La Contabilidad como Lenguaje Empresarial y sus Estados Financieros
“La contabilidad es el lenguaje de los negocios”, dijo en 2014 el inversor y empresario Warren Buffett. Cualquiera que sepa algo sobre el funcionamiento de una empresa sabe que, efectivamente, mantener una contabilidad precisa y exhaustiva es clave para que la salud financiera de la compañía sea fuerte y robusta. El objetivo principal de estos informes es precisamente reflejar de un modo exacto la situación real de la empresa, pero su utilidad e importancia van más allá.
Estos documentos facilitan la toma de decisiones para administradores, directivos, inversores e incluso acreedores, al proporcionar los datos y análisis necesarios para la toma de decisiones informadas sobre inversión y financiación. “Es una obligación mercantil”, confirma David Carro Meana, presidente de IFFE Business School. Además, en el caso de sociedades sometidas a regulaciones adicionales, como las cotizadas, están obligadas a su divulgación. La elaboración de los estados financieros debe ser exhaustiva y precisa, evitando los errores. No obstante, lo más habitual es que “los registros contables se realicen con suma diligencia”, puntualiza Carro Meana, que añade que la normativa es cada vez más garantista en este sentido.
Componentes Clave de los Estados Financieros
En España, por ejemplo, los detalles de lo que hay que elaborar están recogidos en el Plan General de Contabilidad o PGC, donde se refieren a los estados financieros como cuentas anuales. El PGC es obligatorio para “todas las empresas, cualquiera que sea su forma jurídica, individual o societaria, sin perjuicio de aquellas empresas que puedan aplicar el Plan General de Contabilidad de Pequeñas y Medianas Empresas”.
Los documentos que integran las cuentas anuales son:
- El balance: “Muestra lo que la empresa tiene y la manera en que se financia”, resume Rodríguez Valencia. Este documento tiene dos partes: “En un lado están los activos, mientras que en el otro se encuentran los pasivos y el patrimonio neto”.
- La cuenta de pérdidas y ganancias: Este informe “refleja cómo ha sido la evolución del negocio en un período determinado”, indica Carro Meana, detallando los ingresos, gastos y beneficios.
- El estado de cambios en el patrimonio neto: En este documento se refleja “la evolución de los resultados acumulados por el negocio y su impacto patrimonial”, indica Carro Meana.
- El estado de flujos de efectivo: Este informe ayuda a “explicar el cambio en el efectivo contable y sus equivalentes”, señalando las actividades operativas, actividades de inversión y actividades de financiación.
- La memoria: La memoria “abunda en el detalle de las principales políticas y registros contables de la sociedad”, explica Carro Meana. El modelo de la memoria recoge la información mínima a cumplimentar; no obstante, en aquellos casos en que la información que se solicita no sea significativa no se cumplimentarán los apartados correspondientes.
La Relación entre el Desarrollo Financiero y el Crecimiento Económico
La teoría tradicional de finanzas y desarrollo postula una relación directa entre el sector financiero y el desarrollo económico. Esta teoría ha sido extendida recientemente para sugerir una relación directa entre el desempeño de los mercados accionarios y el crecimiento económico. La relación entre el desarrollo financiero y crecimiento económico ha sido ampliamente discutida, estando bien identificado que el desarrollo financiero es crucial para un crecimiento económico y viceversa.
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El estudio de Levine (2004) señala que la literatura existente ha sido clasificada en función de la importancia del sector financiero para el crecimiento. Autores como Schumpeter (1912), Goldsmith (1969), McKinnon (1973), Shaw (1973), Jung (1986), King y Levine (1993), Arellano (1993), Odedokun (1996), Demetriades y Luintel (1996), Demetriades y Hussein (1996), Arestis y Demetriades (1997), Naranjo (1997), Levine y Zervos (1998), Demetriades y Luintel (2001), Guiso, Sapienza y Zingales (2004), Shen y Lee (2006), López y Rodríguez (2010), entre otros, encuentran evidencia contundente para respaldar la relación existente entre estas dos variables en un sentido o en el otro.
