A lo largo de los años, se han elaborado diversos estudios desde distintas ópticas de la teoría e historia económica, con el objetivo de brindar un mejor entendimiento de lo sucedido.
La Gran Depresión cimbró dos aspectos importantes de la economía: la economía real y la teoría económica, donde México no fue la excepción e, inclusive, fue pionero en el cambio.
Para Schumpeter (1978), su singular gravedad obedeció a la convergencia de tres tipos de ciclos económicos: Kitchin, Juglar y Kondratieff; mientras que para Friedman (1963), la gravedad se debió a la mala política monetaria de la reserva federal, desfasada con los acontecimientos económicos reales.
En el caso de México, la Gran Depresión aceleró la contracción que se venía dando desde 1926 a raíz de la caída del precio internacional de la plata y del petróleo, los dos principales productos de exportación de los que dependían en gran medida las finanzas públicas y la economía en general.
El periodo crítico fue el primer semestre de 1932, pues ocurrieron importantes cambios en este año que explican el fin de la contracción económica para el segundo semestre.
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Hasta antes de la Gran Depresión, el pensamiento económico imperante fue el clásico-neoclásico: "La generación de economistas que inició su vida profesional en el periodo próximo a la primera guerra mundial se sentía infeliz, y no por poca cosa, al tomar contacto con el estado prevaleciente del análisis económico. La teoría entonces en boga era limpiamente lógica, pero muy frecuentemente era incapaz de abrazar la realidad" (Hansen, 1950, p.
Keynes (1943) lo expresaría de la siguiente manera años más tarde: "Sostendré que los postulados de la teoría clásica sólo son aplicables a un caso especial y no en general […] las características del caso especial supuesto por la teoría clásica no son las de la sociedad económica en que hoy vivimos, razón por la que sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales" (p.
En el plano nacional, se observan en términos generales -hasta antes de la Gran Depresión- políticas económicas mayormente orientadas por el liberalismo clásico, el modelo de crecimiento guiado por las exportaciones prevaleció de la segunda mitad del siglo XIX hasta por lo menos terminado el porfiriato (Bulmer-Thomas, 2003).
En el periodo de entreguerras la ideología económica mexicana se alimentó de dos aspectos: por un lado, el nacionalismo en boga tras la revolución, el cual proponía la nacionalización -que empata con el antecedente al modelo ISI- y la expulsión de los intereses extranjeros en México, mediante una mayor intervención del Estado en la economía y, por otro lado, la idea de minimizar la dependencia hacia el exterior a fin de evitar los ciclos económicos mundiales (Rodríguez y Ávila, 2002), idea cercana a la del actual gobierno de López Obrador, quien busca una menor dependencia hacia el exterior y una mayor promoción de los sectores estratégicos nacionales.
Las ideas económicas -tácitas o explícitas- de la época provenían en su mayoría de eruditos en la materia, principalmente políticos que eran abogados, ingenieros civiles, agrónomos y contadores, que tenían en sus manos el rumbo económico de México, pero que no contaban con estudios universitarios en economía.
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Dichas ideas se extrajeron de hechos y declaraciones plasmados en dos revistas de circulación nacional desde el periodo previo a la gran depresión hasta su término en 1933.
La primera revista es Examen de las Condiciones Bancarias e Industriales, revista publicada desde 1925 hasta 1929, cuando cambió el nombre a Examen de la Situación Económica de México como se conoce hasta la fecha, ambas revistas fueron editadas por el Banco Nacional de México (en adelante Banamex).
La segunda es la Revista Mexicana de Economía, cuya duración se limitó a los años 1928 y 1929.
Al inicio de cada número, se encuentra una parte introductoria que describe la coyuntura de la economía, que aborda temas centrales y recurrentes; tales como el petróleo, la plata y la situación económica mundial.
En el contenido principal se pueden encontrar exámenes puntuales de temas como: comercio, agricultura, ganadería, minería, moneda, bancos y capitales, industria textil, política hacendaria, etc.
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Dentro de cada tema se encuentran descripciones exactas de lo sucedido: movimientos obreros, acuerdos empresariales, acciones gubernamentales, etc.
La ortodoxia económica emanada de los economistas clásicos-neoclásicos se encuentra en las ideas macroeconómicas de equilibrio presupuestal en la parte referente a la política hacendaria donde se detalla una declaración del presidente Plutarco Elías Calles: "El país no debe gastar más de lo que recauda" (Rev.Ex.Con.Banc.Ind., marzo de 1925).
Dicha declaración se da en el contexto de un recorte del gasto gubernamental.
Se observa que las políticas económicas del gobierno se suscriben al ámbito de la teoría ortodoxa, donde se establece la idea de la dicotomía y de la equivalencia ricardiana.
Otro de los temas centrales dentro del pensamiento económico es el de los derechos de propiedad, el cual, con la teoría clásica-neoclásica y sus supuestos de cero costos de transacción, información completa, perfecta y simétrica, se obvió.
En los años veinte, el país se encontraba en plena reconstrucción de su vida institucional y económica.
