Los impuestos son las contribuciones que deben pagar por ley los ciudadanos y las empresas para que el Estado pueda cubrir las necesidades comunes. Desde que el ser humano comenzó a organizarse en sociedades, los impuestos surgieron como una manera de recaudar recursos para subsanar las necesidades de la comunidad.
Algunas civilizaciones de la historia han logrado gran poder gracias a las contribuciones de sus habitantes. En un principio las personas contribuían con su trabajo y bienes como pieles, parte de sus cosechas, terrenos y animales. Más adelante comenzaron a recaudarse metales como el oro, la plata y el cobre.
Civilizaciones tan antiguas como la babilonia o del Valle del Indo establecieron sistemas de recaudación. Aunque hay mucho que se desconoce de estas primeras civilizaciones humanas, buena parte de lo que dejaron por escrito tenía relación con la vida comercial. Una de las primeras funciones de la escritura fue la de llevar un registro de la compra y venta de artículos así como los contratos celebrados entre particulares, del mismo modo se registraban las aportaciones de los ciudadanos al erario público.
Una de las primeras civilizaciones en implementar el cobro de lo que hoy conocemos como impuestos fue la civilización egipcia. Gracias al aporte del pueblo, disfrutaban de una economía organizada y rica. No pagar impuestos en el Antiguo Egipto era algo que podía suponer enfrentarse a torturas o incluso la muerte. Para ello, los egipcios disponían de un nutrido cuerpo de escribas que se encargaba del control del pago de impuestos.
Las formas de impuestos más antiguas y más extendidas fueron la corvea y el diezmo. La corvea consistía en trabajo forzoso proporcionado al estado por campesinos demasiado pobres para pagar otras formas de impuestos (trabajo en el antiguo egipcio es sinónimo de impuestos). Los registros de la época documentan que el faraón realizaría una gira bienal por el reino, recogiendo los diezmos del pueblo.
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Es importante destacar que los habitantes de esta civilización tenían fuertes motivos para aceptar pagar impuestos incluso si significaban trabajo forzoso. En la antigüedad formar parte de un grupo humano era necesario para sobrevivir; al principio las personas se organizaron en tribus, después en aldeas y eventualmente en ciudades. Formar parte de una ciudad significaba tener acceso a bienes diversos, así como a la protección de un ejército. Por ello estaría dispuesto a pagar un impuesto como la corvea.
Los griegos se dedicaban principalmente a la agricultura y al comercio marítimo de granos, especias, papiros, cerámica, vino, aceite de oliva, mármol y monedas de plata. Sólo los más ricos pagaban tributos que eran aplicados a las casas, vino, esclavos, heno, ganado, entre otros bienes.
Ya en la península Helénica surgen las primeras ciudades estado y con ella una de las primeras civilizaciones en cobrar impuestos a sus ciudadanos. Tampoco hay que olvidar que los griegos fueron una de las civilizaciones más destacadas en el comercio. Si bien es cierto que la mayor parte de los ingresos públicos procedían de las aportaciones del patrimonio real, esto no era suficiente para cubrir todos los gastos públicos. Se demandaban obras públicas, había que sufragar los eventos religiosos, costear la celebración de las fiestas y mantener limpias las calles.
Igualmente, en Grecia también surge algo muy similar a lo que hoy en día podría ser Hacienda. Es el caso del Tesoro de Delos, que terminó trasladándose a Atenas. Inicialmente, este Tesoro se ocupaba de conseguir ingresos para financiar un ejército y una armada. El Estado no solo recaudaba unos ingresos públicos, sino que también ejercía una función de distribución de la riqueza. En este sentido, los ciudadanos más acaudalados, al acudir a ciertos eventos festivos, debían hacer una contribución.
Siguiendo los pasos de la civilización griega, los romanos también acuñaron monedas que eventualmente pasaron a ser la forma válida de pago de impuestos. La administración romana destaca por el importante papel de su Hacienda Pública. Como anteriormente señalábamos, los impuestos estaban muy presentes en la sociedad romana.