Cuando se permiten los costos de información y transacción, se hace necesaria la intermediación del sistema financiero para vincular a los oferentes y demandantes de fondos prestables. Así, se transforman los ahorros de las familias en créditos para las empresas y se decide a qué actividades productivas financiar y a cuáles no.
De acuerdo con Guzmán, Leyva y Cárdenas (2007), la relación sistema financiero-crecimiento económico puede ser presentada de dos maneras:
- El grado de desarrollo del sector financiero mejora la asignación de recursos entre proyectos. Esto se debe a que los mercados desarrollados promueven un mejor análisis de la información, lo que permite elegir entre proyectos más rentables aumentando la productividad del capital, y con ello, el crecimiento económico.
- El mercado financiero mejora la elegibilidad de los proyectos mediante la diversificación de riesgos. Si el mercado se encuentra más desarrollado pueden financiarse inversiones de alta rentabilidad, aunque los proyectos sean menos líquidos y más riesgosos, sugiriendo con ello la existencia de complementariedad entre la capitalización del mercado financiero y la tecnología.
Por tanto, la existencia de una relación, entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico, se sustenta en el hecho de que un aumento en la capitalización del mercado, permitiendo a las empresas un fácil acceso a fuentes de financiamiento, resulta en un aumento en la productividad de todos sus factores, impulsando con ello el crecimiento económico (Pollack y García, 2004).
Causalidad en el Desarrollo Financiero y el Crecimiento Económico
Un problema común consiste en determinar si los cambios en una variable son causa de la variación en otra. El concepto probabilístico de causalidad está basado en la idea de que en el tiempo la causa siempre precede a los efectos. Si una serie de tiempo causa a otra, el conocimiento del primer proceso ayudaría a predecir los valores futuros del otro, después de que hayan sido tomadas en cuenta las influencias de otras variables.
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Granger (1969) fue el primero en proponer un test de causalidad. En términos simples, la prueba de Granger establece que si X causa a Y, entonces cambios en X deben preceder a cambios en Y. La idea intrínseca en estas pruebas es muy simple: si X causa a Y, entonces los cambios en X deben preceder a los cambios en Y, o de forma equivalente si los coeficientes de la variable X retardada son significativos estadísticamente. En la práctica, lo habitual es encontrarse con una doble causalidad: X causa a Y e Y causa a X. No obstante, es importante resaltar que la afirmación X causa a Y, no implica que Y sea el efecto o el resultado de X, pues intervienen además, otros factores al margen de X (Pindyck y Rubinfeld, 2001).
Los resultados empíricos son diversos. En el caso de Jung (1986) y Demetriades y Hussein (1996), emplean como medidas del desarrollo financiero el ratio del dinero al PIB, encontrando que la dirección de la causalidad frecuentemente va en ambas direcciones, especialmente para aquellos países desarrollados. Christopoulos y Tsionas (2004) encontraron fuerte evidencia en favor de que la hipótesis sobre la dirección de la causalidad a largo plazo va en sentido del desarrollo financiero al crecimiento económico y no encuentran evidencia de causalidad en ambos sentidos. Hassana, Sánchez y Yuc (2011) ponen de manifiesto evidencia sobre el papel del desarrollo financiero para el crecimiento económico en los países de bajos y medianos ingresos, encontrando una relación positiva entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico en los países en desarrollo.
Características Distintivas de las Estructuras Financieras en Economías Desarrolladas y en Desarrollo
El importante trabajo de Levine (1997) muestra que hay una fuerte relación positiva entre indicadores del nivel de desarrollo del sistema financiero y algunos parámetros seleccionados del crecimiento económico. Diversos estudios sobre este tema muestran que el comportamiento de financiamiento de las empresas es diferente según el nivel de desarrollo de los países, lo que podría reflejar la modificación de la estructura de los sistemas financieros que acompaña al desarrollo económico. Levine señala a este respecto que el análisis teórico y los estudios empíricos no han llegado a conclusiones definitivas sobre el sentido de la relación de causalidad que se establece entre el desarrollo del sistema financiero y el desarrollo económico, dando lugar al planteamiento de una causalidad bidireccional.
