El sexenio de Felipe Calderón representó la segunda presidencia panista en la historia de México; por desgracia para este país, muy probablemente este periodo será recordado como el más violento de los últimos cincuenta años. Felipe Calderón llega a la presidencia a partir de una elección seriamente cuestionada por uno de los contendientes y por una parte importante de la población, lo que de alguna manera condicionó la trama y el final.
El proceso electoral de 2006, por mucho el más competido en la historia reciente del país, sacó a la luz varios de los problemas que tendrían que enfrentar los partidos y las instituciones electorales en los siguientes años. La diferencia entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador fue de .56%. Aunado a lo anterior, Calderón asume la presidencia en un escenario de seguridad muy complicado: tiene que hacer frente al control territorial de zonas del país por parte del narcotráfico; una guerra entre cárteles de la droga; conflictos con Estados Unidos por la narcoviolencia en la frontera; un flujo constante de drogas hacia el país del norte y un aumento considerable del consumo de drogas ilícitas en México. En ese contexto decide combatir frontalmente al narcotráfico y reformar las instituciones del Estado en materia de seguridad.
En materia económica se pueden señalar como elementos positivos que, durante el sexenio calderonista, se vivió la inflación más baja de la historia, una acumulación récord de reservas internacionales y una deuda pública estable. No obstante y según el informe de la Cuenta Pública 2012, elaborado por la Auditoría Superior de la Federación, el promedio del PIB en dicho sexenio fue de 1.9%, lejos del 3.2 pronosticado. Ese ‘‘limitado crecimiento se reflejó en precarias oportunidades de empleo formal’’ y agravó la informalidad, ‘‘lo que implicó bajos ingresos, reducida productividad y carencia de seguridad social y servicios de salud’’.
Sobre el impacto del aumento de los gravámenes, como el Impuesto al Valor Agregado (IVA) o el Impuesto Sobre la Renta (ISR), que entrarán en vigor en 2010, opinó que será muy negativo en la economía.
Un grupo de expertos del sector privado y financiero apuntan que: México debe crecer sin depender de la sombra estadounidense; que el mercado interno no cuenta con motores en marcha o con la suficiente fuerza; y que si la economía de EU recae, podría retrasar la recuperación y que esta fuera mucho más débil. “La dependencia de Estados Unidos es nuestro principal problema; si hay una recuperación en forma de W, se reducirían mucho las exportaciones a ese país, los estímulos que se están dando allá debilitan las exportaciones.
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La administración de Calderón basa una mayor recaudación, de manera significativa en los contribuyentes cautivos, lo que mermará el ingreso disponible y desvía su uso de actividades productivas.
En el caso de las reformas en las tasas del ISR, señala el CEFP, no hay un efecto sobre el 30% de la población con menos ingresos.
Veamos las cifras en materia económica. En tiempos de don Felipe, la paridad del dólar varió apenas 2 pesos, de 10.99 pesos por dólar en el 2007 a 12.92 en el 2012. Del 2013 a la fecha, el dólar pasó de 13 a 20 pesos, con lo cual la devaluación del peso en los últimos cuatro años es de alrededor de 54% frente al poco más de 17% de todo el sexenio anterior. Un peso depreciado puede ser competitivo por el incremento en las exportaciones, pero un peso exageradamente depreciado da cuenta de la fragilidad de las finanzas públicas y estimula la fuga de capitales.
Es cierto que entre el 2008 y el 2009 se vivió una crisis económica, que coincidió con la epidemia de gripe porcina, pero al final del sexenio, Calderón dejó una economía sana, con reservas internacionales más que suficientes. En el 2016, la economía, a pesar de la serie de reformas estructurales energética, telecomunicaciones, antimonopolios, hacendaria y fiscal está sostenida con alfileres, la inversión internacional es poca, debido a la inseguridad y tampoco repunta la inversión interna.
El crecimiento del PIB pasó del 2006 al 2012 de 3.15 a 4.02, dando 13% de manera acumulada. La tasa de crecimiento del PIB en el 2013 fue de 1.36; en el 2014, de 2.25; en el 2015, de 2.46, y en lo que va del 2016, de 2.0. Bastante por debajo de las promesas de aquellos que dijeron que sí sabían cómo hacerlo.
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Es cierto que la salud macroeconómica no se reflejó tanto en el bolsillo de las personas, pero la inflación acumulada fue de 28.9% en todo el sexenio de Calderón.
En términos teóricos es posible argumentar, por una parte, que hay una dependencia del camino en la política de salud y, por otra, que la realidad institucional mexicana caracterizada por el federalismo tiene como consecuencia servicios de salud de calidades muy diversas.
Los gobiernos panistas aumentaron los recuros del Seguro Popular que han crecido de manera constante pasando de 0.1% del gasto total en desarrollo social en 2003 a 3% en 2010. Sin embargo, los resultados no son muy alentadores, debido a que según los datos “el gasto público en salud de México como proporción del PIB sigue siendo menor al de Argentina y Chile. Más aún, aunque el gasto público ha aumentado considerablemente, el privado (donde se incluye el gasto de bolsillo con sus efectos perniciosos) representa todavía 78.8%”.
Es decir, los hogares mexicanos tienen que utilizar una mayor proporción de sus ingresos en los gastos de salud, que las familias de otros países latinoamericanos con ingresos similares; y, dada la muy desigual distribución del ingreso del país, esto alienta un sistema profundamente inequitativo. Si agregamos que más que un solo sistema de salud pública existen 32, con infraestructuras sanitarias diversas, el sistema es aún más desigual.
No podemos cerrar esta introducción sin mencionar el regreso del PRI a la presidencia de la República y los primeros meses de gobierno del presidente Peña Nieto.
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El 1 de julio de 2012, Enrique Peña Nieto, candidato de la coalición Compromiso por México, formada por el PRI y el Partido Verde Ecologista de México, ganó la elección presidencial con 38.2% de los votos.
El 2 de diciembre de 2012, el gobierno anunció el Pacto por México, firmado por PRI, PAN y PRD. Que el presidente y la oposición consensuaran una agenda legislativa que incluyera las reformas estructurales fue un hecho inusual en la política mexicana. Dado el contexto de gobierno sin mayoría, al presidente Peña Nieto le hubiera sido muy difícil aprobar solo estas reformas.
A los pocos meses de su existencia el Pacto logró producir reformas constitucionales importantes en materia fiscal, energética educativa y telecomunicaciones, entre otras. Sin embargo, al momento de discutir las leyes secundarias, la colaboración legislativa perdió el impulso y se fue agotando.
