El concepto de enajenación (o alienación) caracteriza, en primer lugar, el proceso y los resultados de la transformación de los productos de la actividad humana, así como de las propiedades y capacidades del hombre, en algo independiente de los individuos y que los domina. En segundo lugar, define la transformación de cualesquiera fenómenos y relaciones en algo distinto de lo que son de por sí, la deformación y desvirtuación en la conciencia de los individuos de sus relaciones vitales reales. Cuando hablamos de enajenación nos estamos refiriendo a la acción o efecto de perder el control sobre alguna creación nuestra, volviéndose esta distinta, extraña y ajena.
Evolución histórica del concepto
Podemos encontrar las fuentes de esta idea en las concepciones de la Ilustración francesa y alemana. En la filosofía clásica alemana, la interpretación idealista de la enajenación fue desarrollada con la mayor plenitud por Hegel, para el cual todo el mundo objetivo es el “espíritu enajenado”. Según Hegel, la tarea del desarrollo consiste en eliminar esta enajenación en el proceso del conocimiento. Por otro lado, Feuerbach consideraba la religión como enajenación de la esencia humana y el idealismo como enajenación de la razón, reduciendo el fenómeno únicamente a los procesos de la conciencia.
Marx, quien concedió gran atención al análisis de la enajenación, partía de que ésta expresa las contradicciones de una determinada etapa del desarrollo de la sociedad. La enajenación debe su origen a la división del trabajo y está enlazada con la propiedad privada. Marx centra su atención en el análisis de la enajenación del trabajo, permitiéndole concebir la conciencia desfigurada como resultado de las contradicciones de la vida social real.
Dimensiones de la enajenación en el pensamiento marxista
En el marco de la concepción materialista de la práctica, toda forma de enajenación de la conciencia tiene su fundamento en las formas de la enajenación material-práctica: el Estado, el dinero y, en última instancia, la propiedad privada de los medios de producción. La enajenación económica es la enajenación de la vida real y su superación abarca ambos lados.
Formas de enajenación económica
- Propiedad privada: Relación de exclusión donde para que unos sean propietarios, otros necesitan estar desposeídos.
- Explotación: Una parte del trabajo realizado no se la quedan los productores, sino los dueños de los medios de producción.
- Subsunción real del trabajo: El trabajador ya no puede controlar su propia actividad laboral.
- Fetichismo de la mercancía: Creencia falsa de que las mercancías y el dinero tienen valor por sí mismos, ocultando que el valor es producto del trabajo humano.
El capitalismo se apropia del trabajo vivo, enajenándolo del trabajador, y lo transforma en trabajo muerto, en capital, con el que puede seguir enajenando el trabajo del trabajador. Cuanto más trabaja el trabajador y más riqueza produce, más fortalece aquello que lo enajena, lo explota y lo empobrece. La enajenación es, por tanto, el proceso por el que padecemos lo que deja de ser nuestro para volverse contra nosotros; nuestra fuerza termina siendo la del poder con el que se nos domina, con el que se nos explota y se nos oprime.
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La superación de este estado no se logra mediante acciones puramente interiores o intelectuales. De lo que se trata, en realidad y para el materialista práctico, es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos. El reflejo religioso del mundo real únicamente podrá desvanecerse cuando las circunstancias de la vida práctica, cotidiana, representen para los seres humanos relaciones diáfanamente racionales.
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