En su importante estudio sobre las estructuras financieras en los países en desarrollo, Singh y Hamid (1992) plantean si el financiamiento por deuda domina a los otros tipos de financiamiento y si hay diferencias importantes en los patrones de financiamiento de las empresas en los países en vías de desarrollo y los países desarrollados. Estos autores aportan respuestas interesantes a esas preguntas.
A continuación, se presenta una tabla comparativa de los patrones de financiamiento en países desarrollados y en desarrollo, basada en los hallazgos de Mayer (1988), Taggart (1985) y Singh y Hamid (1992):
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| Aspecto del Financiamiento | Países Desarrollados | Países en Vías de Desarrollo |
|---|---|---|
| Fuentes para el crecimiento de empresas | Principalmente por fuentes internas | Nivel de recursos internos inferior |
| Participación de mercados financieros en financiamiento externo | Reducida (bonos, acciones, títulos de corto plazo) | Sobre todo mediante emisión de acciones, y secundariamente a través de deuda |
| Aporte de los bancos | Fundamental | - |
La relación directa entre el desarrollo del sistema financiero y el desarrollo económico establecida por importantes estudios ha conducido al cuestionamiento sobre el papel relativo de los mercados financieros y del sistema bancario en el proceso de desarrollo económico (Renversez, 2001), lo que ha sustentado la clasificación de los sistemas financieros entre los Bank Based System y Market Based System (BB-MB).
Desafíos en la Comparación de Datos Financieros entre Países
El análisis del comportamiento de financiamiento de empresas se realiza a partir de datos contables, los cuales pueden tener un diferente nivel de agregación y sujetarse a un tratamiento contable y analítico más o menos arbitrario, por lo que las conclusiones de los estudios sobre el tema en los diferentes países no suelen ser coincidentes. La existencia en la contabilidad nacional de cuentas sectoriales referentes al sector empresarial constituye un factor homogeneizador de los datos y de los procedimientos analíticos utilizados, lo que contribuye a explicar la similitud en las conclusiones obtenidas en el caso de estudios comparativos sobre países desarrollados y también las diferencias resultantes cuando se trata de países de diferente nivel de desarrollo (sobre todo por la ausencia de cuentas específicas sobre el sector empresarial en los países en vías de desarrollo, México incluido).
Este estudio debe aceptar la siguiente limitación: la agregación, calidad y tratamiento de los datos difiere en los países analizados. Se señala en particular que los períodos analizados, de acuerdo con datos disponibles, son diferentes en el caso de Estados Unidos. Los datos de este país (1970-1994) son anteriores a los períodos estudiados para México (1995-2004) y Canadá (1990-2002). Sin embargo, aun cuando los datos en el caso de E. U. corresponden a un período anterior, las cifras son pertinentes para el modesto objetivo que se persigue, a saber, apreciar una eventual evolución de los comportamientos de financiamiento de las empresas de México y de Canadá hacia el ejemplo más acabado de mercados financieros constituido por el sistema financiero de Estados Unidos. Los datos sobre este país constituyen un "esquema tipo" con el que se compara la evolución de las estructuras financieras en México y Canadá.
En el estudio de las estructuras financieras, de manera general, hay dos fuentes de información en el estudio del comportamiento de financiamiento de las empresas: los datos sobre el flujo de fondos entre diferentes sectores de la economía registrados en la contabilidad nacional y los datos contables de las empresas individuales.
Ventajas y Desventajas de las Fuentes de Datos
- Utilización de datos agregados:
- Ventajas: 1) Reduce considerablemente la arbitrariedad en la presentación y análisis de datos sobre el financiamiento de las empresas. 2) Homogeneiza los datos y permite establecer metodologías comunes de análisis de los datos facilitando así la comparación entre países.
- Desventajas: La desventaja básica que detectamos es que pocos países disponen de datos agregados del sector empresarial.
- Utilización de datos contables de las empresas:
- Ventajas: 1) Puede obtenerse datos de grandes empresas (GE) en todos los países con relativa facilidad. 2) Como se señaló, las conclusiones obtenidas mediante muestras de empresas pueden ser válidamente generalizadas a nivel global.
