El Carmen de San Luis se constituye en uno de los monumentos artísticos más sobresalientes de la arquitectura religiosa de la Nueva España, y aún cuando existen otros monumentos de magnitudes artísticas semejantes, es absurdo tratar de compararlos, cada uno posee sus propios méritos, cada cual posee su historia propia y lejos de admitir rivalidades, el mexicano como el extranjero deben rendir su tributo de admiración y respeto.
Antecedentes
La arquitectura religiosa en la Nueva España, desarrolló a lo largo de tres siglos, importantes movimientos artísticos. El estilo arquitectónico que cobró más auge y en el que los mexicanos novohispanos volcaron toda su fantasía creadora superando incluso a los grandes maestros europeos, se generalizó a mediados del siglo XVIII. Esta importante manifestación artística se conoce con el nombre de Churrigueresco o más correctamente dicho Barroco Estípite.
No hay rincón de la Patria en el que este estilo no se haya hecho presente, haciendas, templos, parroquias y conventos enteros, ostentan con orgullo la novedad artística. El siglo XVIII está considerado como el siglo de oro en el virreinato mexicano, de las muchas condiciones que favorecieron en el desarrollo al apogeo artístico cabe señalar la bonanza económica predominante en esta época, invirtiéndose considerables caudales en la edificación de suntuosas residencias de gran cantidad de familias nobles novohispanas, todo templo o capilla de hacienda por grande o pequeña que fuese, era adornada con magníficas obras pictóricas y escultóricas, la desbordante factura de numerosos retablos fueron posibles gracias a la bondad y piedad de nobles vecinos, ricos comerciantes, bien organizadas cofradías y virtuosos sacerdotes tanto en el clero regular como del clero diocesano.
De las órdenes religiosas que se establecieron en San Luis Potosí, fueron los Carmelitas Descalzos los últimos en fundar convento, por lo cual, tuvieron que vencer una multitud de obstáculos, uno de ellos, la oposición que presentaron los Franciscanos para que los Carmelitas llevaran a feliz término la referida fundación. El protagonista opositor a la fundación de los Descalzos fue Fr.José Arlegui, quien fue cediendo a sus impulsos a medida que los reformadores Teresianos recibían las necesarias licencias y patentes para consumar la pretendida fundación.
Con la fundación del Carmen de San Luis Potosí en 1747, la provincia única, de San Alberto de Indias de Carmelitas Descalzos se extendía a tan solo diez y seis conventos. Con el establecimiento de los Carmelitas en San Luis, fueron en total seis las órdenes religiosas que durante el virreinato vivieron en San Luis.
Lea también: El sabor único de la Crema de Sotol
La fundación del Carmen de San Luis fue posible gracias a la enorme fortuna que les legó el rico Don Nicolás Fernando de Torres, originario de la ciudad de Sevilla y vecino de San Luis Potosí, quien en su testamento los nombró únicos y legítimos herederos de sus bienes. Don Nicolás Fernando de Torres se casó con una potosina de las mejores familias de la época, Doña Gertrudis Maldonado Zapata, fue dueño de varias haciendas de campo y haciendas de beneficio así como de cuantiosos bienes que formó a lo largo de su vida. Don Nicolás Fernando de Torres murió en la ciudad de Querétaro en 1732.
La construcción del Templo del Carmen se inició el 23 de Febrero de 1749, la Real Cédula expedida por Felipe V para que se verificase dicha fundación fue dada el 26 de abril de 1746. Para octubre de 1758 estaba concluído el convento formado por treinta y cinco celdas y demás dependencias.
El 15 de octubre de 1764, día de Santa Teresa, se hizo la solemne bendición de la iglesia. El 19 de octubre siguiente se celebraron las exequias a los restos de los bienhechores y fundadores del convento. Don Nicolás Fernando de Torres y su esposa Doña Gertrudis Maldonado Zapata, quienes habían fallecido en la ciudad de Querétaro, fueron inhumados en el presbiterio y luego, en 1784, se colocaron en un nicho abierto en uno de los muros del mismo, donde descansan hasta la actualidad.
