La influencia social es el intento de homogeneizar a un grupo. Como señalan Baron y Byrne (1998), esta influencia depende del grado de cohesión del conjunto y fija un marco de referencia frente a la incertidumbre colectiva. Diversos autores han explorado cómo el poder y la autoridad moldean el comportamiento, destacando experimentos clásicos como los de Milgram en 1963 sobre la obediencia a la autoridad, donde la responsabilidad no reposa en la persona, sino en la figura de un estado superior. Del mismo modo, el pensamiento de grupo representa un proceso crítico, identificado en decisiones fatídicas tanto en la historia política como en desastres técnicos, donde la utópica búsqueda de unanimidad y el deseo de no romper el consenso conducen a errores graves.
En el ámbito de la psicología social y la comunicación, el concepto de devolución adquiere una relevancia fundamental. Este término, que proviene del latín y significa "hacer rodar hacia atrás" o "volver algo al lugar de donde salió", tiene aplicaciones clave en distintos campos:
- Psicología clínica y terapéutica: La devolución es el proceso mediante el cual el profesional comunica al paciente hipótesis o interpretaciones surgidas durante el trabajo, facilitando que la persona integre esa información en su autoconocimiento.
- Disciplinas artísticas: Se vincula a la crítica constructiva que ayuda al creador a tomar distancia de su obra, reconsiderar decisiones y abrir nuevas posibilidades de exploración.
- Educación: La devolución implica ayudar al estudiante a construir autoconciencia y a apropiarse de su propio trabajo, volviéndose "autores".
Diferencia entre retroalimentación y devolución
A menudo, los conceptos de retroalimentación (feedback) y devolución se usan como sinónimos, pero poseen matices distintos. La retroalimentación, bajo una visión conductista, busca corregir desviaciones respecto a un objetivo prefijado, tratando al estudiante como un objeto. En contraste, la devolución busca fomentar la autonomía y el deseo de aprender.
Para profundizar en estas diferencias, podemos observar la siguiente comparativa conceptual basada en los procesos de influencia y aprendizaje:
| Concepto | Enfoque principal | Rol del estudiante |
|---|---|---|
| Retroalimentación (Tradicional) | Corrección de errores respecto a un currículo. | Pasivo (recibe la directriz de la autoridad). |
| Devolución (Formativa) | Fomento de la reflexión y autoconciencia. | Activo (se involucra y toma decisiones). |
El papel del docente y la autonomía del aprendiz
Como bien expresó Philippe Meirieu, “No hay aprendizaje sin deseo; el deseo hay que hacerlo nacer”. La retroalimentación que genera dependencia es aquella en la que los estudiantes esperan siempre que el docente defina si su trabajo está bien o no. Por el contrario, una buena devolución es un acto de cuidado y respeto, en el que quien ofrece comentarios asume la responsabilidad de ser claro, constructivo y sensible a la subjetividad del otro.
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Esta práctica requiere que el supervisor o docente abandone el rol de señalar únicamente lo que estuvo bien o mal, transformando la supervisión en un acompañamiento. La devolución implica una apuesta al involucramiento del estudiante con su aprendizaje, donde el docente crea situaciones que favorecen la emergencia de este deseo de mejorar. En última instancia, lo que necesitamos evitar no es el señalamiento de errores, sino la construcción de relaciones de dependencia del alumno respecto del docente como única autoridad que define lo que está bien y lo que está mal.
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