El Valle de Guadalupe en Baja California es conocido por su encanto, productividad y exquisitos vinos. Muchos bajacalifornianos lo llaman simplemente “El Valle”, haciendo referencia a este lugar encantador, productivo y sabroso por antonomasia. En este artículo, exploraremos la rica historia de este valle, desde sus orígenes prehispánicos hasta su transformación en un destino enológico de renombre.
Orígenes Prehispánicos y Primeros Asentamientos
Las evidencias indican que la región que hoy conocemos como Valle de Guadalupe estuvo habitada por grupos de agricultores sedentarios, establecidos alrededor de un pequeño centro ceremonial, desde fechas tan tempranas como 600 o 700 años d.C., según lo demuestran los restos arqueológicos encontrados en El Cerrito, sitio que al parecer fue abandonado hacia el año 1200 de nuestra era. A partir de esta fecha las fuentes documentales que se refieren a la zona, perteneciente a la entonces Nueva Galicia, son muy escasas, y no es sino hasta mediados del siglo XVIII, en un mapa de esa época, que encontramos al Valle de Guadalupe, bajo el nombre de La Venta, como un lugar donde se detenían las diligencias que cubrían la difícil y hostil ruta de Zacatecas a Guadalajara.
Si nos gusta caminar un poco, podemos adentrarnos por entre sus empedradas callejuelas y, dirigiéndonos hacia el noreste, pasar otro pequeño puente sobre el mismo arroyo “Los Gatos” para, a unos 200 metros adelante de éste, encontrarnos con “El Cerrito”, donde se localizan los únicos vestigios arqueológicos de la zona, y que consisten en la esquina de un basamento piramidal de dos cuerpos, trabajado por el doctor Román Piña Chan en 1980, y que según los datos recuperados fue fechado entre los años 700-1250 de nuestra era. Este basamento constituye un mudo testigo del poblamiento prehispánico de la región alteña.
La Llegada de los Rusos Molokanes
En 1907 llegaron a Valle de Guadalupe en Baja cien familias rusas procedentes del Cáucaso. De religión molokana (disidentes ortodoxos de orientación pacifista) se establecieron aquí y se dedicaron a la cría de animales y al cultivo de la tierra. Con el paso de los años, algunos volvieron a emigrar, pero otros, como la familia Bibayoff, se quedaron y cultivaron la vid. De hecho, fueron los pioneros aquí en este cultivo y en la elaboración de vino hacia los años treinta del siglo xx. Hoy hacen algunos varietales (Zinfandel, Nebbiolo) y ensambles (de nombres Tintoyoff, Rosayoff, Blancoyoff y Zinc, que combina uva Zinfandel, Nebbiolo y Cabernet Sauvignon) para paladares jóvenes. El viñedo cuenta con un pequeño museo familiar y una tienda con artesanías y productos de origen ruso.
El Auge de la Vitivinicultura
Es una vinícola modesta en términos de producción y que elabora pocas etiquetas. Sin embargo, es muy recomendable visitar Casa de Piedra por ser una de las vinícolas clave en la historia del valle. El famoso enólogo Hugo D’Acosta dirigió la producción de Bodegas de Santo Tomás a partir de los años ochenta del siglo XX. Luego dejó aquella casa con la idea de crear esta otra, como un proyecto enteramente propio. Y aquí, a finales de los noventa comenzó a elaborar el Vino de Piedra, quizá el caldo más célebre del Valle de Guadalupe en Baja y, en definitiva, un parteaguas en la historia de la vitivinicultura regional. Su idea, que hoy siguen muchos, era obtener vinos que revelaran el terruño de su origen.
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Las reseñas y comentarios que este vino ha suscitado son incontables. Ahora, aparte de ese vino tinto, esta bodega produce un blanco llamado Piedra del Sol y una línea de espumosos bajo el nombre de Espuma de Piedra. Lo mejor es que estos tres vinos son los que pueden saborearse en la degustación básica.
