La «concepción materialista de la historia» o «materialismo histórico», términos acuñados por Friedrich Engels y el marxista ruso Gueorgui Plejánov, y también abreviado como Hismat (en contraste al Diamat o materialismo dialéctico), alude a las doctrinas y al marco conceptual creado por el filósofo Karl Marx y después usado por Engels y Plejánov para comprender la historia humana. Marx y Engels aplicaron el materialismo dialéctico al estudio de la sociedad y la historia y crearon una teoría científica de leyes generales de ese desarrollo social. Esta teoría es el materialismo histórico.
Como marco conceptual marxista, el materialismo histórico explica las revoluciones y los cambios políticos y sociales a través de la contradicción entre las fuerzas productivas, las relaciones de producción y la lucha de clases. Esta concepción hace frente a la visión burguesa de la historia basada en la historia de las ideas y de los "grandes hombres".
Orígenes y Desarrollo de la Teoría
La concepción materialista de la historia fue formulada por Marx y Engels en su obra La ideología alemana, escrita en 1845-1846, aunque no fue publicada hasta 1932. Marx mismo proporcionó un breve relato en su Miseria de la filosofía (1847) y de manera más concisa en una carta a Paul Annenkov en diciembre de 1846, mientras trabajaba en dicha obra. Un bosquejo vigoroso de esta perspectiva se ofrece en el Manifiesto comunista de 1848.
En el prefacio de la primera edición de El capital, Marx escribió que concibió "el desarrollo de la estructura económica de la sociedad como un proceso natural". Su primer trabajo para resolver las dudas que lo acuciaban fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho, cuya introducción apareció en 1844 en los “Anales francoalemanes” publicados en París. Marx también detalla en el mismo texto el desarrollo de esta nueva concepción de la historia a partir de su cooperación intelectual con Engels. Para Marx, era precisamente el idealismo de Hegel el que le permitía ofrecer un relato de la historia en su forma moderna, “alienada”.
Conceptos Centrales del Materialismo Histórico
Gran parte del materialismo histórico se explica a través de los conceptos pares de estructura (o base) y superestructura. La tesis central del materialismo histórico sostiene que no es la conciencia de los hombres la que determina lo que son, sino que es su ser social el que determina la conciencia. Esta teoría argumenta que la historia de una sociedad se sostiene, en oposición a la superestructura, por la infraestructura dada en las relaciones económicas y en los modos de producción presentes en ella. En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general.
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La Estructura o Base Económica
La estructura es la base económico-material de la sociedad, que está determinada por las relaciones de producción. Marx llamó a las fuerzas productivas y las relaciones de producción juntas "las condiciones materiales de vida". En el prefacio a la Crítica de la Economía Política, escribió que son "la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas definidas de conciencia social". La actividad social primaria es la producción, que siempre implica relaciones con otros hombres, tanto en el trabajo mismo como en la distribución del producto. Es sobre estas relaciones que se forman la superestructura política y legal y la superestructura ideológica.
Fuerzas Productivas y Relaciones de Producción
En la base del materialismo histórico y de la visión de Marx de la historia está el concepto de las “fuerzas productivas materiales”. Estas “fuerzas” son la potencia motora que crea todos los acontecimientos y cambios históricos. Lo más que puede decirse es que fuerzas productivas materiales significa “métodos tecnológicos”. Al adquirir nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción y, al cambiar su modo de producción y sus medios de ganarse la vida, cambian todas sus relaciones sociales.
Es importante notar que una invención tecnológica no es algo puramente material, sino el producto de un proceso mental, de razonar y concebir nuevas ideas. Aunque las herramientas y máquinas pueden calificarse como materiales, el funcionamiento de la mente que las creó es indudablemente espiritual. El materialismo marxista, en un sentido profundo, entiende que las máquinas son ideas encarnadas.
Las relaciones de producción, que son las formas en que los productores se relacionan entre sí en la producción, forman "la estructura económica de la sociedad". Una conexión vitalmente importante entre las fuerzas productivas y las relaciones productivas es la naturaleza de la división del trabajo que se ha logrado y el grado en que se ha desarrollado. En La ideología alemana, Marx y Engels escribieron que "división del trabajo y propiedad privada son, además, expresiones idénticas". Esto probablemente significa que cuando los productos son hechos por especialistas que no los usan ellos mismos, entonces deben ser intercambiados o vendidos a quienes sí lo hacen y, por lo tanto, deben ser propiedad del creador original. Una idea asociada es que la división del trabajo fomenta la producción de bienes para la venta, lo que estimula la producción de mercancías y aumenta el poder del dinero.
