La política, con el devenir del tiempo y la especialización de las formas de organización social, ha ido ganando una gravitación amplia y determinante en nuestra existencia. Si bien numerosas personas señalan que no les importa o «no se meten» en política, sin embargo no pueden escapar de ella e incluso la ejercen por defecto, pues ella deriva regulaciones y prácticas que influyen en gran medida sobre la actuación cotidiana de dichos seres. Ya Aristóteles afirmaba que el ser humano era un zoon politikon, pues si bien vivía en colectividad como los animales (zoon), tenía la facultad y disposición para organizar provechosamente esa vida compartida (politikon).
No obstante, con el tiempo, la política se ha ido profesionalizando cada vez más y ha hecho surgir una nueva categoría profesional: el político de carrera. Si bien en teoría su resultado debería en toda ocasión implicar una acción provechosa a todos, producto de las complejidades del ser humano, así como de las inevitables diferencias en los modos de percibir y proyectar la forma y el contenido de la existencia entre unos y otros, no siempre una decisión será universalmente bien acogida.
El Fenómeno de la Enajenación Política
De esta creciente separación y especialización de la actividad política, desde la construcción colectiva de los ciudadanos a la proyección y decretación de acciones por un cierto grupo «representativo», ha surgido una creciente enajenación de la acción política entre dirigentes y dirigidos. Los líderes, sobre todo los que creen encarnar los designios de sus pueblos, consideran que su pensamiento resume y expresa el de los demás, su forma de proyectar la vida implica la de los otros, y su concepción de la felicidad es la que beneficia a todos.
Un elemento principal para extender esta perspectiva de concepción infalible y verdadera de lo que se expresa por el grupo de poder, es el apoyo en los medios. Estos, comúnmente asociados al grupo gobernante, no solo se encargan de difundir los juicios e ideas de los que dirigen, sino que realizan profusas campañas para fundamentar y justificar «teóricamente» lo que se concibe oficialmente. Los medios trabajan desde la perspectiva de una visión orientada en conseguir una sublimación de la realidad.
De aquí lo inadecuado, para el mejor desempeño y progreso de un país, de eternizar en su puesto a algún cuadro, pues con el paso del tiempo no solo se fosiliza en sus creencias y juicios, sino que se hace más distante la relación realidad objetiva-realidad ideológica. Para ello, es necesario que se den posibilidades de participación efectiva en la adopción de acuerdos y compromisos a la mayoría de los ciudadanos. Que se estimule el pensamiento crítico así como la crítica bien intencionada y fundamentada. Que se acepte el disenso cívico y la mayor diversidad de pensamiento y análisis sin prejuicios ni rechazos.
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Hay un problema de diferencia sustancial en el significado del término de enajenación. De acuerdo con el uso anglosajón, el término enajenación es un fenómeno subjetivo, una sensación de inutilidad de los derechos civiles y políticos. El pueblo está "enajenado respecto del sistema político"; se considera carente de libertad política, y como si la clase de libertad que tiene careciera de sentido; considera el derecho de voto como algo insignificante, y a los partidos políticos existentes los juzga "indistinguibles en sus llamamientos". La enajenación es un sentimiento subjetivo, un mal psicológico. Por el contrario, en términos marxistas, a la enajenación se la define como un fracaso de los ideales de libertad e igualdad; "el producto real de los derechos y libertades es un sistema eficiente de dominación". "El sistema está enajenado respecto de la gente".
Comprendiendo el Concepto de Enajenación (o Alienación)
El concepto de enajenación (o alienación) puede ser definido con relativa sencillez. Nos estamos refiriendo a la acción o efecto de perder el control sobre alguna creación nuestra. Así, decimos que algo se enajena cuando se vuelve distinto y extraño, es decir, cuando se vuelve ajeno. El creador puede ser cualquier persona o cualquier grupo de personas y la creación puede ser también cualquier creación, ya sea el producto del trabajo, una relación social o una idea. De manera que podemos hablar de la enajenación de la propiedad (que constituye la propiedad privada), la enajenación del proceso o productos del trabajo, la enajenación política (que cobra cuerpo bajo la forma de un Estado gobernante, escindido de la sociedad gobernada) o la enajenación de las ideas (expresadas normalmente como dogmas).
