Descubre la Fascinante Fe y Tradición del Cerro de la Virgen en Hermosillopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El Cerro de la Virgen es uno de los espacios religiosos más representativos de Hermosillo, donde los devotos llevan ofrendas, flores y placas en agradecimiento o cumplimiento de promesas. Este lugar es un punto de peregrinación tradicional que recibe visitantes de Hermosillo y otras regiones del estado.

Orígenes de la Devoción y la Tradición

La tradición de subir al Cerro de la Virgen en Hermosillo cada 11 y 12 de diciembre está próxima a cumplir 70 años, pues sus orígenes se remontan a 1957, de acuerdo con el cronista de la ciudad, Ignacio Lagarda. El historiador relató que la imagen guadalupana fue obra de Guillermo Jordan, un pintor industrial de ascendencia danesa que radicó en Sonora. Fue durante uno de sus trayectos por la carretera Navojoa-Hermosillo cuando decidió pintar la figura de la Virgen en el cerro, dando así comienzo a la devoción que más tarde se convertiría en una tradición local.

A partir de ese momento, el sitio comenzó a recibir visitantes, y ante el incremento de fieles, el Ayuntamiento implementó medidas de seguridad y construyó escalinatas para facilitar el ascenso, acciones que continúan hoy en día durante los operativos especiales de diciembre. “Con los años, la afluencia aumentó y el lugar se consolidó como un centro de culto a la Virgen de Guadalupe para Hermosillo y Sonora. El Ayuntamiento tuvo que intervenir para garantizar un acceso seguro, lo que permitió que más personas acudieran”, comentó el cronista Ignacio Lagarda.

Expresiones de Fe y Mandas Cumplidas

La devoción a la Virgen de Guadalupe se manifiesta de diversas maneras en el Cerro. Muchos fieles realizan el trayecto descalzos desde la parte baja del cerro hasta la cima, sin importar si el suelo quema, si hay piedras o escalones irregulares. Para ellos, no se trata de sacrificio, sino de simbolismo, caminar sin calzado es su forma de mostrar humildad y respeto, de recordar que la fe también se expresa en actos sencillos y constantes.

Alfonso Méndez: Más de Dos Décadas de Fidelidad

Alfonso Méndez tiene 50 años y una promesa que no ha dejado pasar el tiempo. Cada 12 de diciembre y cada primero de enero, vuelve al Cerro de la Virgen como lo ha hecho por más de dos décadas: en silencio, con fe y descalzo. No es una manda reciente ni una costumbre improvisada; es un acto que repite desde hace más de 22 años como forma de agradecimiento por la vida, por la familia y por todo aquello que, dice, llega incluso cuando no se pide. Acompañado esta vez por siete personas entre hijos, sobrinos, su esposa, su madre y su hermana, Alfonso sube el cerro con calma, pero solo se quita su tenis, guaraches o botas para subir, no por espectáculo; lo hace como cada año, fiel a una tradición que nació desde la convicción personal y que se ha vuelto parte de su identidad. “Por todo lo bueno que nos ha pasado y lo malo también, porque hay que agradecer todo que estamos ahorita todavía y venir a agradecer como cada año, gracias a Dios, ya tenemos algunos años viniendo”, asegura, convencido de que todo tiene un sentido cuando se camina con fe. Durante años, su promesa fue aún más extensa; pues recuerda cuando salía desde el poblado Miguel Alemán con destino al Cerro de la Virgen, un trayecto que le tomaba dos días completos.

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Agredecimiento en Tiempos de Pandemia

Fieles devotos acudieron las últimas horas que permaneció abierto el Cerro de la Virgen de Guadalupe este 10 de diciembre, previo al cierre que se hizo del lugar para evitar aglomeraciones los días 11, 12 y 13 por el festejo de La Morenita del Tepeyac. La señora Krisia Pacheco acudió junto con su familia, para dar gracias a la Virgen por mantenerlos con salud este año de pandemia y hacer la felicitación anticipada por su día. “Venimos el día 11 en la noche pero cómo va a estar cerrado decidimos venirnos por la mañana. Mi familia, mi esposo, mis hijos, mi nuera y amigos de mis hijos”.

Por primera vez, Carlos Armando Rodríguez subió a la cima del Cerrito de la Virgen para cumplir con la promesa que hizo este año tras contagiarse de COVID-19 y sobrevivir a la enfermedad. “Gracias a Dios salimos bien del COVID y le pedimos a la virgencita y aquí venimos a pagar la manda, gracias a Dios se logró el objetivo y ya salimos todos, dos hijos y yo”. El ayuntamiento de Hermosillo y los encargados de la propiedad privada decidieron el cierre del Cerro de la Virgen como medida de seguridad para evitar propagación de contagios de COVID-19.

