Descubre Cómo el Subsidio a la Producción Agrícola Transformó México Desde 1925post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El sector agrícola ha sido un pilar fundamental en el desarrollo histórico y económico de México. Tras la Revolución Mexicana, el Estado buscó implementar nuevas estrategias para transformar el campo, destacando el periodo que inicia en 1925 como un punto de inflexión. Durante esa década, bajo la gestión de gobiernos orientados por los planteamientos revolucionarios, se procuró cumplir con lo establecido en la Constitución de 1917, buscando destruir la gran propiedad y multiplicar la capacidad productiva rural.

La expansión de la frontera agrícola y la gran irrigación

En el marco de una política de Estado, a partir de la década de 1920, se impulsó un proyecto macro orientado a construir ingentes sistemas de irrigación que permitieron ampliar la frontera agrícola y poblar zonas escasamente habitadas, una propuesta particularmente impactante en los desiertos del norte. Entre los propósitos de la irrigación gubernamental se encontraban: incrementar las áreas cultivadas para asegurar las cosechas, la creación de la pequeña propiedad mediante el fraccionamiento de las tierras irrigadas y la liberación económica de gran parte de la clase campesina al fijarla a la tierra.

La construcción de grandes sistemas de irrigación, con el uso intensivo de la ingeniería hidráulica, el cemento y el acero, permitió transformar el norte del país, una región caracterizada por su aridez. Según diversas fuentes, entre 1930 y 1970 se abrieron a la explotación al menos dos millones y medio de hectáreas. La relevancia de estas inversiones estatales se resume en la siguiente tabla:

Evolución de la superficie irrigada en México (1930-1991)

Periodo Superficie irrigada (millones de ha) Observaciones
1930 1.7 Casi todas con obras previas a 1910.
1964 > 4.0 Fuerte impulso de distritos de riego.
1991 5.6 Crecimiento de 2.2 veces respecto a 1930.

Estructura y cambios en las políticas de apoyo

El sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-1940) motivó el mayor reparto agrario de la historia de México, donde el 40% del territorio agrícola pasó a ser propiedad social o ejidal. A partir de entonces, el Estado cobró mayor poder e influencia en las políticas agrícolas, originando la creación de instituciones estatales clave: la banca oficial dirigida al sector rural en 1936 y la Comisión Nacional de Irrigación en 1939.

En 1923, bajo la crisis mundial que afectó los mercados internacionales, el mercado agrario se desplomó, iniciándose un proceso para ajustarse al mercado interno. Posteriormente, durante el periodo 1986-2003, la política agrícola mexicana enfrentó nuevos retos. Contradiciendo la idea predominante de un supuesto abandono, el sector agropecuario se benefició de un número considerable de exenciones fiscales y transferencias por parte del Estado. No obstante, a partir de la década de 1970, se iniciaron importaciones masivas de granos, lo que orilló a un cambio en la estrategia de apoyos estatales.

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Análisis de los subsidios en la era moderna

La investigación sobre los subsidios agrícolas entre 1986 y 2003 demuestra que, en términos relativos, el nivel de subsidios en México es similar al de socios comerciales como Estados Unidos y Canadá, y menor que en la Unión Europea o Japón. La liberalización comercial posterior a 1994 estuvo acompañada de una disminución de los subsidios agrícolas medios. El cálculo del equivalente porcentual de subsidios (EPS%) es el indicador teóricamente correcto para medir el grado de apoyo, ya que no depende de las unidades monetarias ni de la escala del sector.

A pesar de que muchas voces demandan mayores subsidios, el análisis sugiere que, en lugar de aumentar las transferencias directas, México debería invertir considerablemente más en servicios de apoyo necesarios para impulsar la intensificación y la productividad en la agricultura, tales como la investigación, la capacitación y la difusión tecnológica.

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