La enajenación, como su nombre lo indica, describe un proceso por el que algo se vuelve ajeno. El término se utiliza comúnmente para describir la venta, la cesión o la desposesión de algo, lo cual, una vez enajenado, ya no le pertenece a quien le ha sido enajenado o a quien se lo ha enajenado por sí mismo. Lo que deja de ser mío puede consistir en un lapso de mi tiempo, o mi vida cuando me la dejo arrebatar por otro, o incluso mi persona, mi propio ser, sintiéndome poseído por otro. La enajenación puede ser designada por varios términos alemanes que permiten acentuar o captar aspectos distintos de lo mismo. El elemento de ajenitud es destacado por el término más común, Entfremdung, compuesto del prefijo ent, que indica separación o distanciamiento, y fremd, que remite a lo ajeno o extraño propiamente dicho. Otra palabra que se emplea frecuentemente es Entäusserung, en la que el apartamiento ya no es tanto con respecto a lo ajeno, sino a lo que reaparece en una posición exterior, ausser, es decir, exteriorizado, separado con respecto a uno. Otros términos son Enteignung (ser poseído por otro) y Veräusserung (estar a disposición de otro).
Desarrollo Histórico-Filosófico de la Enajenación
El concepto de enajenación es clave para comprender tanto la dialéctica materialista de Marx como su concepción materialista de la historia. Sin embargo, también es un concepto que muchas veces resulta complicado de entender. Marx hereda el concepto de enajenación de la filosofía alemana, especialmente del idealismo de Hegel y del materialismo de Feuerbach.
La Perspectiva Hegeliana: Conciencia y Objetivación
En la obra de Hegel, el concepto de enajenación aparece como parte de un análisis mucho más amplio. Este análisis considera que el ser humano se encuentra en una relación muy estrecha con la naturaleza, porque es parte de ella, y es esta misma naturaleza la que lo determina en un primer momento. Después, en un momento posterior, el ser humano va desarrollando su propia conciencia, en otras palabras, se apropia la realidad que lo determina. Esto hace que se vuelva un agente activo, capaz de producir cosas nuevas, de crear y de innovar. Este mundo nuevo, construido por el ser humano, es el mundo de la cultura. Usando lenguaje filosófico, diríamos que ahora es el ser humano el que se objetiva a sí mismo, produciendo cosas que antes no existían. Pero después viene la enajenación, donde aquello que el ser humano produjo queda fuera de su control. El objeto se vuelve ajeno a su creador y lo somete. Aquí, la cultura producida por las personas se vuelve una segunda naturaleza. Sin embargo, después de esta enajenación viene un momento más, el de la superación de esta enajenación.
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La Crítica de Feuerbach y su Materialismo
Marx está de acuerdo con Hegel en muchas cosas, pero también tiene discrepancias. De acuerdo con Marx, Hegel considera que la suma de todos los momentos señalados es una evolución guiada por una suerte de Espíritu ideal. Sin embargo, no fue Marx, sino Feuerbach, el primero en hacer esta crítica. Desde la perspectiva de Feuerbach, todas las ideas que las personas pueden llegar a tener son, en realidad, productos de la actividad humana y, por tanto, no tienen realidad propia e independiente. Cuando le atribuimos esta existencia independiente a cualquiera de nuestras ideas, lo que estamos haciendo es caer en una nueva forma de enajenación. Con su crítica, Feuerbach da el paso definitivo para pasar del idealismo al materialismo. Sin embargo, Feuerbach comete un nuevo error. Si Hegel hablaba de un Espíritu abstracto que guiaba el desarrollo universal, Feuerbach habla del ser humano también en abstracto, como si la humanidad no fuera más que una categoría filosófica. Con su giro al materialismo, Feuerbach se olvidó de la dialéctica hegeliana, que explicaba cómo las personas, aunque están determinadas completamente por la naturaleza en un primer momento, eventualmente se vuelven transformadoras de su propia realidad y crean un mundo nuevo, un mundo cultural, que a veces se enajena, pero que también puede ser recuperado y transformado. Feuerbach caía en una nueva forma de enajenación: una idea dogmática, abstracta y mecánica, no dialéctica, del ser humano, que resultaba ser, además, un agente pasivo frente al mundo.