La Superestructura
La superestructura incluye ciencias naturales, doctrinas legales, religión, filosofías y todas las demás formas de “conciencia”. Se refiere a las instituciones políticas y legales de la sociedad, así como a las ideas, hábitos de pensamiento, ideales y sistemas de justificación, en términos de los cuales los miembros de la sociedad piensan en sí mismos y en sus relaciones entre sí. Marx pensó que estas ideas eran imágenes distorsionadas de, y agentes relativamente ineficaces en, la realidad social, y por lo tanto se refirió a ellas como "ideologías". Dio varias listas de ideologías que incluyen: religión, teología, filosofía especulativa o metafísica, filosofía, moralidad, ética, arte y "ideología política", como puntos de vista contrastantes sobre la democracia, la aristocracia y la lucha por el sufragio.
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Interpretaciones y Críticas del Materialismo Histórico
El "Marxismo" como Doctrina vs. la Esencia de Marx
El “marxismo” fue un intento de imponer una doctrina filosófica, una filosofía de la historia, que pudiera explicar cómo la sociedad hacía transiciones de una etapa a otra. Este malentendido oscureció todo lo que era crucial para todo lo que hizo Marx: la necesidad para la consciencia social de romper sus formas fetichizadas existentes hasta el nivel necesario para el comunismo. El “marxismo” creía que tenía una teoría de la historia, un conjunto de ideas explicativas generales para una “guía a la práctica revolucionaria”, mientras que la verdad de la teoría permanecía esencialmente fuera de cualquier tipo de práctica. El título de este artículo "La deducción en el materialismo histórico" también intenta llamar la atención sobre la oposición directa entre el corpus teórico conocido tradicionalmente como “marxismo” y la esencia de la obra de Karl Marx. La falsificación profundamente arraigada en los relatos tradicionales de las ideas de Marx, en particular de su concepción del desarrollo histórico, es un importante obstáculo para la regeneración del socialismo revolucionario.
Determinismo Económico y Tecnológico
Marx y Engels aplicaron su concepción de la historia al análisis de los hechos políticos y sociales del pasado y de su época, y a la creación de una nueva corriente del socialismo. Esta corriente sumaba al partido comunista y la lucha de clases proletaria el estudio científico de la sociedad burguesa y de la transición a la sociedad comunista. Según esto, las últimas causas de todos los cambios sociales y de todas las revoluciones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea que ellos se forjen de la verdad eterna ni de la eterna justicia, sino en las transformaciones operadas en el modo de producción y de cambio; han de buscarse no en la filosofía sino en la economía de la época de que se trata.
En ciertas interpretaciones, los "métodos tecnológicos" o "modos de producción" única y monocausalmente crean todas las “relaciones de producción” o “relaciones sociales de producción” independientemente de la voluntad de la gente. La suma de estas relaciones de producción de alguna manera constituye la “estructura económica de la sociedad”, y esta estructura económica es la “base” que determina causalmente la “superestructura”. Sin embargo, el materialismo marxista no siempre remonta los fenómenos “superestructurales” e “ideológicos” a sus raíces “materiales” de una manera simplista, considerando que las máquinas son ideas encarnadas. El determinismo histórico de Marx llevó a algunos a alabar toda nueva invención importante como la “fuerza productiva material” mágica que traería inevitablemente la revolución socialista. No obstante, la doctrina materialista puede ser absurda factualmente. Evidentemente, la máquina manual, que predominaba en el antiguo Sumer, no “dio” una sociedad feudal allí; además, había relaciones capitalistas mucho antes de la máquina de vapor.
Ya en vida de Marx hubo epígonos que distorsionaron esta concepción, convirtiéndola en un mero determinismo económico. Engels denunció esta situación en su carta a Joseph Bloch de 1890, en la cual, si bien reivindica que la causa última de los cambios sociales se encuentra en las condiciones económicas, esto no significa que esta influencia sea unilateral e inmediata ni que pueda explicarse cada cambio social a partir de la economía.
La Contradicción y el Cambio Revolucionario
Periódicamente, al ir avanzando la tecnología y los modos de producción, estos entran en conflicto o, en la jerga peculiar hegeliana-marxista, en contradicción con las relaciones de producción, que continúan en las condiciones apropiadas para el periodo pasado de tiempo y la tecnología pasada. Estas relaciones por tanto se convierten en “cadenas” que bloquean el desarrollo tecnológico. Como se convierten en cadenas al crecimiento, la nueva tecnología da lugar a una inevitable revolución social que elimina las antiguas relaciones de producción y su superestructura y crea otras nuevas distintas de las bloqueadas o encadenadas. Cuando nace en los hombres la conciencia de que las instituciones sociales vigentes son irracionales e injustas, de que la razón se ha tornado en sinrazón y la bendición en plaga, esto no es más que un indicio de que en los métodos de producción y en las formas de cambio se han producido calladamente transformaciones con las que ya no concuerda el orden social, cortado por el patrón de condiciones económicas anteriores.
