Enajenación Política: Descubre su Impacto y las Claves para Entenderla Profundamentepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La enajenación, también conocida como alienación, se describe como un proceso por el que algo se vuelve ajeno. En un sentido general, es la separación del hombre de lo que le pertenece, en provecho de algo o alguien externo. Lo enajenado puede ser un objeto que se vende, dona o transfiere, dejando de ser propiedad de quien lo poseía. También puede ser un lapso de tiempo, la propia vida cuando es arrebatada por otro, o incluso la propia persona, el propio ser, cuando se deja de pertenecer a uno mismo. Uno se siente poseído por otro, por una pasión, por roles desempeñados, por las normas, la cultura o el sistema, volviéndose ajeno a sí mismo.

Se piensa en la enajenación desde la antigüedad, pero es en el siglo XIX, en Alemania, donde surge una reflexión filosófica sistemática sobre el fenómeno. Este término puede ser designado por varios vocablos alemanes que acentúan distintos aspectos. El elemento de ajenitud es destacado por Entfremdung, que indica separación o distanciamiento de lo ajeno o extraño. Otra palabra frecuente es Entäusserung, donde el apartamiento es hacia lo que reaparece en una posición exterior, exteriorizado o separado de uno. Otros términos como Enteignung (poseído por otro) y Veräusserung (a disposición de otro) describen aspectos fundamentales del mismo fenómeno.

Entfremdung ha sido traducido como "enajenación" o "extrañación". Por su parte, Entäusserung es un término que en algunas traducciones se interpreta estrictamente como "enajenación". Sin embargo, el empleo de estas palabras alemanas suele ser muy libre, y las diferencias entre ellas pueden borrarse o complicarse, incluso utilizándose como elementos intercambiables, especialmente en Marx.

La Enajenación en la Filosofía Clásica Alemana

El concepto de enajenación aparece con mayor frecuencia en las obras de juventud de Marx, pero sus raíces se encuentran en la filosofía alemana, especialmente en el idealismo de Hegel y el materialismo de Feuerbach.

Hegel y el Desarrollo de la Conciencia

En la obra de Hegel, la enajenación forma parte de un análisis más amplio sobre la relación del ser humano con la naturaleza y su desarrollo de la conciencia. Inicialmente, el ser humano está determinado por la naturaleza. Posteriormente, desarrolla su conciencia y se apropia de la realidad, volviéndose un agente activo capaz de crear y transformar. Este mundo nuevo, la cultura, es el ser humano objetivándose a sí mismo. Sin embargo, en un momento posterior, lo que el ser humano produjo queda fuera de su control, volviéndose ajeno y sometiéndolo. Esta cultura producida se convierte en una segunda naturaleza. Para Hegel, este proceso es una evolución guiada por un "Espíritu ideal".

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Feuerbach y la Crítica al Idealismo

Fue Feuerbach quien criticó el idealismo de Hegel, planteando que todas las ideas humanas son productos de la actividad humana y no tienen una realidad propia e independiente. Atribuirles una existencia independiente a estas ideas es caer en una nueva forma de enajenación. Con su crítica, Feuerbach dio el paso del idealismo al materialismo. Sin embargo, Feuerbach cometió el error de hablar del ser humano en abstracto, como una categoría filosófica, olvidando la dialéctica hegeliana que explicaba cómo las personas transforman su realidad.

Marx y la Enajenación Socioeconómica

Marx hereda el concepto de enajenación de la filosofía alemana, recuperando la dialéctica de Hegel pero posicionándose en el materialismo. Para Marx, el ser humano es un agente activo capaz de cambiar el mundo, pero no se puede hablar de enajenación en abstracto. La dialéctica materialista lo llevó a enfocarse en el aspecto económico para conocer científicamente la realidad social. En su concepción materialista de la historia, la base de la economía es el trabajo, que al principio está a merced de la naturaleza, pero el desarrollo de la conciencia permite innovaciones y nuevas formas de organización de la producción.

