrollo serían solo manifestaciones parciales de su propia evolución. En esto consistiría el idealismo de Hegel. Sin embargo, no fue Marx, sino Feuerbach, el primero en hacer esta crítica.
Feuerbach consideraba la religión como enajenación de la esencia humana, y el idealismo, como enajenación de la razón. Desde la perspectiva de Feuerbach, todas las ideas que las personas pueden llegar a tener son, en realidad, productos de la actividad humana y, por tanto, no tienen realidad propia e independiente. Cuando le atribuimos esta existencia independiente a cualquiera de nuestras ideas, lo que estamos haciendo es caer en una nueva forma de enajenación. Con su crítica, Feuerbach da el paso definitivo para pasar del idealismo al materialismo. Marx retoma esta crítica.
Sin embargo, Feuerbach comete un nuevo error. Si Hegel hablaba de un Espíritu abstracto que guiaba el desarrollo universal, Feuerbach habla del ser humano también en abstracto, como si la humanidad no fuera más que una categoría filosófica. Pero había otro problema: con su giro al materialismo, Feuerbach se olvidó de la dialéctica hegeliana. Esta era la dialéctica que explicaba cómo las personas, aunque están determinadas completamente por la naturaleza en un primer momento, eventualmente se vuelven transformadoras de su propia realidad y crean un mundo nuevo, un mundo cultural, que a veces se enajena, pero que también puede ser recuperado y transformado. Feuerbach caía en una nueva forma de enajenación: una idea dogmática, abstracta y mecánica, no dialéctica, del ser humano, que resultaba ser, además, un agente pasivo frente al mundo.
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La Enajenación en la Obra de Marx: Dialéctica Materialista y Crítica de la Economía Política
El concepto de enajenación en la obra de Marx recupera al mismo tiempo la dialéctica de Hegel, pero posicionándose decididamente en el materialismo. Marx sabe que el ser humano es un agente activo, que está en constante desarrollo y que puede cambiar al mundo, porque no hay nada preestablecido. El futuro es abierto. Sin embargo, también sabe que no podemos seguir hablando del ser humano y sus formas de enajenación en abstracto.
La dialéctica materialista llevó a Marx a concluir que, si quería contribuir a cambiar la realidad social, era necesario conocer científicamente esa realidad. Por eso, Marx decidió enfocarse mayoritariamente en el aspecto económico. Esto no quiere decir que todos los demás aspectos no sean importantes. De hecho, cada aspecto de la realidad social tiene su importancia, a veces determinante. Sin embargo, la economía es ese ámbito de la realidad social que permite que las personas subsistan, se mantengan con vida, y produzcan todas las cosas que les van a permitir satisfacer sus necesidades, crear nuevas, y desplegar sus capacidades. Por eso Marx elige centrarse en la economía. A fin de cuentas, es la actividad económica la que crea las condiciones de posibilidad para que las personas y las sociedades vivan de cierto modo. De aquí es de donde Marx deriva la tesis central de su concepción materialista de la historia.
Marx, quien concedió gran atención al análisis de la enajenación, partía de que ésta expresa las contradicciones de una determinada etapa del desarrollo de la sociedad. La enajenación debe su origen a la división del trabajo y está enlazada con la propiedad privada. En tales circunstancias, las relaciones sociales se forman de modo espontáneo, se escapan al control por parte de los hombres, mientras que los resultados y productos de la actividad se enajenan de los individuos y grupos sociales y aparecen como impuestos por otros hombres o por fuerzas sobrenaturales. Marx centra su atención en el análisis de la enajenación del trabajo. Con ayuda de este análisis caracteriza el sistema de relaciones capitalistas y la situación del proletariado. El reconocimiento de la enajenación del trabajo como base de las demás formas de enajenación, comprendidas las ideológicas, permitió concebir la conciencia desfigurada, falsa como resultado de las contradicciones de la vida social real.