Historial
Los Carmelitas Descalzos de la Reforma Teresiana, pisaron por vez primera la tierra de las Indias Españolas, el 27 de septiembre de 1585. Una de las muchas circunstancias que favorecieron su arribo, fue la inquietud misma de Felipe II. A la capital del Virreinato entraron el 17 de noviembre de 1586 en unión del virrey Manrique de Zuñiga con quien habían cruzado el gran océano.
A fines del siglo XVI, la Provincia de San Alberto de Indias, era una de las seis que formaron la Congregación de San José de España de los Carmelitas reformados por Santa Teresa de Ávila o Carmelitas Descalzos. El primer Provincial de los Carmelitas Descalzos de Indias, Fr. Eliseo de los Mártires, llegó en 1595 y convocó a los religiosos a la Orden de México a la celebración del primer capítulo Provincial, el cual se verificó el 22 de enero de 1596 en el convento de San Sebastián de la ciudad de México.
Lea también: Patrimonio en la Sierra Gorda: Hotel Misión Hacienda Concá
El establecimiento de los Carmelitas en México observó un aspecto de ser una orden estrictamente contemplativa. Debido a que llegaron tarde a la Nueva España, el siglo de oro de la evangelización había terminado. Los Carmelitas sólo prestaban servicio de auxilio espiritual, confesando, predicando, celebrando y escribiendo con licencia de los superiores.
En 1675, el Papa Clemente X expidió una bula en la que prohibía terminantemente que los religiosos de la Orden del Carmen tuviesen dignidades eclesiásticas, por lo que no existieron religiosos Carmelitas a los que se les haya impuesto la jerarquía episcopal, ni jueces eclesiásticos, ni comisarios del Santo Oficio. Al igual que las otras órdenes religiosas en la Nueva España, la de los Carmelitas también tuvo importantes personalidades como bienhechores. En San Luis Potosí tuvieron, en la primera mitad del siglo XVIII, a Don Nicolás Fernando de Torres, un hombre rico y poderosos del Norte de la Nueva España ; en Oaxaca, a don Manuel Fernández Fiallo de Boralla; a Don Melchor de Cuellar para el Desierto; a Don Juan del Moral y Beristain en Tehuacán y a muchos otros.
Los virreyes fueron bienhechores de primera línea. En el siglo XVIII encontramos entre los más notables al Virrey Duque de Linares. Los amaba tanto que en su testamento dispuso: Que en cualquier parte que muriese, que hubiese Carmelitas Descalzos, escogia su convento para su entierro.
El Marqués de Valero, conquistador de Nayarit por derecho real, les demostró afecto muy intenso, costeando imágenes y alhajas para el convento de México, nombrando del Carmen a un presidio en la Laguna de Términos, colocando a San José y a Santa Teresa de Jesús en el Altar de los Reyes en la Catedral Metropolitana, y dando el nombre del santo, por la especial devoción que los Carmelitas le tenían al reino conquistado por su gobierno, San José de Nayarit y a uno de sus pueblos el de Santa Teresa.
El Obispo Castorena y Ursúa y el visitador Pedro de Rivera formaron también parte de la inmensa constelación de sus aficionados. El rey también cooperaba, aunque casi de oficio. La fundación del Carmen de San Luis se realizó cuando la Provincia de San Alberto vivía un momento cumbre en su historia, gozaba además dicha provincia, de estar dirigida por un hombre extraordinario, Fr. Nicolás de Jesús María, quien el 13 de agosto de 1748 fue electo Provincial. Este fraile vino a San Luis Potosí a presidir la ceremonia de la colocación de la primera piedra del Carmen Potosino el 23 de febrero de 1749, consumándose así la última fundación de la Descalcez Carmelitana en la Nueva España.
Lea también: Detalles del proceso de estadidad en Baja California
Emplazamiento
El Templo de San Elías, profeta de los Carmelitas Descalzos de la ciudad de San Luis Potosí, se localiza a tan sólo una cuadra de la Plaza de Armas, en el corazón de la ciudad capital, su monumental fachada se presenta majestuosa desde su plaza, la cual ha sido ampliada y remodelada, por fortuna aún conserva su nombre original de Plaza del Carmen, situación de la que no gozan los otros monumentos de la arquitectura religiosa potosina.