Adobe Guadalupe fue el proyecto de Donald y Tru Miller (él, estadounidense, y ella, holandesa), iniciado desde la última década del siglo XX. Fue en el 2000 que levantaron su primera cosecha. Y muy pronto sus vinos se volvieron referencia obligada en el panorama de la enología mexicana. Su línea más antigua y famosa es la de los arcángeles, todos ellos ensambles muy aplaudidos: Miguel, Kerubiel, Serafiel, Gabriel y Rafael, que son tintos, y Uriel, que es rosado. Algo más nuevos son Jardín Secreto (tinto con base en Tempranillo) y Jardín Romántico (Chardonnay), excelentes creaciones del actual enólogo de la casa, el chileno Daniel Lonnberg.
Presidida por el productor Álvaro Álvarez, esta empresa familiar basa su filosofía en el respeto al medio ambiente. Por ello, sus vinos principales llevan nombres como Helios, Magma, Pira o Aqua, haciendo alusión a los cuatro elementos. Su historia empezó en 2004 con la plantación del viñedo, y aunque el año siguiente inició la vinificación de la uva, produciendo apenas 20 cajas de AlXimia Cabernet y AlXimia Cabernet Merlot, en realidad consideran al año 2008 como su año formal de inicio. Su relajado edificio de estructura circular viene muy a tono con su filosofía y hace posible observar todo el proceso desde la sala de degustación: el viñedo -que hoy produce uvas Cabernet Sauvignon, Syrah, Tempranillo y Barbera-, el área de selección de la uva y despalillado, las salas de fermentación y de añejamiento en barricas de roble.
En 1997 Juan Ríos adquirió 32 hectáreas de un viejo viñedo familiar en el Valle de Guadalupe en Baja y se dispuso a regenerarlo con la idea de elaborar vino casero. Al paso de los años lo pensó mejor y se decidió a vender su producción. A principios de siglo construyó su cava, amplió los viñedos y comenzó a comercializar sus caldos. Para el 2008 comenzó a vender los vinos Premium, como el Balch’é Cero (Nebbiolo) o Balch’é Tres (Merlot), que desde entonces se han ubicado entre los vinos más caros de México. Actualmente ya produce más de 20,000 cajas anuales de 18 etiquetas diferentes: 14 tintos, tres blancos y un clarete. El enólogo a cargo desde el año 2014 es Óscar Delgado Rodríguez.
Experiencias Enoturísticas
Pero también es un clásico, porque fue una de las bodegas pioneras en el enoturismo: sí, el vino local es excelente, pero se disfruta mejor en un hotel elegante y cómodo, flanqueado por verdes jardines, con una tina de jacuzzi mirando al viñedo y teniendo al lado un restaurante muy bien atendido.
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Tal vez la mejor manera de conocer los vinos es en las cenas maridaje que se ofrecen en la casa. Son comidas de cinco tiempos preparadas por la chef Martha Manríquez, maridados con distintas añadas (muchas veces reservas especiales). Y se llevan a cabo en el elegante comedor de la casa con su vajilla y cubiertos de lujo. Estas comidas cuestan 70 dólares y es preciso reservarlas con antelación. Adobe Guadalupe ofrece también masajes y catas verticales con presentación de los caballos aztecas que se crían en los establos de la bodega en el Valle de Guadalupe en Baja. A un lado se encuentra la tienda.
Alximia también tiene un restaurante llamado La X donde organizan maridajes y en ocasiones eventos con paella, música en vivo, y hasta lecturas de poesía. Abre para desayunar, comer y cenar.
Además de visitar ahora la bodega misma, el visitante puede también comer en el restaurante Tahal. Se espera que en un futuro próximo esta vinícola cuente también con servicio de hospedaje.
El encanto del lugar también es notable en Fauna, uno de los restaurantes de antología del valle. Una entrada de ostiones Kumamoto envueltos en salsa de manzana y pata de mula con aceite de chile chilhuacle, o un plato fuerte de frijol encurtido con chicharrón y pulpo son creaciones de su chef, el ensenadense David Castro Hussong. ¿Suena a que está experimentando? Tal vez, pero él explica, “para mí es cocina mexicana; es reflejo de lo que comí y de lo que me gusta comer”. Y son platillos deliciosos.