El joven Marx resitúa la enajenación en las esferas de la sociedad y la economía desde 1843, en su obra La Cuestión Judía. Esta obra distingue la auto-enajenación teórica del ser humano en el cristianismo y su enajenación práctica en el moderno judaísmo, conectando las expresiones ideológico-religiosas y socioeconómicas de la enajenación como indisociables. En 1844, en sus Cuadernos de París y Manuscritos económico-filosóficos, Marx describe minuciosamente el aspecto socioeconómico de la enajenación humana. Aquí, el trabajo productivo en el sistema capitalista, poseído por los capitalistas, no pertenece a los trabajadores, les es ajeno, está enajenado, al igual que su producto y su propia humanidad, así como sus relaciones con los demás seres humanos.

Marx critica el énfasis unilateral de Feuerbach en la forma ideológica-religiosa de la enajenación, argumentando que Feuerbach no explicó las causas terrenales en la sociedad y la economía. La sociedad de clases y la forma socioeconómica resultante de la enajenación en el mundo material preceden y provocan la forma ideológica religiosa de la enajenación en el mundo ideal. Nuestra vida enajenada es la vida expropiada por otro, la que se vuelve su propiedad privada. La privación y expropiación inherentes a la propiedad privada están en el origen de la enajenación.

Según Marx, en La Sagrada Familia (1845), la clase poseedora "se siente a gusto y fortalecida" en la enajenación, reconociéndola "como su propio poder", mientras que la clase desposeída "se siente aniquilada" y ve en ella "su propia impotencia". Por esto, la enajenación solo puede ser combatida por los desposeídos, por los trabajadores explotados, quienes la sufren y desean liberarse de ella.

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Aunque Marx usa con frecuencia el concepto de enajenación en sus obras de juventud, en trabajos posteriores, como en los Grundrisse y los manuscritos que preparan El Capital, el concepto se recentra en la esfera de la economía, conservando su profundidad y trascendencia. Categorías económicas como el capital, el dinero y el valor de cambio son, de hecho, existencias enajenadas. Todo en el sistema capitalista se muestra inhumano y ajeno a lo humano. La enajenación implica que el obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, convirtiéndose en una mercancía más barata cuantas más mercancías produce. La enajenación es el proceso por el que padecemos lo que deja de ser nuestro para volverse contra nosotros, como el valor de lo que producimos y la riqueza que generamos, que se nos vuelven inversos y adversos.

Marx nos pide suponer una producción en la que el ser humano "produce en tanto que ser humano", desenvolviéndose a través de lo que produce, "objetivando mi individualidad y mi peculiaridad", creando un producto que sería su "expresión vital individual" y una "comprobación de mi personalidad". Esta actividad no enajenada podría compararse con la creación artística, en la que nos realizamos al manifestar lo más íntimo de nuestro ser. Esto contrasta con el trabajo enajenado en el capitalismo, donde el trabajador no puede expresarse, objetivar su individualidad ni realizar nada íntimo de su ser, quedando su trabajo subsumido y poseído por el capital.

Enajenación Política: Un Fenómeno Social

La enajenación política puede involucrar sentimientos de desconfianza, desprecio o temor hacia la vida política. Estos sentimientos pueden surgir del colapso de las normas y valores sociales que han guiado a la sociedad, provocando un total rechazo al sistema político en su conjunto. Los individuos tienden a sufrir alienación política como consecuencia del fracaso de los gobiernos para satisfacer las necesidades y expectativas de los ciudadanos o de su incapacidad para proporcionar la seguridad y tranquilidad que ellos requieren.

La Política y el Individuo

La política, aunque no abarca todo el espectro ético de los seres humanos, ha ganado una gravitación amplia y determinante en nuestra existencia. A menudo, las personas, incluso aquellas que declaran no "meterse" en política, no pueden escapar de ella y la ejercen por defecto, ya que sus regulaciones y prácticas influyen en gran medida en la actuación cotidiana. Como afirmaba Aristóteles, el ser humano es un zoon politikon, un animal político, con la facultad de organizar provechosamente su vida compartida.

