La Declaración de Independencia de Panamá: Descubre el Momento que Cambió la Historia para Siemprepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La privilegiada ubicación geográfica de Panamá determinó su historia y, de paso, la de Colombia. Ambos países eran uno solo a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando el territorio panameño empezó a ser muy codiciado. Su atractivo era el acceso a los océanos Atlántico y Pacífico, pues le permitiría albergar al que, para ese entonces, era un proyecto de canal que prometía ser una gran obra de ingeniería que cambiaría el mercado mundial. En esa época se dio una especie de puja internacional por Panamá, en la que Colombia, a pesar de tener varias ventajas, terminó perdiendo.

Panamá en Colombia: Un Siglo de Tensiones

Panamá había sido parte de Colombia (Gran Colombia en ese entonces) desde la independencia de España en 1821. En el siglo XIX y tras la independencia de España se creó la Gran Colombia. Un país que incluía parte de lo que hoy son Ecuador, Venezuela, Panamá y Colombia. Luego, en 1830, Venezuela y Ecuador se separaron de esa Gran Colombia y el país pasó a llamarse Nueva Granada y, después, Colombia. Entre 1850 y 1880, Colombia fue un país federal, que garantizaba la libertad de culto y basaba su organización política y administrativa en la inmensa diversidad cultural y económica de su territorio, que incluía a Panamá.

“Panamá fue muy importante para Colombia y recibió considerable atención del gobierno central. Los panameños también jugaron un papel importante en la historia colombiana. Fueron incluso presidentes”, explicó a BBC Mundo la historiadora panameña Marixa Lasso. Sin embargo, a finales del siglo XIX llegó al poder un partido conservador que impuso un modelo de Estado centralizado, generó un vínculo estrecho con la Iglesia Católica y defendió el legado de los colonizadores españoles. A ese periodo se le conoce como Regeneración y dio paso, en 1886, a una Constitución que fue altamente cuestionada. La principal objeción es que debilitó el poder de los nueve Estados Soberanos que componían el país, pues pasaron a ser entidades político-administrativas dependientes del gobierno central en Bogotá, la capital. Una de esas entidades era el istmo de Panamá, ese accidente geográfico ubicado entre los océanos Atlántico y Pacífico, que tampoco se alineaba con la hegemonía conservadora.

“Panamá jugó un lugar protagonista en la historia del federalismo colombiano. Los panameños tenían una gran vocación federalista, autonomista y resentían los gobiernos centralistas colombianos”, explica Lasso, quien es autora del libro Historias Perdidas del Canal de Panamá. Panamá sentía que sus necesidades y su desarrollo estaban siendo ignorados por Bogotá, y había insatisfacción respecto a la falta de inversión y atención en el istmo. Y fue esa tensión política, que se extendía por toda Colombia, la que sirvió de antesala a una guerra civil que facilitaría más tarde la injerencia internacional.

La Guerra de los Mil Días: Un Catalizador

En Colombia, los dos partidos políticos tradicionales, liberal y conservador, se han enfrentado históricamente de formas muy violentas. Pero quizás el enfrentamiento más emblemático fue la guerra que ocurrió entre 1899 y 1902 y que se conoce como la Guerra de los Mil Días. Fueron tres años de sangrientas batallas que se dieron como resultado de la reacción de conservadores moderados y liberales que estaban en contra de la Regeneración y de la Constitución del 86, por considerarla autoritaria. Una percepción que compartían los panameños. “Panamá tenía una población mayoritariamente liberal. Y a finales del siglo XIX había un enorme cansancio con el centralismo conservador de la Constitución de 1886”, explica Lasso. Al final, los conservadores ganaron la guerra y se inició lo que se conoce como la hegemonía conservadora.