Del convento tan sólo se conserva una mínima parte, pues éste fue mutilado para prolongar la actual calle de Guerrero, la que se interrumpe de la manera más torpe en la actual Alameda, que fue la extensa huerta del convento mismo. Posee, esta maravilla de la arquitectura religiosa mexicana, dos magníficas fachadas, la principal, que mira al poniente, y la fachada lateral, orientada al norte, en tanto que el cuerpo de la nave corre de oriente a poniente.
La construcción del templo y convento de los Carmelitas fue cuidadosamente estudiada en todos sus detalles, todos sus elementos estructurales y ornamentales están sujetos a un programa arquitectónico e iconográfico muy vasto dentro de la mística de la Orden Carmelitana. La ciudad fue organizada urbanísticamente, con una traza reticular, la cual fue alterada por los templos y conventos, éstos con su dimensionamiento modificaron las proporciones de algunas manzanas.
Esta circunstancia encuentra plena justificación si observamos que los templos potosinos del primer cuadro de la ciudad poseen puertas laterales, obedeciendo este planteamiento a una traza procesional con un sentido profundamente religioso y litúrgico, logrando con ello remates visuales de gran valor estético y confiriéndole a la urbanística un aspecto humano del que no gozan otros asentamientos humanos. En el caso del Templo del Carmen, presenta dos hermosos remates visuales de gran calidad artística, el primero, lo conforma la parte exterior del camarín, el cual muestra su cúpula ochavada, convirtiéndose así en el remate visual de la actual calle de Madero; el segundo lo forma su puerta lateral, cuya fachada se presenta en la desembocadura de una calle, el antiguo callejón de la Pastora, hoy calle de Juan Sarabia.
La actual Alameda Juan Sarabia, la cual fue la extensa huerta de los Carmelitas, está localizada en el extremo oriente del monumento. El contexto de la plaza del Carmen es, en la actualidad, uno de los mejores sitios remodelados en la ciudad; en el extremo sur de la plaza se localiza el Palacio Federal, una verdadera joya de la arquitectura del siglo XIX; en el extremo suroeste, el Teatro de la Paz muestra su formidable arquitectura neoclásica, por lo que la plaza muestra tres importantes monumentos de la ciudad.
Descripción Arquitectónica
El conjunto del Carmen consta de: atrio, templo y ex convento. La fachada del Carmen potosino constituye un verdadero tratado de la mística carmelitana. Consta esta grandiosa fachada de tres cuerpos superpuestos, con un remate triangular y, verticalmente, de cinco calles o carreras bien delimitadas. A su izquierda la enmarca una pilastra y a su derecha, el sólido cubo del que se eleva la torre. Todo el conjunto se halla rodeado por una moldura bocelada que corre en forma de greca.
El primer cuerpo arranca de un basamento compuesto por pedestales, que sostienen a las columnas, y por los recesos a que dan lugar los mismos, todo decorado con rico labrado en piedra con motivos vegetales. En el centro se abre la puerta principal, con arco de medio punto adornado con siete flores en sus dovelas (segmentos que, en forma de cuña, componen el arco). La piedra clave ostenta un medallón con el escudo de la Orden de los Carmelitas Descalzos, que representa el brazo del profeta Elías que blande su espada de fuego.
Como la raíz griega del nombre Elías es helios, sol-fuego, hay que tener presente este atributo iconográfico en todo el monumento. Las enjutas, es decir el triángulo a que da lugar el arco de la puerta, muestran sendos querubines en relieve. En ambos lados de la puerta vemos un par de columnas de fustes ricamente decorados. Primero una sección anular adornada con caritas angélicas, elementos vegetales y conchas; luego le sigue un tramo trabajado a manera de estera y, finalmente, el fuste aparece entorchado. Los capiteles responden al orden corintio.
En los intercolumnios (espacio que media entre dos columnas) aparecen dos nichos. En el de la izquierda, el profeta Elías, fundador de la orden. En el de la derecha, San Eliseo, sucesor de Elías. Sobre los nichos de ambos santos se presentan complicados diseños de líneas entrelazadas que simbolizan la inspiración divina o palabra de Dios. Este primer cuerpo queda enmarcado por sendas pilastras de las denominadas tritóstilas, con tres secciones de dibujos lineales y rematadas en capiteles corintios.