Los conflictos bélicos internos seguían suscitándose de manera continua, lo que inyectaban un alto grado de incertidumbre a la economía y hacía más difícil la inversión.
Tales circunstancias ligadas a los derechos de propiedad, se manifiesta la falta de inversión nacional en la economía: "Independientemente de la falta de espíritu de empresa de la que generalmente se acusa al capital nacional, influyen en este momento poderosamente las condiciones del medio, porque los que disponen de capitales no creen tener las suficientes garantías para operar con desahogo, trasladándose en muchos casos la propiedad y los valores mobiliarios a otras manos, más confiadas, por experiencia o por osadía, y esas manos son generalmente extranjeras".
Aunado a la falta del establecimiento de derechos de propiedad que dieran certidumbre a las inversiones, la política monetaria, en especial la restrictiva, muy en boga en aquel entonces debido a la adhesión de la mayoría de los países al sistema internacional del patrón oro, no permitía una mayor participación de la oferta crediticia en el desarrollo de la economía.
Sin embargo, a pesar de las políticas económicas restrictivas, el control sobre los precios en 1926 no fue el esperado, sobre todo por la contracción en la producción agrícola e industrial debido a la escasez de créditos, a la falta de certidumbre en la inversión y a la competencia extranjera en las regiones fronterizas del país, que derivó en el incremento de los precios de los bienes de consumo, tal como se describe en la sección Costo de la vida.
Una nota altamente interesante en cuanto a la lógica económica aplicada en ella, en gran parte con tintes keynesianos, es la referida al tema de la industria textil de agosto de 1926: "Los precios de las telas han bajado en algunos casos hasta un 20% sobre los que tenían el mes de enero y ni por este medio han podido encontrar los industriales mercado para toda su producción".
Resulta interesante constatar que los problemas económicos de México en el periodo de 1925, hasta por lo menos 1930 no se relacionan -como se ha visto- de forma directa con la Gran Depresión de 1929.
Entre 1993 y 2023, el PIB real de México se multiplicó por un factor de 1.8, lo cual implicó un promedio anual de crecimiento de apenas 2% (ilustrado por la línea roja en la Gráfica 1).
Esa historia resumida nos lleva a considerar dos tipos de políticas económicas relevantes: las referentes al ritmo del desarrollo en largo plazo; y, las correspondientes a la estabilización de las fluctuaciones de la actividad económica en el corto plazo.
Los dos conjuntos de medidas están relacionados, desde luego, pero sus objetivos y sus instrumentos son distintos.
Frente a dicho tipo de sucesos, las autoridades financieras tienen a su disposición algunas herramientas fiscales y monetarias, con las cuales intentan contrarrestar el descenso referido: aumentar el gasto público; reducir los impuestos; incrementar el flujo de crédito y reducir su costo; etc.
A este grupo de medidas se le conoce como "políticas económicas anticíclicas o estabilizadoras".
En el caso de 1995, la crisis se originó en errores de política internos.
En 2002, la mini-recesión fue, por así decirlo, importada de Estados Unidos, y motivó un gasto público expansivo.
El gasto público en condiciones de pandemia debe orientarse al apoyo de la población y crear confianza en los inversionistas.
Con la depresión económica, primero, y después la pandemia que estamos padeciendo, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de Estados Unidos han llevado a cabo una serie de medidas financieras para neutralizar los efectos negativos que se están dando en la economía mundial.
Han reconocido que la política monetaria es un instrumento poderoso, pero no suficiente ni único.
La política fiscal, particularmente el gasto público y la deuda, constituyen el otro instrumento para resolver los problemas que se han creado.
Los países más desarrollados han destinado 5 billones de dólares para enfrentar el Covid-19.
Ambas políticas tienen que obedecer a una ingeniería eficaz.
Por lo tanto, los aprovecharán las grandes empresas que no tienen problemas de obtención de créditos.
El gasto público en condiciones de pandemia debe orientarse al apoyo de la población y crear confianza en los inversionistas para que fluya la inversión, esencial para que aumente la producción y el empleo.
La inversión privada representa 85% de la inversión total.
Es responsabilidad del Estado hacer respetar las leyes, garantizar los derechos de propiedad y proteger los derechos humanos.
La inversión pública en México debe superar los niveles tan bajos que tiene como resultado de la política de “adelgazamiento del Estado”.
Y en la presente crisis el esfuerzo fiscal de México ha sido muy bajo, de acuerdo con las cifras comparativas del Fondo Monetario Internacional.
John Maynard Keynes, el gran economista del siglo pasado que fue el que diseñó la política de recuperación de la economía mundial, derivada de la Gran Depresión, dijo: “Es en una intervención prudente y firme del Estado, donde encontraremos la salvación de la crisis.
En marzo de 2020, el coronavirus provocó un fuerte impacto en la demanda, lo que originó presiones recesivas.
Algunos sectores de la economía se han visto particularmente afectados: el turismo, el ocio, los conciertos y los eventos públicos.
No se sabe si será un problema temporal o se convertirá en una recesión a gran escala.
¿Cuál podría ser la mejor respuesta a esta crisis?