La Dialéctica Materialista de Marx y el Rol de la Economía
El concepto de enajenación en la obra de Marx recupera al mismo tiempo la dialéctica de Hegel, pero posicionándose decididamente en el materialismo. Marx sabe que el ser humano es un agente activo, que está en constante desarrollo y que puede cambiar al mundo, porque no hay nada preestablecido. El futuro es abierto. Sin embargo, también sabe que no podemos seguir hablando del ser humano y sus formas de enajenación en abstracto. La dialéctica materialista llevó a Marx a concluir que, si quería contribuir a cambiar la realidad social, era necesario conocer científicamente esa realidad. Por eso, Marx decidió enfocarse mayoritariamente en el aspecto económico, ya que es el ámbito de la realidad social que permite que las personas subsistan, se mantengan con vida, y produzcan todas las cosas que les van a permitir satisfacer sus necesidades, crear nuevas, y desplegar sus capacidades.
De aquí es de donde Marx deriva la tesis central de su concepción materialista de la historia. Para Marx, la base de la economía es el trabajo, y es este trabajo el que primero se encuentra a merced de la naturaleza. Pero después, el desarrollo de su conciencia le permite ir haciendo innovaciones y cambios en su propia manera de trabajar. Son estos cambios los que permiten que surjan nuevas formas de organización de la producción, nuevas actividades productivas y nuevas herramientas para el trabajo. Así avanzan la historia y conciencia humanas, en un proceso recursivo, donde lo material determina la conciencia, pero la conciencia después permite hacer cambios en la propia forma de organización económica, abriendo paso a nuevas formas de conciencia, y así sucesivamente. Sin embargo, todos estos cambios también vienen acompañados del surgimiento de formas de enajenación económica: la propiedad privada, los mercados, la explotación y el fetichismo son solo algunas de estas formas.
La Enajenación en la Obra de Karl Marx
Enajenación en los Escritos de Juventud
Las sociedades y la economía fueron las esferas en las que el joven Marx decidió resituar la enajenación desde un principio, desde 1843, cuando empezó a reflexionar seriamente sobre el fenómeno en la Cuestión Judía. Esta obra distingue la auto-enajenación teórica del ser humano en el cristianismo y su enajenación práctica en el moderno judaísmo. El aspecto socioeconómico de la enajenación humana será minuciosamente descrito y explicado por Marx, en el año de 1844, a través de sus Cuadernos de París y sus Manuscritos económico-filosóficos. En el capitalismo, el trabajo productivo, poseído por los capitalistas, no les pertenece a los trabajadores, les es ajeno, está enajenado, lo mismo que su producto y derivativamente su propia humanidad y sus relaciones con los demás seres humanos.
La teoría de la enajenación de Feuerbach será explícitamente discutida por Marx en su Introducción a la Crítica de la Filosofía política, de 1844, y en sus Tesis sobre Feuerbach, de 1845. En estos escritos breves y contundentes, basándose en su propia concepción del fundamento socioeconómico de la enajenación en el proceso productivo, Marx cuestiona el énfasis unilateral de Feuerbach en la forma ideológica-religiosa de la enajenación. Para Marx, la sociedad de clases y la resultante forma socioeconómica de la enajenación, aquí en el mundo material, precede y provoca, allá en el mundo ideal, la forma ideológica religiosa de la enajenación. Tan sólo nos enajenamos en la religión y en la ideología en general porque ya nos hemos enajenado en la sociedad y en la economía.
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La Enajenación y la Propiedad Privada
Nuestra vida enajenada, la que se nos vuelve ajena, es la vida expropiada por otro, la que se vuelve su propiedad privada, privativa, de la que se nos priva. La privación y la expropiación inherentes a la propiedad privada están en el origen de la enajenación. Sin embargo, como nos lo explica Marx en La Sagrada Familia, en 1845, mientras que la clase poseedora “se siente a gusto y fortalecida” en la enajenación y la reconoce “como su propio poder”, la clase desposeída “se siente aniquilada” por estar enajenada, ya que “deja de existir” en la enajenación y ve en ella “su propia impotencia”. Es por esto mismo que la enajenación tan solo puede ser combatida por los desposeídos, por los trabajadores explotados, ya que son ellos quienes la sufren y quienes quieren por ello liberarse de ella.
Formas Específicas de Enajenación en el Capitalismo Madura
Tras aparecer como un estado subyacente al universo histórico y cultural humano, la enajenación termina recentrándose en la esfera de la economía en los Grundrisse y en posteriores cuadernos y manuscritos con los que se prepara El Capital. En la descripción del capitalismo que Marx nos ofrece en su madurez, los sujetos no se poseen a sí mismos, estando enajenados, poseídos por el capital, por el dinero, por el comercio y por el valor de cambio de las mercancías. Varias de las categorías centrales de El Capital son, en realidad, variantes del concepto de enajenación:
- La propiedad privada de los medios de producción: Es una relación de exclusión; para que unos sean propietarios, otros necesitan estar desposeídos, a pesar de que la producción es social.