Entre la bodega y la tienda está el Adobe Food Truck, que por su servicio rápido puede ser una cómoda opción para el viajero que visita varias vinícolas durante el día. Aparte, sus platillos (tipo tapas) son muy sabrosos: desde las patatas bravas, los champiñones al ajillo y las ensaladas, hasta la chistorra al brandy o el picosito de salchicha polaca con camarones del Pacífico.
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Innovación Arquitectónica y Sostenibilidad
Es uno de los conjuntos más innovadores del Valle en cuanto a estilo arquitectónico y, desde luego, un lugar para disfrutar con los cinco sentidos. Visualmente es un lugar que atrapa. La vinícola aparece precedida por una rampa, que es como la ladera del cerro. Arriba está el tronco seco de un encino de 300 años que se levanta sobre un espejo de agua. Luego uno baja y entra a la inesperada cava octagonal. A un lado están las elegantes villas con muros y techos de color arena, frente a un pequeño lago. Más allá, se encuentra Casa 8, un lindo bed & breakfast, con sus habitaciones como camufladas entre las rocas. Al otro lado, está el restaurante Fauna con una terraza medio protegida por piedras y olivos. Hacia abajo se extiende el mar de viñedos y hacia atrás se yerguen los cerros de la orilla del valle.
El arquitecto, Alejandro D’Acosta, quiso integrar la construcción al aspecto del valle y lo logró. Pero lo más sorprendente es que gran parte de todo este despliegue de lujo se construyó con basura cercana. Las vigas están hechas de coches de desecho de Mexicali. La madera que cubre muros y pasillos son pedazos, todos iguales, que provienen de puentes desmontados de Estados Unidos. Y los pequeños cristales redondos que cuelan la luz ambiente no son otra cosa que los desechos de la fábrica de lentes de la empresa Augen de Ensenada.
El propósito ambientalista no acaba ahí. El lago de las villas es parte del sistema de tratamiento de aguas, y el espejo de agua que está bajo el encino refrigera naturalmente la cava sobre la cual se encuentra. Cada detalle resulta revelador.
Este proyecto lo lanzó un grupo de ocho amigos encabezado por el empresario Juan Pablo Arroyuelo. Comenzó a tomar forma hacia 2012 y poco a poco ha ido añadiendo nuevas áreas. Fauna, por ejemplo, apenas abrió en 2017 y en el segundo semestre de 2018 se espera que entre en operación un nuevo bar. El conjunto y la vinícola llevan por nombre Bruma. Los vinos están a cargo de Lourdes Martínez Ojeda, una destacada enóloga bajacaliforniana con más de 13 años de experiencia en bodegas Grand Cru de Francia. Por ahora los elaboran cuatro etiquetas: tres de ellas bajo el nombre de Bruma Ocho (un tinto, un rosado y un Chardonnay) y otra más llamada Bruma Plan B.
Otras Vinícolas Destacadas
Inició en 2003 como un proyecto recreativo de Francisco Rubio. Al principio tuvo cuatro hectáreas. Los frutos se los pasaba a otras vinícolas que pagaban con botellas. Luego empezó la elaboración de caldos propios. Poco a poco, esposa, hijos y nietos se involucraron en el proyecto y hoy la F. del nombre hace referencia a la familia entera. Los vinos pronto encontraron una colocación comercial. Eso sí, sin perder la idea original de hacerlos con un máximo de calidad. Siendo una vinícola con viñedo propio, los Rubio se propusieron no cosechar más de cuatro toneladas de uva por hectárea, de modo que las plantas sean expresión plena de la tierra. Y esa regla la han mantenido hasta la fecha. El enólogo de la casa es Alberto Rubio. Hoy ofrecen siete etiquetas (todas con el símbolo de los elefantes), algunas son mezclas y otras monovarietales (Tempranillo y Malbec). La bodega está abierta a visitas y cuenta también con un bistro a cargo del chef Alex Rubio, llamado Parcela 70.