La Enajenación en la Concepción Materialista de la Historia
Para Marx, la base de la economía es el trabajo, y es este trabajo el que primero se encuentra a merced de la naturaleza. El ser humano primero se limita a cazar o ser recolector. Pero después, el desarrollo de su conciencia le permite ir haciendo innovaciones y cambios en su propia manera de trabajar. Son estos cambios los que permiten que surjan nuevas formas de organización de la producción, nuevas actividades productivas y nuevas herramientas para el trabajo. Así avanzan la historia y conciencia humanas, en un proceso recursivo, donde lo material determina la conciencia, pero la conciencia después permite hacer cambios en la propia forma de organización económica, abriendo paso a nuevas formas de conciencia, y así sucesivamente. Así, los cazadores-recolectores se vuelven agricultores, que siguen avanzando en un largo proceso que los lleva a desarrollar la producción artesanal, la manufactura, la gran industria y, en fechas más recientes, la automatización de la producción. Sin embargo, todos estos cambios también vienen acompañados del surgimiento de formas de enajenación económica: la propiedad privada, los mercados, la explotación y el fetichismo son solo algunas de estas formas. El objetivo de Marx, al estudiar el funcionamiento de la economía bajo el modo capitalista de producción es encontrar su lógica interna, su funcionamiento y tendencias reales.
Formas de Enajenación en el Trabajo Económico de Marx
Marx usa con frecuencia el concepto de enajenación en sus obras de juventud. Sin embargo, en sus trabajos posteriores el concepto casi no está presente. Esto ha llevado a algunos interpretes a creer que se trata de un concepto que Marx desechó. Otros consideran que el concepto sí está en el pensamiento de Marx, pero no está ligado a sus investigaciones económicas. Sin embargo, el concepto está enormemente ligado al trabajo económico de Marx, a su crítica de la economía política. Lo que ocurre es que Marx ya no usa el concepto general de enajenación, sino que profundiza en sus manifestaciones específicas.
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| Forma de Enajenación | Descripción |
|---|---|
| Propiedad privada de los medios de producción | Esta forma de propiedad es una relación de exclusión: para que unos sean propietarios, otros necesitan estar desposeídos. Sin embargo, la producción económica no la hacen solo ni mayoritariamente los propietarios. La producción es social. Es el trabajo social el que hace que funcionen los medios de producción. |
| Explotación | Cuando un trabajador produce, crea riqueza. Sin embargo, con la explotación, una parte de este trabajo no se la quedan los productores, sino los propietarios de los medios de producción. |
| Subsunción real del trabajo | Cuando Marx habla de subsunción real se refiere a que la actividad del trabajador, su proceso de trabajo ya no está controlado por él. En otras palabras, cuando decimos que el proceso de trabajo está subsumido, estamos diciendo que el trabajador ya no puede controlar su propia actividad laboral. |
| Fetichismo de la mercancía | Un fetiche es un objeto con propiedades mágicas y misteriosas. De acuerdo con Marx, las personas creamos fetiches cuando no alcanzamos a ver las causas de algún fenómeno. El fetiche nos sirve para ayudarnos a explicar las cosas que vemos, aunque la explicación sea falsa. En El Capital, por ejemplo, Marx dice que las personas no alcanzamos a ver que el valor de las mercancías está constituido esencialmente por la fuerza de trabajo. Como no alcanzamos a ver esto, creemos que las mercancías y el dinero tienen valor por sí mismos. Pero el valor no es algo que provenga de las cosas y mucho menos del dinero. El valor es algo que nosotros creamos con nuestro trabajo. |
Como se puede apreciar, varios de los conceptos centrales de El Capital son, en realidad, variantes del concepto de enajenación. Y como estos, hay otros ejemplos. Por eso, considero que es de suma importancia tener claro dicho concepto, pues nos permitirá entender mejor la crítica de la economía política. Por supuesto, la sola definición del concepto de enajenación no es suficiente. Dicho concepto es parte de un análisis teórico mucho más amplio, y es este análisis el que permite comprenderlo de manera profunda. Por eso no me he limitado a la sola definición, sino que he intentado presentar, aunque sea en sus rasgos más generales, la lógica dialéctica que hay detrás.