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“El fin de la guerra con la victoria oficial de los conservadores y con el asesinato judicial del general liberal Victoriano Lorenzo, quien era un indígena panameño, solo aumentó el descontento en las mayorías liberales”, afirma Lasso. A eso se sumó que el saldo de la guerra fue nefasto. Murió un 3% de la población, la infraestructura y la industria quedaron destruidas, se dispararon la inflación y la deuda externa; y miles de personas abandonaron las ciudades. En ese punto de la historia estaba claro que la unidad de un país centralizado por una élite bogotana era bastante frágil. Así que cualquier intento de separación de cualquiera de las regiones podía tener probabilidades de éxito.

La Ambición del Canal y el Interés Estadounidense

Es en ese contexto de tensión política y postguerra que se materializa la visionaria idea de cruzar del océano Atlántico al Pacífico por el territorio centroamericano. Desde la Colonia existieron proyectos que buscaron unir los océanos. A finales del siglo XIX ya existían ferrocarriles, pero en ese momento la revolución industrial estaba en auge y las grandes potencias capitalistas como Reino Unido, Francia y Estados Unidos, empezaron a presionar para conectar los océanos. Ese proyecto de canal representaba la joya de la corona porque permitiría, a quien lo administrara, tener el dominio de una ruta que transformaría el comercio mundial. La primera gran apuesta ocurrió en 1880, cuando Bogotá otorgó la concesión para la construcción del canal al ingeniero Fernando de Lesseps, un francés que venía de construir el Canal del Suez en Egipto. Pero las enfermedades de los trabajadores, muchos de ellos esclavos africanos, la humedad del territorio y las constantes lluvias llevaron al proyecto francés a la quiebra.

Y es ahí cuando se unen el interés de Estados Unidos en esa ruta marítima con la dificultad del Estado colombiano de tener control sobre su territorio. Más aún cuando una de sus regiones, la panameña, estaba separada del centro administrativo por un inmenso e intransitable complejo selvático llamado el Tapón del Darién. Los Estados Unidos, que también estaba evaluando una ruta de canal en Nicaragua, decidió finalmente apoyar la construcción en Panamá. Los Estados Unidos tenía un fuerte interés en controlar una ruta de transporte entre los océanos, especialmente tras la fiebre del oro de California y su expansión comercial.

El Papel de Estados Unidos y el Rechazo Colombiano

En esa época, Estados Unidos era una potencia emergente que venía de quedarse con el control de Puerto Rico y Cuba, y que supo leer la crisis interna colombiana como su gran oportunidad. El país norteamericano propuso pagar US$40 millones para quedarse con la concesión de la construcción del canal. Ese acuerdo se materializó con el tratado Herrán-Hay entre Colombia y EE.UU., en el que se establecían las pautas de la concesión y que fue pactado entre el Secretario de Estado estadounidense, John Hay, y el ministro colombiano Tomás Herrán. Fue una negociación compleja en la que también contemplaron construir el canal en Nicaragua, pero debían tener en cuenta a los franceses que habían hecho una inversión inicial en Panamá. Así, finalmente se decidió que el canal se construiría en Panamá con el capital de EE.UU. que a su vez le pagaría a Colombia y a la compañía francesa.

Pero el 5 de agosto de 1903 el gobierno colombiano, luego de que el Congreso objetara varios puntos del tratado bajo el argumento de que violaba la soberanía del país, informó que lo rechazaba. Ante la negativa del Senado colombiano de ratificar el tratado que permitía la construcción del canal, Estados Unidos respaldó el movimiento separatista panameño. Esa última decisión de Colombia terminó de dar vía libre a la separación de Panamá. "Cuando Colombia rechaza el tratado Herrán-Hay, y había muy buenas razones para rechazarlo, se combinan varios factores a favor de la independencia de Panamá de Colombia", afirma Lasso. Por un lado, explica la historiadora, los panameños salían de la crisis causada por la Guerra de los Mil Días y el canal se veía como una salvación ante sus problemas internos. Por otro, había un gran descontento en Panamá con el gobierno conservador y con la derrota liberal en la guerra. Finalmente, Estados Unidos encontró en ese descontento panameño “una excelente oportunidad para obtener el tratado que querían sin la injerencia de Colombia”.