- Desventajas: 1) La presentación y clasificación de los datos puede presentar diferencias considerables y, en consecuencia, dificultar la comparación de las estructuras financieras. 2) No es fácil encontrar un conjunto de empresas que presente datos completos en un período tan largo como el analizado en este trabajo (10 años). 3) Puede darse el caso de que una empresa, por tener un tamaño considerable en relación con el resto de las empresas de la muestra, influya en la estructura promedio de ésta.
Serletis y Pinnoi (2006) aportan una descripción detallada de las metodologías basadas en los flujos netos y brutos de la contabilidad nacional que permiten analizar comparativamente las estructuras financieras de las empresas industriales de diferentes países. En el caso de México, debido a que en la contabilidad nacional se carece de cuentas que registren los datos contables del sector empresarial privado, se utilizan datos del balance de una muestra de grandes empresas (GE) industriales cotizadas en la Bolsa Mexicana de Valores.
Evolución y Dinámica de los Flujos Internacionales de Capital
La obtención de flujos internacionales de capital es una condición imprescindible para la reproducción económica de los países en desarrollo (PED), debido a la insuficiencia de las fuentes internas de acumulación para generar recursos que cubran la demanda nacional y la inversión y permitan la consecución de las metas de crecimiento económico y social. Aunque los inversores internacionales evalúan como una opción rentable la colocación de sus capitales en los países en desarrollo, consideran amenazas a sus propios intereses geoestratégicos y de seguridad nacional los entornos vulnerables y de riesgos elevados.
En los países en desarrollo, las brechas, las fallas de sus mercados internos, el atraso tecnológico, la dependencia y la complejidad social, el aumento de la inmigración ilegal, la violencia, el terrorismo, el cambio climático y las pandemias imponen un costo muy alto a la cantidad y calidad de los flujos que reciben. Según la lógica de internacionalización del capital, quien invierte su dinero buscará hacerlo en aquellos países cuyas condiciones le sean más favorables y donde puedan obtener mayores márgenes de ganancia.
El fin de la Segunda Guerra Mundial marca el momento histórico donde confluyen las condiciones económicas, políticas y sociales que sustentan el dinamismo de los flujos internacionales de capital. La desintegración del sistema colonial en los años sesenta involucró a otras áreas geográficas y también desempeñó un papel decisivo, porque terminó de conformar el mapa internacional de los flujos de capital a nivel global. Las nuevas relaciones neocoloniales consolidaron el papel de suministradores de materias primas y productos primarios a las excolonias y llevaron la dependencia a formas más sofisticadas de naturaleza comercial, financiera y tecnológica.
Durante todo el período de la posguerra y hasta finales de los años sesenta, predominó el financiamiento internacional proveniente de flujos de naturaleza oficial. Sin embargo, los cambios que acontecieron en la economía internacional en los años setenta determinaron un nuevo comportamiento en el patrón de financiamiento internacional en detrimento de los flujos oficiales y a favor de los flujos privados. Las nuevas condiciones en la esfera de la circulación, conjuntamente con una crisis importante en la esfera de la producción, la reducción de la cuota de ganancia industrial y la subida de los precios del petróleo alimentaron el traslado del capital a la esfera de la circulación bajo la forma de capital de préstamo. Esto fortaleció y consolidó al euromercado y los eurobancos se convirtieron en el destino de una importante cantidad de capital proveniente de los países en desarrollo, especialmente de los exportadores de petróleo.
A pesar del predominio absoluto del financiamiento bancario vía préstamos, no todos los países fueron avalados como sujetos de crédito en las mismas condiciones, sino, preferentemente, aquellos cuyos niveles de ingresos eran comparativamente superiores. La sustitución de las fuentes de financiamiento oficiales por los préstamos bancarios en las economías en desarrollo implicó el acceso a fuentes dinámicas, pero, por otra parte, trajo un mayor control externo sobre sus decisiones de políticas macroeconómicas y de inversión. Todo esto, unido a las condiciones de mercado en que fueron otorgados (tasas de interés altas y cortos períodos de amortización), sentó las bases para una aguda crisis de financiamiento en los años siguientes.