Tradición Familiar y Milagros Concedidos

Al igual que muchas familias de Hermosillo y localidades aledañas, Nohemí y Érika Salazar, acudieron al Cerro de la Virgen para agradecer a la madre de Jesucristo por los milagros concedidos. Son tía y sobrina y salieron desde su casa ubicada en la colonia Palo Verde, acompañadas por un grupo pequeño de familiares, y se dirigieron caminando hacia el cerro ubicado a la altura del kilómetro 247, de la carretera federal México 15. Nohemí Salazar comentó que partieron de su domicilio alrededor de las 08:00 horas de ayer y aproximadamente dos horas y media después, se encontraban casi llegando al sitio y expresaron su devoción y gratitud ante “La Morenita”.

Destacó que la devoción por la Virgen de Guadalupe la han tenido toda su vida, pero desde hace diez años, ella y su sobrina se acompañan para visitar a “La Guadalupana” en la víspera de su día y la actividad se ha convertido en toda una tradición. “La fe en la virgencita es muy grande en nosotros, porque desde siempre hemos creído en sus milagros y siempre nos concede lo más importante, que es la salud personal y de nuestros seres queridos”. Nohemí agregó: “Yo he pedido siempre por la salud de una sobrina, pero en especial, sí pedí por una sobrina que estaba enfermita y se me concedió y, aunque sea, venir y agradecer… venir seguido, como todos los años”. Al igual que su tía, Érika mantuvo en sus oraciones a su prima Dulce, pero ayer fue a pedir por la salud de una de sus sobrinas que está hospitalizada.

Nohemí comentó que todos los integrantes de su familia son fieles devotos de la Virgen de Guadalupe y su hermano Leonardo acostumbra a realizar una velación cada 11 de diciembre, desde hace más de 20 años. “Tiene como más de 20 años velando a la Virgen, todos los años y desde un día antes”, agregó, “y hoy en la noche lo acompañamos, porque siempre que la vela, nosotros participamos, le tenemos una fe muy grande a la virgencita”. Detalló que su hermano fue sometido a cirugía hace más de dos décadas y ofreció a la madre de Dios que si se recuperaba con bien, la velaría cada 11 de diciembre, por el resto de su vida y La Morenita se lo concedió.

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Mario Lozano compartió que desde hace 20 años acude al Cerrito de la Virgen con su esposa y su hijo para agradecer por la familia que han logrado. “Ya llevamos 20 años caminando de la Nuevo Hermosillo para acá, por mi hijo más grande, porque estuviera bien y para dar gracias por otro año más”.

José Santos: Devoción y Agradecimiento Profundo

Como agradecimiento por los milagros concedidos y por la gran devoción que siente hacia la madre de Jesucristo, José Santos caminó varios kilómetros hasta llegar al Cerro de la Virgen de Hermosillo, y subió los más de 180 escalones hasta donde está la imagen de doce metros de alto por tres de ancho. El hombre de 46 años de edad, platicó que desde muy temprano partió desde el Centro de la ciudad, a dos cuadras de la calle Heriberto Aja, rumbo al Cerro de la Virgen ubicado en el kilómetro 247 de la carretera Hermosillo-Guaymas.

“Los motivos son porque pagué una manda por mi esposa, por mi suegra, por mi madre, por mí, porque nos vaya bien en la vida y que Dios nos aleje de muchas malas amistades y pues vine a pagar la manda a la Virgencita de Guadalupe”, explicó José Santos. Agregó que también es para “pedir por todo el mundo entero, porque el ser egoísta no nos lleva a nada bueno, simplemente usando las palabras incorrectas nos hace miserables eso, nos hace menos ser humano”.

José Santos dijo estar infinitamente agradecido con Dios y con la Virgen de Guadalupe por haberlo acompañado en los momentos más difíciles de su vida y por haberle permitido encontrar a un gran ser humano y a una gran mujer, que es su esposa Ana Cecilia Núñez, con quien tiene cuatro años de feliz matrimonio. “Yo vengo porque lo siento y porque creo en la Virgen de Guadalupe, creo en el San Juditas y, más que nada, en el Señor Padre todo poderoso: Jesucristo”. Y concluyó: “Y más que nada, le doy gracias a Dios por mi madre, quien fue la que me sacó adelante y pues aquí estamos”.

José Santos aseguró que no es la primera vez que se encomienda a “La Guadalupana”, ya que el año pasado visitó el cerro cinco veces y en todas llegó caminando, y una de las mandas fue especial, pues fue por la salud de una de sus comadres. “Una comadre mía que estaba enferma y desde el Centro también me vine, desde ahí del Parián me he venido hasta acá. Estaba malita y parece ser que ya sanó. Tenía principios de cáncer o algo así, pero parece ser que ya sanó y gracias a Dios lo superó”, expresó. La devoción por la Virgen de Guadalupe fue inculcada por su abuela Enriqueta León, según externó, a quien recordó con lágrimas en los ojos en aquellos años cuando cada 11 de diciembre realizaba una velación en su casa de Mazatán, Sonora. “Desde chiquito, mi abuela la velaba y desde ahí me lo inculcaron. Era Enriqueta León. Era una chulada de persona, era un gran ser humano mi abuela”.

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