El arquitrabe se encuentra adornado con una fila denticulada, le sigue el friso que ostenta una decoración de hojas de acanto y, en la sección que corresponde a las columnas y pilastras, se adelantan las caras presentando cuernos de la abundancia profusamente florecidos. Culmina el entablamento una cornisa rectilínea sostenida por pequeñas ménsulas.
El segundo cuerpo de la fachada es de estructura similar al primero. Al centro luce una bella repisa sobre la cual se levanta la ventana del coro, flanqueada por dos pequeñas pilastras estípites superpuestas, con riquísimos adornos de hojarasca y flores labradas en la cantera. Sobre el arco se lee una inscripción que dice: Decor Carmeli, esto es, la hermosura del carmelo. Más arriba destaca una concha de la cual parte una guirnalda vegetal que baja bordeando las pilastras y completa el conjunto.
En correspondencia con las columnas del cuerpo inferior, en ambos lados de la composición de la ventana coral, aparecen un par de pilastras estípites, de capiteles corintios, que flanquean dos nichos, cada uno de los cuales alberga una escultura: el de la izquierda a Santa Teresa de Avila y el de la derecha a San Juan de la Cruz, ambos santos reformadores de la orden. En los extremos de este cuerpo vuelven a aparecer las pilastras tritóstilas, decoradas en este caso con motivos vegetales. Un entablamento, similar al descrito para el primer cuerpo, remata este segundo.
El tercer cuerpo está formado por pilastras estípites que delimitan tres nichos. En el nicho central Nuestra Señora del Carmen; en el de la izquierda, Santa María Magadalena de Pazzi; en el de la derecha, San Angelo o San Pedro Tomás (difícilmente identificable por carecer de cabeza) y en los extremos el escudo del Carmen. En lugar de las pilastras laterales de los cuerpos inferiores, hay aquí un florero en cada lado con grandes ramilletes coronados por una cara de angelito. Sobre los nichos, y coronando toda la fachada, el manto del profeta Elías sostenido por ángeles, y en el centro, el Padre Eterno de medio cuerpo sostiene al mundo en la mano.
El remate de la fachada está compuesto por seis ramilletes de flores, y en la parte más elevada al centro, la gallarda escultura de San Miguel Arcángel preside el conjunto.
El cubo de la torre es casi tan alto como la fachada misma. Sobre él, la torre se compone de dos cuerpos y un remate. El primer cuerpo es de base cuadrada, dando lugar a que sus cuatro caras ostenten vanos campaniles de arco conopial orientados hacia los cuatro puntos cardinales y tres columnas salomónicas.
Joya del Barroco Potosino, el Templo del Carmen fue edificado gracias a la munificencia de Don Nicolas Fernando Torre quien al llegar de España, se instalo por un tiempo en San Luis Potosí, casando al tiempo con Doña Gertrudis Maldonado Zapata, hizo fortuna contando en su haber con la Hacienda de Peotillos y del Pozo. Al morir no contaba con descendencia por lo que ordeno en su testamento que se fundara en esta Ciudad un Convento Carmelita y un Colegio para niñas educandas de San Nicolas por lo que hereda la Hacienda de Pozo del Carmen a los Carmelitas, así como los bienes necesarios para llevar acabo estas acciones.
El Rey Felipe V en 1746 dio su beneplacito para la fundación. El Maestro José Lorenzo, indigena procedente del Pueblo de San Sebastian dirigio la obra de esta maravilla. La fachada esta integrada por tres cuerpos horizontales superpuestos con remate triangular. En el segundo y tercer cuerpos las pilastras estípites que los dividen se superponen en estricto alineamiento vertical.
El frontispicio remata en un gran ángulo abierto, dentro del cual se ven seis ángeles en acritud de descubrir, sosteniéndolo, una especie de velo rígido, con Dios Padre al centro. A principios del S. XIX el altar original fue sustituido por un altar Neoclasico de Tres Guerras, de quien al interior también se cuentan oleos. En 2017 la Portada Josefina fue restaurada por el H.