Sin embargo, con la profesionalización creciente de la actividad política y la especialización de las formas de organización social, ha surgido una nueva categoría profesional: el político de carrera. De esta creciente separación entre la construcción colectiva de los ciudadanos y la proyección de acciones por un grupo "representativo", ha surgido una enajenación de la acción política entre dirigentes y dirigidos. Los líderes, al centrarse en una perspectiva general de la sociedad y guiarse por plataformas ideológicas, pueden llegar a sustituir el conocimiento de la realidad concreta común por visiones utópicas, lo que se ha denominado "realidad virtual" de la mente humana.

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Los líderes, sobre todo aquellos que creen encarnar los designios de sus pueblos, consideran que su pensamiento resume y expresa el de los demás. En este estado de determinación vertical, el flujo de conocimiento rara vez se verifica del pueblo hacia los dirigentes. A esto se suma el apoyo de los medios de comunicación, que difunden y justifican las ideas del grupo gobernante, promoviendo una sublimación de la realidad. Además, las condiciones de vida de los políticos a menudo difieren de las de sus súbditos, y las visitas "sorpresivas" se realizan en entornos controlados, lo que contribuye a la distancia entre la realidad objetiva y la realidad ideológica. Para un mejor desempeño y progreso de un país, es necesario estimular el pensamiento crítico, aceptar el disenso cívico y la diversidad de pensamiento, y fomentar la participación efectiva de los ciudadanos en la toma de decisiones.

La Enajenación Política en la Modernidad Capitalista

Para Bolívar Echeverría, la teoría de Marx sobre la enajenación y el fetichismo es la entrada conceptual más decisiva a la discusión sobre los nexos entre la modernidad y el capitalismo. La libertad del ser humano ha tenido que negarse como libertad política, soberanía o ejercicio de autarquía en la vida social cotidiana para no dejar de existir. Desde siempre, las ocasiones para que el ser humano concrete su libertad como soberanía de manera positiva han sido prácticamente nulas, limitándose a momentos de transgresión y reto. Los conglomerados de poder extra-políticos (económicos, religiosos, etc.), parasitarios pero necesarios para la reproducción social, han concentrado y monopolizado la capacidad de reproducir la forma de la vida social.

Esta historia política, desde las disposiciones despótico-teocráticas hasta el gobierno democrático-estatal, es una vocación destinada a frustrarse, y se encuentra en la base de la desconstrucción crítica de la cultura política moderna implicada en el concepto de enajenación propuesto por Marx. El conglomerado moderno de poder extra-político que vigila el ejercicio de la soberanía por parte de la sociedad es el que resulta del Valor de la mercancía capitalista como "sujeto automático". Este poder se ejerce en contra de la comunidad como asociación de individuos libres, pero a través de ella misma. El Valor de la mercancía capitalista ha usurpado a la comunidad humana la ubicación desde donde se decide su sistema de necesidades de consumo y capacidades de producción, así como su propia identidad política. Esta suspensión de la autarquía o enajenación de la capacidad política del sujeto social es la esencia del "fenómeno de la cosificación".

Perspectivas sobre la Enajenación Política

Existen diferencias sustanciales en el significado del término "enajenación" en el contexto político.

Concepto de Enajenación Descripción
Uso Anglosajón Fenómeno subjetivo, una sensación de inutilidad de los derechos civiles y políticos. El pueblo se siente "enajenado respecto del sistema político", carente de libertad política, y considera el derecho de voto como insignificante. Es un sentimiento subjetivo, un mal psicológico.
Términos Marxistas Fracaso de los ideales de libertad e igualdad; "el producto real de los derechos y libertades es un sistema eficiente de dominación". Se afirma que "el sistema está enajenado respecto de la gente", enfatizando una dimensión estructural y sistémica.

Estas definiciones, radicalmente opuestas, muestran diferencias teóricas y políticas básicas. La teoría de la enajenación como teoría política debería reconocer que la usurpación de la soberanía social por parte de la "república de las mercancías" y su "dictadura" capitalista no es un acto fechado, sino un acontecer permanente en la sociedad capitalista. En este proceso, la mixtificación de la voluntad política tiene lugar de manera parasitaria y simultánea a la propia formación de esa voluntad. La "gestión" política del capital se lleva a cabo como la construcción de una interioridad política propia, instalando un ámbito peculiar e indispensable de vida política para la sociedad, el de la agitación partidista dentro del estado democrático representativo.

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