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La Separación de Panamá: 3 de Noviembre de 1903

Y es ahí cuando Panamá hizo caso omiso al rechazo del tratado y, en alianza con EE.UU. que dijo que intervendría si había represalia militar de Colombia, declaró su Independencia el 3 de noviembre de 1903. Con el apoyo de Estados Unidos, el 3 de noviembre de 1903, Panamá proclamó su separación de Colombia y se constituyó como una república independiente. A lo largo del siglo XIX, Panamá experimentó múltiples intentos de separación de Colombia. En 1903, un grupo de líderes panameños, apoyados discretamente por Estados Unidos, organizó la proclamación de la separación.

“Ese día, ocho acorazados norteamericanos se encontraban estacionados en los océanos Atlántico y Pacífico bajo las órdenes del vicealmirante Coghlan y el almirante Glass”, describe el historiador colombiano Alfonso Múnera en su texto Fronteras Imaginarias. Múnera escribe que el general colombiano Rafael Reyes “no pudo pisar Panamá y preocupado escribió al presidente aconsejándole mucha prudencia, para evitar así que 40 barcos de guerra norteamericanos se tomaran, además de Panamá, las ciudades de Medellín y Cali”. La creación de Panamá como república trajo consigo una serie de desafíos y oportunidades. Si bien el Canal de Panamá proporcionó beneficios económicos y empleo, la presencia de Estados Unidos en Panamá generó tensiones y reclamos de soberanía por parte de los panameños. 11 años después, en 1914, Colombia pactó con EE.UU. el reconocimiento de Panamá y resolvieron los litigios territoriales y fronterizos. Esto a cambio de una indemnización por US$25 millones.

Debates Históricos sobre la Independencia y la Identidad Panameña

Hoy, más de un siglo después, esta es una historia en la que el rol que jugó Estados Unidos sigue siendo fuente de debates. “Los panameños han enfatizado su agencia en esta separación. Aunque se reconoce el papel que jugó Estados Unidos, se recuerda que la independencia de 1903 fue el último intento de una larga lista de intentos separatistas que se dieron a lo largo del siglo XIX y que Panamá tuvo a lo largo de ese siglo una vocación autonomista y federalista basada en las particularidades de su historia y posición geográfica”, concluye Lasso. Poco se producen debates entre intelectuales panameños que tratan de esclarecer problemas de importancia. No es casualidad que el debate que reproduce la revista Tareas en este número gira en torno al político y gran jurista liberal, Justo Arosemena. Este año muchos panameños celebran el bicentenario del nacimiento del prolífico autor de El Estado federal de Panamá y muchas otras obras.

Entre las muchas preguntas que intelectuales y académicos panameños tratan de dilucidar es el grado de influencia que tuvo Arosemena en el surgimiento del nacionalismo panameño y en todo lo relacionado con el proyecto de nación en el Istmo. La pregunta tiene su importancia y pertinencia actual en la medida en que aún se cuestiona las circunstancias en que Panamá se unió a la Colombia de Bolívar en 1821 y que se separara de Bogotá en 1903 para fundar la República. ¿Existía una nación panameña en el siglo XIX? ¿Fue el movimiento que rompió con Colombia en 1903 el resultado de un movimiento de liberación ‘nacional’? Más bien, ¿nació y se consolidó la nación panameña a lo largo de las luchas de muchas ‘generaciones’ en el siglo XX? Para darle respuesta a estas preguntas, los profesores de la Universidad de Panamá, Fernando Aparició (profesor de Historia) y Olmedo Beluche (profesor de Sociología), se enfrascan en un debate que centra su atención en los aportes de Justo Arosemena (1817-1895) a la identidad política y social del Istmo de Panamá.

