Descubre el Impactante Mundo de la Cirugía y la Frialdad Emocional en el Antiguo Régimenpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Si alguna vez te has preguntado por qué hace tanto frío en el quirófano justo antes de una operación, no eres el único. Más allá de la temperatura ambiente moderna, la "frialdad quirúrgica" en el contexto del Antiguo Régimen hace referencia a una realidad mucho más cruda: la ausencia de medios para mitigar el dolor, la hemorragia y la infección, y la consiguiente percepción de desapego emocional por parte de los cirujanos. Este capítulo explora el lugar de la emoción dentro de la cirugía operativa en un periodo definido por sus particulares estructuras políticas, sociales y económicas.

El Antiguo Régimen: Un Marco Temporal y Socioeconómico

Antiguo Régimen (en francés: Ancien Régime) es un concepto acuñado por los revolucionarios franceses para designar al sistema de gobierno anterior a la Revolución francesa de 1789-1799 (la monarquía absoluta de Luis XVI), y que, por extensión, se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar. Desde el punto de vista del materialismo histórico, el Antiguo Régimen se puede definir como una formación socioeconómica, es decir, la combinación peculiar de modos de producción y relaciones sociales para un ámbito espaciotemporal más o menos amplio, que construye su adecuada superestructura política y que se justifica por su correspondiente ideología. Su sistema político era la monarquía absoluta o, como poco, la monarquía autoritaria.

El concepto de Antiguo Régimen puede aplicarse con propiedad a los reinos de Europa Occidental que tienden a definirse desde finales de la Edad Media como monarquías autoritarias y, más tarde, como monarquías absolutas. La duración temporal del Antiguo Régimen coincidiría con lo que llamamos Edad Moderna: del siglo XV al XVIII. Esto es válido tanto para Francia (desde el fin de la guerra de los Cien Años hasta la Revolución francesa) como para España (de 1492 a 1808). Por otra parte, para la mayor parte de la Edad Moderna en Inglaterra u Holanda, el término Antiguo Régimen no es aplicable, dado que desde el siglo XVI o XVII están en un proceso de transformación económica, social y política.

En este periodo, la propiedad de la tierra, principal factor de la producción, estaba sometida a vinculaciones que incluían los mayorazgos en poder de la nobleza, las manos muertas en poder del clero y las tierras comunales de los ayuntamientos. La época seguía siendo preindustrial, y la ocupación de la inmensa mayoría de la población, la de las omnipresentes zonas rurales, seguían siendo actividades agropecuarias de productividad y rendimientos bajísimos, cuyas técnicas evolucionaban muy lentamente, condenando a la dependencia de los ciclos naturales y las periódicas crisis de subsistencia.

La Cirugía en el Antiguo Régimen: Un Escenario de Gran Sufrimiento

Antes de la llegada de los anestésicos en la década de 1840, las operaciones quirúrgicas se realizaban con poco o ningún alivio del dolor y estaban acompañadas de gran sufrimiento y angustia emocional. Los cirujanos fueron generalmente reacios o incapaces de inmiscuirse en las tres cavidades principales del cuerpo (abdomen, tórax y cráneo), debido a la ausencia de alivio eficaz del dolor para controlar el shock, así como de medidas adecuadas para detener la pérdida de sangre o la capacidad de controlar la infección postoperatoria. La cirugía representa una de las experiencias emocionales, psicológicas y fisiológicas más desafiantes que, como paciente, es posible experimentar.

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Todavía tenían que resolverse tres problemas para los cirujanos: el dolor, la hemorragia y la infección. Estos desafíos definieron en gran medida la práctica quirúrgica durante el Antiguo Régimen, haciendo que cada intervención fuera un calvario de impredecibles consecuencias.

La Frialdad Emocional y el Desapego Quirúrgico

En general se ha asumido que, para hacer frente a tales desafíos, los cirujanos desarrollaron una cultura de desapasionamiento y desapego emocional. Además, se sugiere que cualquier relato de la emoción en la historia de la cirugía debe tener en cuenta la política del sentimiento y los "regímenes emocionales" de la época. Los cirujanos son, en su mayor parte, considerados fríos y desapasionados, y los del pasado como bruscos o incluso crueles. La presunción de una especie de ahistoricidad emocional no obstante, Lynda Payne presenta un argumento convincente de que los siglos XVII y XVIII vieron la elaboración de una cultura de desapasionamiento quirúrgico arraigada en la observación anatómica, la contención epicúrea, el estoicismo religioso y la autodisciplina corporal. William Hunter, un gran cirujano-anatomista del siglo XVIII, señaló que la anatomía "familiariza el corazón con una especie de inhumanidad necesaria, el uso de instrumentos cortantes sobre nuestros semejantes".

Sin embargo, basándose en los conocimientos de la historia de las emociones, este capítulo demostrará que el quirófano podía albergar una amplia gama de sentimientos más complejos, como el miedo, la piedad y la simpatía. Es revelador que hombres de profunda experiencia como Larrey y Dubois, hombres acostumbrados a presenciar los sufrimientos del campo de batalla, se conmovieran profundamente con la situación de Frances Burney durante su mastectomía en 1811. Esta imagen del cirujano emocionalmente sintonizado y expresivo contrasta marcadamente con gran parte de la sabiduría recibida sobre la identidad quirúrgica en la era premoderna.

Superando los Desafíos del Antiguo Régimen en la Cirugía

Aunque los problemas de la cirugía fueron agudos durante el Antiguo Régimen, la superación de estos desafíos marcó el inicio de una nueva era. El dolor comenzó a vencerse a mediados del siglo XIX con el uso de anestésicos generales mediante inhalación, como el éter, el óxido nitroso y el cloroformo. La hemorragia se venció gracias a la invención de una serie de técnicas que reciben el nombre de la "hemostasia quirúrgica", incluyendo recursos como el pinzamiento, la sutura y la ligadura, así como la transfusión sanguínea, impulsada decisivamente por Karl Landsteiner con el descubrimiento en 1901 de los grupos sanguíneos. A pesar de los progresos, la infección seguía paseándose por las salas de cirugía provocando una gran mortalidad. La doctrina microbiana de Pasteur fue el fundamento inmediato de la obra del cirujano británico Joseph Lister, iniciador de lo que se conoce como "era de la antisepsia", y posteriormente Ernst von Bergmann desarrolló la asepsia quirúrgica. Vencidos el dolor, la hemorragia y la infección, la cirugía comenzaba un extraordinario desarrollo. La anestesia, la hemostasia y la antisepsia permitió a los cirujanos penetrar en las cavidades y acceder a las vísceras.

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