- La explotación: Cuando un trabajador produce, crea riqueza, pero una parte de este trabajo no se la quedan los productores, sino los propietarios de los medios de producción.
- La subsunción real del trabajo: La actividad del trabajador, su proceso de trabajo ya no está controlado por él.
- El fetichismo de la mercancía: Las personas creamos fetiches cuando no alcanzamos a ver las causas de algún fenómeno. En El Capital, Marx dice que las personas no alcanzamos a ver que el valor de las mercancías está constituido esencialmente por la fuerza de trabajo, creyendo que tienen valor por sí mismas.
Todo en el sistema capitalista se muestra inhumano, ajeno a lo humano, enajenado con respecto a la humanidad. Encarnando algo tan ajeno a él como el capital, el trabajador está enajenado, tan enajenado como su principal enemigo, el capitalista, que también debe personificar esa misma entidad tan ajena a él, ese mismo capital, en lugar de limitarse a existir y emplear su existencia para desplegar su propia esencia. La única esencia que aquí se despliega es la del capital.
Reconquista de la Soberanía y Superación de la Enajenación
Para no dejar de existir, la libertad del ser humano ha tenido, paradójicamente, que negarse como libertad política, soberanía o ejercicio de autarquía en la vida social cotidiana. Lo cierto es que, en su historia, el ser humano ha podido saber de la existencia de su libertad política, de su soberanía o capacidad de auto-gobierno, pero solo como algo legendario, impensable para el común de los días y de las gentes, o como algo exterior y ajeno a él. Esta descripción, de toda la historia política del ser humano como la historia implacable de una vocación destinada a frustrarse, se encuentra en la base de la desconstrucción crítica de la cultura política moderna implicada en el concepto de enajenación propuesto por Marx.
El conglomerado específicamente moderno de poder extra-político que se arroga y ejerce el derecho de vigilar el ejercicio de la soberanía por parte de la sociedad, y de intervenir en él con sus ordenamientos básicos, es el que resulta del Valor de la mercancía capitalista en tanto que “sujeto automático”. Este poder se ejerce en contra de la comunidad como posible asociación de individuos libres, pero a través de ella misma en lo que tiene de colectividad que reniega de su libertad, se instala en el pragmatismo de la Realpolitik y entrega su obediencia a cualquier gestión o cualquier caudillo capaz de asegurarle la supervivencia a corto plazo.
La noción de una actividad no-enajenada es un eslabón fundamental de la argumentación que encontramos en los Cuadernos de París. Aquí Marx nos pide que supongamos una producción en la que yo “produzco en tanto que ser humano”, desenvolviéndome a través de lo que produzco, “objetivando mi individualidad y mi peculiaridad”, creando un producto que sería mi “expresión vital individual” y una “comprobación de mi personalidad”. Esta experiencia es lo más distante del trabajo enajenado que Marx observa en el capitalismo: un trabajo en el que el trabajador no puede ni expresarse ni objetivar su individualidad y peculiaridad, ni comprobar su personalidad, ni realizarse ni realizar nada íntimo de su propio ser.
La teoría de la enajenación como teoría política debería partir de un reconocimiento: la usurpación de la soberanía social por parte de la “república de las mercancías” y su “dictadura” capitalista no puede ser pensada como el resultado de un acto fechado de expropiación de un objeto o una cualidad perteneciente a un sujeto. Tal usurpación es un acontecer permanente en la sociedad capitalista; es un proceso constante en el que la mixtificación de la voluntad política solo puede tener lugar de manera parasitaria y simultánea a la propia formación de esa voluntad. Si la teoría política basada en el concepto de “cosificación” acepta que existe la posibilidad de una política dentro de la enajenación, que la sociedad -aun privada de su soberanía posible- no está desmovilizada o paralizada políticamente, el problema que se le plantea consiste en establecer el modo en que lo político mixtificado por el capital cumple el imperativo de la vida mercantil de construir un escenario político real y un juego democrático apropiado para la transmutación de sus intereses civiles en voluntad ciudadana.
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