El debate lo inicia Beluche con un breve artículo que cuestiona la confusión que existe en torno a la noción de Arosemena en torno al federalismo y su relación con la cuestión nacional. El sociólogo sostiene que “el concepto federativo sostenido por Justo Arosemena... permite dotar a las regiones de gobiernos propios... sin que eso significara el aniquilamiento de la unidad nacional”. El historiador Aparicio riposta señalando que “la Nación colombiana es una abstracción, un proyecto en construcción, basado en la existencia del Estado neogranadino... en tanto que la nacionalidad panameña es un proyecto sísifo basado en la existencia del Istmo y su colectividad transistista diferenciada de Bogotá”.

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En la segunda ronda, Beluche envía una andanada a los planteamientos de Aparicio, diciendo que “los historiadores panameños, muy en concordancia con los intereses de la burguesía comercial prevaleciente, es que la nación panameña es en esencia el transitismo, ese es nuestro “destino manifiesto”. Agrega que “la propia burguesía panameña no tuvo nunca la convicción certera de que le conviniera la separación de Colombia, aunque algunas veces jugara con la idea. Ese no fue el caso de Justo Arosemena que clara y tajantemente se opuso la separación”. La respuesta de Aparicio a este segundo planteamiento de Beluche es largo y argumentado. Incluso cita a Ricaurte Soler, creador del nacionalismo de Justo Arosemena, para sustentar su posición: Soler “se refería a las nacionalidades sumidas dentro de Estados nacionales más grandes, las cuales pugnan por concretizar históricamente, sin tener garantías de que esto algún día ocurra”. Aparicio cierra su discurso en forma muy elegante: “No insisto en el tema de la idea de Nación colombiana y sobre la noción del derecho del Istmo a buscar su propio destino y procurar su felicidad por los medios que resultasen más convenientes... Respeto el pensamiento de Justo Arosemena y él no es un colombiano incondicional. En todo caso, condicional”.

Cuando he manifestado la superioridad del gobierno en las pequeñas nacionalidades (…) no pretendo probar que convenga decididamente formar esos pequeños Estados independientes, más bien que conservarlos grandes, en que están refundidos sus pueblos. La moral internacional no ha hecho suficientes progresos en el mundo civilizado, y las naciones débiles no logran siempre hacer respetar sus derechos. Parece que hubiera dos justicias, una para los iguales y otra para los inferiores. Mientras no haya una sola para todos los individuos y para todas las entidades políticas, sin reparar en su fuerza física; …, nada más prudente y aun necesario que buscar en la fuerza física el complemento del derecho… Busquemos pues, en buena hora, por medio de asociaciones de pueblos, los medios de acercarnos en lo posible al grado de fuerza que admiramos y tenemos en las grandes naciones, pero dejando a los asociados su gobierno propio…”. Si los vínculos de la nacionalidad lo son con Nueva Granada o Colombia, quiere decir que para Justo Arosemena la nación era ese estado y no Panamá, el cual era solo una parte de aquella nación. Y luego, para reafirmar su concepto de federalismo señala: “En la federación rigurosa hai un pacto de pueblos soberanos que sacrifican parte de esa soberanía en obsequio de la fuerza y de la respetabilidad nacional… ¿Cuáles son los sacrificios que de los pueblos soberanos federados demanda el principio de la nacionalidad?

En respuesta a la pregunta anterior, Arosemena establece cuatro aspectos en que el estado federal istmeño deberá renunciar su soberanía en favor de la administración central: el referente a las relaciones internacionales, el de la hacienda pública, la fuerza pública y, dato interesante, “todo lo relativo al ferrocarril de Panamá”. El artículo 11 de su proyecto de ley original que estatuye el estado federal panameño, establecía igual consideración para el caso de la construcción de un canal interoceánico, es decir, que es un asunto de orden nacional, colombiano, no exclusivamente panameño. La grandeza del concepto federativo sostenido por Justo Arosemena radica exactamente en que permite dotar a las regiones de gobiernos propios, que ágilmente resolvieran los asuntos cotidianos, sin que eso significara el aniquilamiento de la unidad nacional y los intereses comunes de nuestros pueblos.