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Impuestos en la Antigua Roma
En el ámbito específico del Derecho Fiscal, esta influencia resulta particularmente significativa, aunque a menudo permanece inadvertida para los no especialistas. Durante el apogeo del Imperio Romano, se estableció un complejo sistema tributario que financiaba tanto las campañas militares como las obras públicas y la administración imperial. La Hacienda de Roma, en la etapa de los primeros reyes, presentaba una configuración muy semejante a la hacienda griega. Conforme a las noticias que nos han llegado sobre esa época, la propiedad de la tierra sería en buena medida colectiva.
El sistema fiscal romano distinguía claramente entre dos categorías fundamentales de tributos: el tributum, un impuesto directo sobre el patrimonio de los ciudadanos romanos, y las vectigalia, impuestos indirectos diversos que gravaban actividades económicas. Los impuestos directos son aquellos que gravan el patrimonio o los beneficios obtenidos por una persona en el ejercicio de su actividad profesional, es decir, su capacidad económica.
Tipos de Impuestos en Roma
Entre los impuestos más destacados de la civilización romana se encuentran los impuestos territoriales, que dependían de la valoración de los bienes inmuebles. También merecen mención los portazgos, que eran tributos que permitían el acceso a determinadas ciudades o los pontazgos, que al abonarlos otorgaban el derecho a pasar por un puente.
Los impuestos aduaneros eran recaudados en las fronteras de los municipios, las provincias y del Imperio, según las épocas. La cuantía osciló en torno al 2,5 del valor de la mercancía introducida o transportada de una ciudad a otra.
A continuación, se presenta una lista de los principales impuestos en la Antigua Roma:
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- Tributum: Impuesto directo sobre el patrimonio de los ciudadanos romanos.
- Tributum capitis: Tributo civil personal exigible solo a los peregrinos, de cuantía variable.
- Tributum soli: Gravamen sobre la tierra cuyo origen parece remontarse a Servio Tulio.
- Vectigalia: Impuestos indirectos que gravaban actividades económicas.
- Portorium: Impuestos de aduanas y peajes.
- Vicessima hereditatium: Impuesto de sucesiones del cinco por ciento del caudal hereditario, sobre herencias y legados.
- Centessima rerum venalium: Impuesto del uno por ciento sobre el precio de los bienes de consumo objeto de venta.
- Quadragesima litium: Impuesto sobre los litigios, conforme al que los litigantes debían pagar el dos y medio por ciento del valor del asunto litigioso.
- Scriptura: Impuesto que grava el paso y el pasto de ganado trashumante por prados públicos.
- Quinta y vigésima venalium mancipiorum: Impuesto sobre la venta de esclavos.
Administración Tributaria Romana
En estrecha relación con el censo ciudadano está el catastro. Al frente de la administración financiera, y de la gestión de los bienes públicos propios de cada provincia, se encuentra un quaestor provincialis.
En la república, lo usual era el arrendamiento de los portoria a sociedades de publicanos, mediante una lex censoria que fijaba, entre otros aspectos, la cuantía del impuesto, las garantías a prestar por los adjudicatarios y sus derechos.
Principios Tributarios Romanos
La sofisticación del sistema tributario romano no se limitaba a la mera recaudación, sino que incorporaba principios y criterios que resultan sorprendentemente modernos. Uno de los conceptos más relevantes heredados del Derecho Romano es el principio de capacidad contributiva. En Roma, el tributum se calculaba con base en el patrimonio declarado por cada ciudadano durante el censo. En los sistemas fiscales contemporáneos, este principio se ha desarrollado y refinado, convirtiéndose en uno de los pilares de la justicia tributaria.
Legado del Derecho Romano en la Fiscalidad Moderna
El Derecho Romano representa uno de los sistemas jurídicos más influyentes de la historia occidental, cuya huella permanece indeleble en los ordenamientos jurídicos contemporáneos. La influencia del Derecho Romano en los sistemas fiscales contemporáneos no fue directa, sino mediada por un complejo proceso de recepción histórica. El redescubrimiento del Corpus Iuris Civilis en la Edad Media, especialmente a través de la Escuela de Bolonia, representó un punto de inflexión.
En la actualidad, el conocimiento del Derecho Romano fiscal no constituye meramente un ejercicio histórico, sino que proporciona herramientas valiosas para la interpretación y desarrollo del derecho tributario contemporáneo. Los principios fundamentales permanecen, adaptándose a nuevas realidades económicas y sociales.