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El "Materialismo" de Marx y otros enfoques
El concepto básico del materialismo histórico es bien conocido. Cuando Plejanov hablaba sobre el “materialismo”, quería conjurar a aquellos pensadores franceses como Holbach y Helvetius, que afirmaban que los pensamientos y acciones humanas tenían sus raíces en las condiciones materiales de la vida de los individuos. Lo que ellos llamaban “materia”, definida como “lo que actúa de una u otra manera sobre nuestros sentidos, causa que sintamos y pensemos, y así que actuemos, de maneras específicas”. Plejanov y Kautsky pensaban que la concepción materialista de Marx era una extensión de este punto de vista para la explicación de la historia. Sin embargo, el marxismo insistió en llamar “materialista” a la concepción marxiana de la historia, pero el materialismo de Marx no tenía nada que ver con la “materia” y el “espíritu”, ni tampoco era una “teoría del conocimiento”.
La Dialéctica y la Herencia Hegeliana
La dialéctica tiene su historia y no se puede negar la raigambre hegeliana en Marx. En El capital, Marx (2008) reconoce: "Me declaré abiertamente, pues, discípulo de aquel gran pensador y llegué incluso a coquetear aquí y allá, en el capítulo acerca de la teoría del valor, con el modo de expresión que le es particular". El viejo escenario sobre “Hegel el idealista” y “Marx el materialista”, en el que Hegel estaba disfrazado como el Obispo de Berkeley, y Marx como Holbach, o incluso como John Locke, mistificaba totalmente la relación entre Marx y Hegel. Marx estaba de acuerdo con Hegel en que la historia había funcionado ciegamente hasta entonces pero sostuvo que ello se debía a que era la historia de una forma de vida falsa, inhumana. Aquí es donde comenzó la crítica de Marx a la dialéctica de Hegel.
Marx señaló que su método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto al método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso de pensamiento, al que él concibe incluso, bajo el nombre de Idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real; y lo real constituye únicamente la forma externa en que la idea toma cuerpo. En cambio, para Marx lo ideal no es más que lo material transferido y traducido en el cerebro de los hombres. Lo que ocurre es que en la dialéctica aparece en Hegel invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho, ponerla de pie y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional.
El Papel de la Conciencia y la Praxis en el Materialismo Histórico
Una vida "verdaderamente humana", el comunismo, que estaba naciendo, sería muy diferente. Nuestras relaciones sociales, y centralmente, nuestra propia conciencia de ellas y de nosotros mismos, serían transparentes para nosotros. Marx comienza con el conocimiento de que la humanidad es socialmente auto-creadora, aunque vive de una manera que lo niega. El conocimiento de este proceso no era algo externo a eso, sino que el mismo se desarrollaba históricamente en la lucha de mujeres y hombres vivos para salir de estas limitaciones.
La famosa declaración de Marx, de que “lo que se trata es de cambiar al mundo” no era una recomendación para alternar un poco de pensamiento con algo de práctica, sino la insistencia en que la verdad objetiva del pensamiento estaba esencialmente ligada a las relaciones entre los seres humanos. Desde la lectura de Hinkelammert -que compartimos- no hay ruptura del Marx de El capital con el de los escritos de juventud, sino continuidad crítica -autocrítica- en el marco del humanismo de la praxis que atraviesa su vida y su obra y que lo ubica en el lugar de enunciación de la emancipación humana y la humanización, en “una praxis de liberación”.
La Deducción del Marco Categorial según Franz Hinkelammert
El objetivo de la presente exposición es procurar una presentación reflexiva de uno de los aportes centrales efectuado por Franz J. Hinkelammert a la comprensión del materialismo histórico. Este aporte, que atraviesa la obra de Hinkelammert en su conjunto, se aborda fundamentalmente a partir del capítulo titulado “Sobre la reconstitución del pensamiento crítico”, en el libro La maldición que pesa sobre la ley. En este texto, Hinkelammert efectúa sus consideraciones, reflexiones y desarrollos, tomando como referencia principal la obra de Marx El capital, en su edición del Fondo de Cultura Económica (traducción de Wenceslao Roces) del año 1966.