Interesante por su utilización de la uva Mourvèdre, esta pequeña vitivinícola fundada en 2010 por la familia Castañeda -de ahí el nombre de la casa- produjo en su primera añada apenas 14 barricas, para crecer a más de 400 en el 2018. Apasionados de la topografía y la flora local, su construcción aprovecha materiales como el granito, la piedra laja, la piedra de canto rodado y el adobe, mientras que varios de sus vinos llevan nombres de especies vegetales de la zona, como Cardón, Cirio, Flor de Roca y Pitaya. Entre sus más de 10 etiquetas, los vinos de la línea Casta Tinta están entre los más galardonados. También muy aplaudidos han sido el tinto Cardón (Cabernet Sauvignon y Mourvèdre), el blanco Casta Blanca (Chardonnay) y un fresco rosado llamado Pitaya, elaborado con uva Grenache en honor de las mujeres que luchan contra el cáncer de mama. Si estás por Valle de Guadalupe en Baja, haz una parada en su sala de degustación para disfrutar sus vinos en compañía de algún miembro de la familia Castañeda. Tiene un restaurante que funciona sábado y domingo. La cata … se realiza en el interior de la cava.
Patriarca de los enólogos de Valle de Guadalupe, Don Camillo Magoni nació a mediados del siglo pasado en Morbegno, en el norte de Italia, y en los años sesenta vino a Baja California invitado por su paisano Ángel Cetto. Por décadas fue el enólogo de L. A. Cetto. Poca gente hay que conozca tan profundamente las posibilidades de Valle de Guadalupe como él. A principios del milenio estableció su propia bodega por el gusto de elaborar buenos vinos y hacer pruebas con nuevas cepas (hoy, su campo experimental tiene sembradas 70 cepas de todo el mundo). En 2013 Casa Magoni comenzó a vender al público y ahora se ha convertido en una bodega familiar que se ufana de vinificar con uva propia. Aunque sus tintos suelen estar hechos con uvas italianas, también tienen un inolvidable Malbec-Merlot, entre otros caldos recomendables.
Inició elaborando vino en 2011 en instalaciones ajenas y con uva comprada, pero poco a poco ha ido creciendo y ahora es una muy bonita y prometedora vitivinícola con hotel boutique (Wine Resort). La arquitectura es notable: las líneas del viñedo convergen todas en un círculo conformado por 21 elegantes habitaciones, más la terraza de degustaciones, un penthouse y un restaurante. Sin embargo, no es indispensable ser huésped para disfrutar del restaurante o probar las seis etiquetas de la casa: dos ensambles, tres monovarietales (Nebbiolo, Syrah y Malbec) y un blanco. Como hotel el lugar abrió en el verano de 2016.
Esta bodega, que inició en 2012, suele trabajar con uvas de la Antigua Ruta del Vino. Allá mismo vinifica, pero es en el Valle de Guadalupe donde tiene su sala de degustación y un restaurante. Sus instalaciones son rústicas y sencillas, pero agradables y de buen gusto. Ubicadas junto a los viñedos, se utilizan con frecuencia para bodas y eventos sociales. Esta vinícola elabora cinco vinos: Aurum, que es una mezcla de Cabernet Sauvignon y Tempranillo; Tempranillo, que es un varietal de esta cepa; Rosam, un Cabernet Sauvignon con un muy apreciado toque dulce; los vinos de la línea premium llevan por nombre Platinum y son monovarietales de Cabernet Sauvignon y Syrah. El restaurante es una muy popular opción para comer en las excursiones a Valle de Guadalupe.
Esta vitivinícola inició operaciones en 1995. Cuenta con un viñedo de 37.5 hectáreas que cultiva siguiendo el modelo francés. Produce anualmente 15,000 cajas de más de una docena de etiquetas. La bodega habla de cuatro líneas de caldos. Los llamados “grandes vinos” pertenecen a la línea que lleva el nombre de la vinícola e incluyen un vino blanco, una mezcla bordelesa, un Cabernet Franc-Merlot, un Merlot, un Zinfandel y El Gran Divino, ...