La Nación colombiana es una abstracción, un proyecto en construcción, basado en la existencia del Estado neogranadino; en tanto que la nacionalidad panameña es un proyecto sísifo basado en la existencia del Istmo y su colectividad transistista diferenciada de Bogotá. Es a la Patria Chica a la cual Justo Arosemena se siente más cercano y es a este país al cual está dedicado: "El uso de la soberanía y de la voluntad popular es un derecho perfecto y, cuando al usarlo se procura el bien del país en donde se nació, lejos de cometer un delito, se ejerce un acto de virtud del patriotismo, porque la patria es esencialmente la tierra natal". Entonces, ¿por qué continúa Panamá en el seno de la Nueva Granada? La respuesta es la amenaza del imperialismo de EE.UU. y la debilidad del sistema político internacional. Justo Arosemena entiende perfectamente que debido a que "...las naciones débiles no logran siempre hacer respetar sus derechos", no están dadas las condiciones para la conformación de Panamá como una nación independiente, a pesar de tener pleno derecho a ello si así lograra procurar su bienestar. "No hay rebelión cuando una parte considerable de la República, con elementos bastantes para existir por sí sola, declaró su voluntad de hacerse independiente".

Aquí la alusión a que la eventual independencia de Panamá no sería una rebelión, sino el ejercicio de su derecho a recuperar los márgenes de soberanía cedidos en 1821 (tesis que reitera en otros escritos). Pero Panamá, debido a su precaria economía, carece de la fortaleza para impedir la anexión norteamericana o rechazar a las tropas neogranadinas que serían enviadas por la Nueva Granada para forzar su re-incorporación. Fue la amenaza de usar sus tropas lo que obligó a Panamá a mantenerse unida a la Nueva Granada luego de la disolución de la 'Gran Colombia' bolivariana; la misma amenaza llevó a Tomás Herrera a reincorporar al istmo de Panamá a la Nueva Granada en 1841. Fueron estas tropas las que pasaron sobre el Convenio de Colón, derrotaron al gobernador Santiago de la Guardia e incorporaron a Panamá a los Estados Unidos de Colombia en 1862. La implementación del Estado federal encontró la resistencia de los conservadores istmeños y de las empresas extranjeras establecidas en el Istmo, que se negaron a pagar los impuestos necesarios para cumplir las metas que esperaba alcanzar con esta propuesta. El apoyo del Gobierno colombiano a la compañía del ferrocarril, en virtud de lo establecido en el Contrato Stephen-Paredes y el Tratado Mallarino-Bidlack, impidió que el Estado Federal de Panamá tuviese los recursos necesarios para funcionar adecuadamente. Ante esta triple resistencia Justo Arosemena renunció al cargo de Jefe Superior Provisorio del Estado de Panamá el 28 de septiembre de 1855, cuando aún la Asamblea Constituyente estaba en sesión. El desencanto con el modelo federal tal vez lo llevó a ensayar con la fórmula hanseática dos años después o a respaldar el movimiento separatista del gobernador de la Guardia al inicio de la siguiente década.

Cronología de la Independencia de Panamá

Fecha Evento Clave
10 de noviembre de 1821 Primer Grito de Independencia en La Villa de Los Santos.
28 de noviembre de 1821 Panamá declara su independencia de España en la ciudad de Panamá.
Inicio de los años 1900 Crece el interés de Estados Unidos en construir un canal interoceánico en Panamá.
1902-1903 El Senado colombiano rechaza el Tratado Herrán-Hay, que hubiera permitido la construcción de un canal en Panamá bajo administración estadounidense.
3 de noviembre de 1903 Panamá declara su separación de Colombia en la ciudad de Panamá. Con apoyo logístico de Estados Unidos, el movimiento independentista se asegura sin enfrentamientos militares.
4 de noviembre de 1903 Día de los Símbolos Patrios.
5 de noviembre de 1903 Consolidación de la Separación en Colón.

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