Hinkelammert avanza en la novedad que este modo de construir el materialismo histórico que en El capital se insinúa -como fenomenología de la vida real-, implica en una comprensión crítica de la realidad liberada de la lectura mecanicista que pudiera derivarse de aquél prólogo. Esto se logra mediante la implementación de una lectura profundamente dialéctica en la que “la relación jurídica da el marco categorial, dentro del cual se ve y se interpreta el mundo”. Con la relación jurídica, este marco categorial presenta a la vez la relación mercantil y las relaciones de producción. La realidad social no es una realidad a secas, sino una realidad percibida bajo un determinado punto de vista. Por tanto, el marco categorial dentro del cual interpretamos el mundo y dentro del cual percibimos las posibles metas de la acción humana, está presente en los fenómenos sociales mismos, y puede ser derivado de ellos.
Un determinado sistema de propiedad no puede existir si no asegura en la mente humana un marco categorial teórico, el cual hace percibir la realidad correspondiente a tal sistema de propiedad como la única realidad posible y humanamente aceptable. Más allá de las relaciones jurídicas y de la crítica del derecho como discurso legitimador de esas relaciones, Hinkelammert destaca, en línea con el señalamiento de Marx de que “la crítica de la religión es el presupuesto de toda crítica”, que “este mismo marco categorial teórico se encontrará también en los mecanismos religiosos de la sociedad”. Tanto la dimensión jurídica como la dimensión religiosa constituyen lo imaginario que “es dimensión de lo que efectivamente es”.
Para Hinkelammert, estas no son la superestructura condicionada por una base real, sino el entramado de creencias e instituciones que -como marco categorial- hacen que la realidad social sea “una realidad percibida bajo un determinado punto de vista”, marco categorial que hace posible “ver ciertos fenómenos y no otros; asimismo, concebir ciertas metas de la acción humana y no otras”. El espejo de las relaciones jurídicas que se expresa en el contrato, se fundamenta sobre los supuestos de libertad, igualdad, la propiedad y Bentham que lo hacen fácticamente posible y lo legitiman. En él se refleja la relación económica mercantil que encuentra en la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos, condiciones de posibilidad y legitimidad elevadas a la condición de principios. El contenido de esta relación jurídica o de voluntad lo da la relación económica misma. Interpretar esta realidad como realidad última, resultará necesariamente en la confirmación del supuesto constituyente: el reconocimiento mutuo de las personas como propietarios. Se trata de un quid pro quo, un círculo vicioso.
Hinkelammert explica por qué el acceso a la fenomenología de la vida real es necesario y posible: “…en cuanto las personas se reconocen como propietarios, no se reconocen como sujetos en cuanto que sujetos de necesidades”. La dimensión humana está presente por ausencia -como no ser- en el solapamiento tautológico de la dimensión jurídica y la dimensión económica del mundo mercantil que afirman al propietario, desplazando al sujeto humano, reduciendo las relaciones humanas a relaciones contractuales y construyendo un mundo de “relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre cosas”. Ese reconocimiento hace al lugar de enunciación del materialismo histórico como fenomenología de la vida real, como “ciencia”.
Reflexiones sobre la Ciencia y la Crítica
Una crítica exige un punto de vista explícito, un criterio contra el cual medir el objeto bajo la crítica. Todo pensamiento, que critica algo, por eso no es pensamiento crítico. La crítica del pensamiento crítico la constituye un determinado punto de vista, bajo el cual esta crítica se lleva a cabo. Este punto de vista es el de la emancipación humana. En este sentido, es el punto de vista de la humanización de las relaciones humanas mismas y de la relación con la naturaleza entera. Emancipación es humanización, y humanización desemboca en emancipación.
Marx admiraba a los economistas políticos que se esforzaban en explicar por qué la vida económica funciona de la manera en que lo hace. Pero la propia existencia de la economía política como una ciencia apuntaba hacia un misterio en el corazón de esas actividades económicas en las que todos están envueltos, que nadie puede controlar, y que por consiguiente están en la base de toda la vida social. Sin embargo, la economía política no puede imaginar la posibilidad de otra forma humana de vivir. Este es el punto de partida de las críticas marxianas de la religión de la Utopía, de la dialéctica de Hegel, y de la economía política.
La crítica de Marx -una palabra que aparece en el título de casi todas sus principales obras- promueve cuestiones teóricas sobre la realidad desde la vida que les da origen, demostrando que esta realidad es inhumana. La ciencia teórica, en la forma de un estudio científico particular, busca explicar algún aspecto particular del mundo. Tal ciencia no puede tener en sí misma una explicación científica, más de lo que la Utopía podría explicarse a sí misma.
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