La década de los ochenta trajo consigo importantes cambios en la política económica de los países desarrollados. La subida de las tasas de interés en Estados Unidos para controlar la inflación provocó una importante afluencia de capital a depósito hacia ese país y, por tanto, salida de capitales del resto del mundo hacia su mercado de valores. La orientación de los flujos internacionales de capital privilegió a los países desarrollados y el incremento en la demanda de dólares provocó su apreciación. Además de los cambios en la orientación geográfica de los flujos internacionales de capital, los países en desarrollo debieron enfrentar la apreciación del dólar que incrementó el valor nominal de la deuda a niveles muy altos, deuda que fue contratada con acreedores privados y en condiciones de mercado. Esta situación determinó un fuerte revés a la capacidad de pago de los deudores y la declaratoria de una moratoria de pagos en cadena que prácticamente colapsó los flujos internacionales de capital.
La crisis de la deuda, estallando en 1982 con la suspensión de pagos de México, representó una dura contracción de los flujos financieros especialmente los crediticios, y la puesta en marcha de repetitivos acuerdos con acreedores extranjeros que marcaron el horizonte financiero de los años ochenta con serias secuelas económicas para los países deudores. Como resultado de toda la dinámica de cambios, las fuentes oficiales de financiamiento se convierten nuevamente en protagonistas, no por cambios propios e incrementos cuantitativos sustanciales, sino por detrimento de las fuentes privadas.
La década de los noventa trajo consigo el retorno del capital privado. Si en los setenta fueron los préstamos voluntarios de la banca privada internacional, en los noventa se destacaron las inversiones extranjeras que se convirtieron en la forma básica de captar financiamiento internacional a partir de entonces. Otro rasgo distintivo de este regreso del capital privado fue la concentración en los países de mayor desarrollo relativo de Asia y América Latina, los cuales captaron el 74 % del total de los flujos hacia los países en desarrollo y el dinamismo que permitió multiplicar varias veces los montos que se recibían al inicio de la década con respecto a su final. Entre 1990-1997 los flujos de capital privado superaron los niveles anteriores a la crisis de la deuda y solamente cinco países accedieron al 50 % del total, doce recibieron el 75 % y 140 recibieron menos del 5 % (Fondo Monetario Internacional, 1999).
La gran mayoría de los rasgos que caracterizaron la década de los noventa permanecen en la actualidad, tal es el caso de la profunda depresión de los flujos financieros de carácter oficial y el predominio de los flujos de carácter privado como principal fuente de financiamiento externo con marcado comportamiento procíclico, gran inestabilidad y volatilidad. Desde los instrumentos para captarlos se ratifica a los flujos de inversión directa (FDI), la financiación mediante bonos y acciones y a la AOD como los más utilizados dentro de los llamados tradicionales.
Independientemente de sus propósitos declarados, la entrada de estos flujos eleva la dependencia externa, el endeudamiento, las tensiones fiscales y monetarias y compromete el futuro de las economías. La práctica ha demostrado que tanto el financiamiento como las condiciones en que se negocian y utilizan los flujos captados, lejos de contribuir al mejoramiento económico de las naciones, ponen en riesgo la prosperidad, el crecimiento y la independencia de los receptores, si no existe una política de regulación y absorción correctamente diseñada. Un elemento esencial en materia de flujos de capital externos es rescatar el papel de políticas macroeconómicas anticíclicas que sean apropiadas para los países en desarrollo, donde los ciclos son, en gran medida, de origen externo y se transmiten, cada vez más, a través de la cuenta de capitales.
El diseño y puesta en funcionamiento de las políticas macroeconómicas para el control de capitales externos no es una tarea fácil, ya que los mercados financieros generan fuertes incentivos para seguir sus reglas y, además, la globalización impone límites objetivos a la autonomía de las políticas macroeconómicas domésticas y ese es precisamente el reto. Un mal diseño de políticas para el control de los flujos de capital externo, o la ausencia de estas, provoca la desarticulación interna y reproduce la dependencia externa.
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